Polvo de soberbia en tu ombligo
Letras

Polvo de soberbia en tu ombligo

Avatar of Christian Becerra

Por: Christian Becerra

18 de abril, 2016

Letras Polvo de soberbia en tu ombligo
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Por: Christian Becerra

18 de abril, 2016



ombligo secretos femeninos


Entusiasmado con mi boca en tu celoso vientre,

con la semilla germinante ansiosa y dormida,

enraizando mi cascarón en tu nombre,

atado provisionalmente por un beso a tu ombligo.


Con la mujer que se multiplica cuando se va,

la definición de estar se convierte en un mito.


Mi deseo crece en cautiverio.

Dicen que el sonido se pierde donde los pliegues se esconden,

como el de estas rimas que te traigo entre las tripas y el alma llena de deseo,

de llamas iracundas para mostrarte camino para largarte,

para que te quedes simplemente en las periferias de mi vida,

y al mismo tiempo, aunque yo te ruegue tu partida, prefieras quedarte.


El apego, el apego, la infernal trampa y del apego

que nos engaña y que le miente al ego que no quiere

morir y no quiere cambiar, sin embargo,

se quiere entregar a tu ombligo hasta que el

sol se apague indefinidamente y combustione

solamente la sublime humildad del desapego.


Mi "por nacer", es un hombre monstruo,

y lo sé y no lo niego.

Lo conozco al bastardo y es un perro que desquicia a la locura misma,

un perro faldero y miserable al pendiente de todo lo que te toque, mires o respires.


Mira cómo me tienes con el pendiente

del más mínimo de tus gestos,

de una risa minuciosa o desprendida, de la vida de tus ojos,

tus ojeras, de tus senos y tus piernas,

de tus pies que me tocan y mi erizan los cabellos.


Mira cómo te espero, como una promesa postergada,

una promesa que se ha roto antes de que haya sido

profesada. La romperemos y lo sabes, aquella promesa

condenada a muerte sin haber nacido. La promesa de la entrega,

de la honestidad, del amor...


Recuerdo y observo fijamente tu tatuaje insignificante,

con tinta de polvo que te remonta a aquel momento que mirabas

a la vida impaciente de un ahora eterno,

que terminó en lo infinito del momento.

Tu tatuaje que se postra en tu piel y sirve para recordarte una mentira,

que tu vida tiene sentido,

que no olvidarás lo que sea que hayas vivido que inspiró ese diseño hermoso y macabro que adorna tu cadera.


No me mires, que ganará nuestra impaciencia en las horas

lúgubres y adolescentes de los sueños, del nuevo anhelo,

del maldito y tantas veces maldito mito del "amor verdadero".

Cuando maldices tu nacimiento, cuando maldices tu nombre,

tu sangre, tu Dios, que con el temperamento de una tormenta, te deja y caer y

te calla por soberbio.


Y te sientes como el polvo olvidado y solitario de la luna,

que no sabe bien si existe y no entiende para qué,

pero existe y aunque nadie entienda y no exista

un sentido aparente de su existencia, existe, y eso es

innegable, así como existe el tiempo presente en

esta ilusoria realidad que nos tiene postrados

en la cama desnudos, con el sol entrando sin pedir permiso,

con las almas irritadas,

las almas que nos robaron cuando las dimos prestadas.


En esta cama las endorfinas y las hormonas nos tienen listos para que se perpetúen

nuestros genes, pero más allá de la biología y el grito silencioso de tus senos descubiertos,

preferimos estar lejos, porque somos viejos y nos sentimos feos.

Porque somos viejos y no tenemos la energía para decodificar lo que sucede

en estas cuatro paredes, y no...

No nos queda...

No tenemos otra opción mas que tomarnos de la mano...

Mirarnos ciegamente a los ojos...

Darnos un profundo triste beso...

Mientras apretamos los pulgares y cerramos

los dedos con la esperanza de que algo más allá de lo que

entendemos haga que nuestra existencia importe y convierta a este

puritano y pudoroso encuentro lujurioso en algo que trascienda

en la vía láctea, o más allá de ella.

No queremos morir sabiendo que la vida no es nada.

Saberlo mata.

Saberlo enajena.


Referencias: