Por qué ser libres nos hace infelices según Sartre

Jueves, 30 de noviembre de 2017 16:44

|Arsenio Henriquez Moreno
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¿Entonces qué nos queda? La vida, pero una vida que es libre, que podemos definir nosotros mismos.



En algún momento nos hemos detenido a pensar en que si aquello que hacemos lo hacemos de manera libre, o ha sido acaso una acción que estamos determinados a hacer. Para el filósofo francés Jean-Paul Sartre (1905-1980), todo lo que hacemos claramente lo hacemos de manera libre, y esto no podría ser de otra manera. Estamos condenados a ser libre. Ahora bien, ¿cómo Sartre llega a afirmar lo anterior? A primera vista, podría parecer algo un tanto fantasioso, el hablar de una libertad absoluta y condenatoria; sabemos que en nuestra toma de decisiones hay una variedad de factores que influyen y afectan en todo lo que hacemos.



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En un breve estudio de la ontología sartriana, podemos observar que el mundo puede pensarse en dos regiones del ser; es decir, existen dos tipos de existencias en el mundo: unas son las cosas que no cambian, que tienen un tipo de existencia absoluta —tales como la existencia de una piedra, un árbol, unos zapatos, etcétera—; y otra es el tipo de existencia que tiene la conciencia humana, la cual no tiene una existencia concreta —en el plano físico—, ya que no se puede definir lo que es una persona y su conciencia. Posiblemente se pueden decir algunos aspectos relevantes de lo que esa persona ha sido, pero claramente si esa persona sigue siendo en el mundo, ella estará en la posibilidad de hacerse de una manera totalmente distinta.


Por tales razones, Sartre considera que si la conciencia está en un constante hacerse en el mundo, ella debe ser libre, en el sentido de que no está atada a otra cosa. La existencia se tiene que estar actualizando en todo momento, y es precisamente esa actualización lo que hace que tengamos la libertad absoluta de hacer lo que deseamos.



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Quizá olvidaste programar la alarma para despertarte en la mañana, y ahora estés en la cama pensando si llegar un poco tarde a la clase o quedarte dormido un rato más; La decisión que tomes, según Sartre, va a ser absolutamente libre, en tanto que (conciencia) no estés atado a ninguna otra cosa para decidir. Y como nuestro tipo de existencia es la de hacerse en el mundo, tenemos la obligación de decidir alguna de las alternativas que se nos presentan. Incluso aparece la de no decidir nada, que en este caso sería quedarte en la cama viendo el techo analizando su estética cautivadora.


A partir de lo anterior, podemos establecer que en la postura de Sartre esta libertad es una condena para el ser humano. Pero antes que nada debemos considerar el contexto en el cual Sartre se encontraba al momento de escribir sus principales obras. Se trataba de una Francia post-guerra que se encontraba un tanto deprimida y desesperanzada; había una generación que no encontraba horizonte en la vida. Sartre dio un paso adelante y trató de fundamentar desde el existencialismo aquello que se podía hacer en el mundo en un momento en el que la guerra había demostrado que la existencia era vacía.



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¿Entonces qué nos queda? La vida, pero una vida que es libre, que podemos definir nosotros mismos. Es a partir de nuestra existencia que logramos definir lo que queremos ser, nos estamos realizando constantemente en el mundo; es decir, nos definimos en cada decisión que somos, pero siempre que existamos podremos ser lo que nuestra posibilidades y nuestro deseos nos permitan ser.

Lo anterior tampoco debe ser entendido como una justificación del libertinaje, en tanto que yo haré lo que quiera sin importarme más nada que mi deseo. El que seamos libres es lo que nos vuelve responsables de nuestras acciones. Entonces, para Sartre si la conciencia es absolutamente libre, ella también será absolutamente responsable.


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REFERENCIAS:
Arsenio Henriquez Moreno

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