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4 poemas que te demostrarán por qué no has entendido el romanticismo

8 de noviembre de 2017

Eduardo Limón

¿Qué entendemos hoy por romanticismo y no considera los orígenes del término? Ésta es poesía clave para entenderlo.



No, romanticismo no es darle un gran ramo de flores color pastel o nefasto aroma primaveral. Tampoco es una serenata a la luz de la luna y con todo el vecindario como testigo de tu entrega. Mucho menos es un viaje a París para una “inesperada” petición de mano. Romanticismo es verter tu sangre sobre una fogata de inseguridades, es resguardar tus pasiones en un seco árbol del norte, son las lágrimas que has ofrendado a tu soledad, son las tardes que has pronunciado un nombre sin mayor respuesta; en todo caso, y cayendo en la banalidad que se le ha dado al término, es la locura desbordada por un alma, un cuerpo y una mente que nos hace perder estabilidad cual diente de león al aire.



En términos estrictos y en tanto a las artes concierne, el romanticismo es la contrarrespuesta revolucionaria hacia el racionalismo y el movimiento de la Ilustración, asentándose entre sus creadores, seguidores y receptores como un flujo de ideas o actos en la cultura –principalmente en la pintura y la literatura– que rompen con cualquier tradición clasicista.


Entre sus elementos determinantes podemos hallar:


a) Una conciencia del Yo tan grande y tan autónoma que es capaz de experimentar fantasías y sentimientos verdaderamente grandes.

b) La mente de cada uno de nosotros, siempre y cuando sea creadora, resulta también responsable de un universo propio.


c) Lo diferente es lo que realmente importa. ¿A quién puede interesarle lo común?


d) No hay nada más grande que la libertad. A ella se debe mirar todo el tiempo.


e) Todos debemos mostrar lo que nos hace únicos.


f) La creatividad es algo de lo que dependemos en todo momento. No podemos quedarnos quietos.


g) La nostalgia es un elemento constitutivo en cada paso que se decide dar.


h) Toda obra, toda acción, siempre está inacabada. Y está bien.


i) La valoración de lo exótico y lo extravagante, de lo feo y lo monstruoso es suprema por donde se le vea.


j) La exaltación de la naturaleza y el campo, por encima de la civilización y la ciudad, es un espejo para la pureza y la corrupción respectivamente.



Para muestra, los siguientes poemas:


-

"Acuérdate de mí"

Lord Byron


Llora en silencio mi alma solitaria,

excepto cuando esté mi corazón

unido al tuyo en celestial alianza

de mutuo suspirar y mutuo amor.


Es la llama de mi alma cual aurora,

brillando en el recinto sepulcral:

casi extinta, invisible, pero eterna…

ni la muerte la puede mancillar.


¡Acuérdate de mí!… Cerca de mi tumba

no pases, no, sin regalarme tu plegaria;

para mi alma no habrá mayor tortura

que el saber que has olvidado mi dolor.


Oye mi última voz. No es un delito

rogar por los que fueron. Yo jamás

te pedí nada: al expirar te exijo

que sobre mi tumba derrames tus lágrimas.


-

"Las hadas"

William Blake


Acudid, gorriones míos,

flechas mías.

Si una lágrima o una sonrisa

al hombre seducen;

si una amorosa dilatoria

cubre el día soleado;

si el golpe de un paso

conmueve de raíz al corazón,

he aquí el anillo de bodas,

transforma en rey a cualquier hada.


Así cantó un hada.

De las ramas salté

y ella me eludió,

intentando huir.

Pero, atrapada en mi sombrero,

no tardará en aprender

que puede reír, que puede llorar,

porque es mi mariposa:

he quitado el veneno

del anillo de bodas.



-

"Conócete a ti mismo"

Novalis


Una cosa sólo ha buscado el hombre en todo tiempo,

y lo ha hecho en todas partes, en las cimas y en las simas

del mundo.

Bajo nombres distintos –en vano– se ocultaba siempre,

y siempre, aun creyéndola cerca, se le iba de las manos.

Hubo hace tiempo un hombre que en amables mitos

infantiles

revelaba a sus hijos las llaves y el camino de un castillo

escondido.

Pocos lograban conocer la sencilla clave del enigma,

pero esos pocos se convertían entonces en maestros

del destino.

Discurrió largo tiempo –el error nos aguzó el ingenio–

y el mito dejó ya de ocultarnos la verdad.

Feliz quien se ha hecho sabio y ha dejado su obsesión

por el mundo,

quien por sí mismo anhela la piedra de la sabiduría

eterna.

El hombre razonable se convierte entonces en discípulo

auténtico,

todo lo transforma en vida y en oro, no necesita ya los

elixires.

Bulle dentro de él el sagrado alambique, está el rey en él,

y también Delfos, y al final comprende lo que significa

conócete a ti mismo.


-

"Era apacible el día" (fragmento)

Rosalía de Castro


Era apacible el día

Y templado el ambiente,

Y llovía, llovía

Callada y mansamente;

Y mientras silenciosa

Lloraba y yo gemía,

Mi niño, tierna rosa

Durmiendo se moría.

Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!

Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!


Tierra sobre el cadáver insepulto

Antes que empiece a corromperse… ¡tierra!

Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,

Bien pronto en los terrones removidos

Verde y pujante crecerá la yerba (…)



El romanticismo –como movimiento literario– tuvo su apogeo a principios del siglo XIX, ya muy cerca de la modernidad o la contemporaneidad, ejerciendo así su influencia estética hasta hoy, aunque con un notorio declive de popularidad.


*

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TAGS: Poemas Grandes escritores Romanticismo
REFERENCIAS:

Eduardo Limón


Editor de Fotografía y Moda

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