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LETRAS

¿Qué pasaría si el español muriera?

Por: Karla Herrera 8 de septiembre de 2017

El español ocupa el tercer lugar de las lenguas más predominantes del mundo por el número de hablantes nativos –la cifra continua en ascenso–. Además, es el segundo idioma en comunicación internacional, predominando así en terrenos que incluso nunca se pensó, por eso no debe extrañarte que ahora cada vez que quieres elegir el audio de una película, un libro o cosas así, el español esté siempre presente en las opciones principales. 

Sin embargo, nuestro idioma forma parte de un ciclo humano que, como tal, evoluciona constantemente al igual que otros idiomas presentes en el mundo. El único problema aquí es que si lo pensamos como un ciclo, se teme que culmine como lo indica la naturaleza: con la muerte.

¿Te imaginas cómo sería que de repente desapareciera el español?

Me quiero imaginar que sería como si ahora mismo te subieras a una nave espacial y llegaras a otro planeta donde hay vida, te bajas, y luego, ¿qué haces? Comienzas a caminar sin rumbo, pero no puedes dirigirte con nadie porque no sabes ni entiendes su idioma. No puedes hablar, no puedes escribirlo, ¡no puedes hacer nada!

En tu primer intento de abordar a alguien dentro del ajetreado ritmo de la ciudad, te encuentras a quien al parecer te hará caso, pero no puedes más que mostrar algunas señales de lo que pretendes decir, a lo que aquel sujeto te hace cara de asco y redirige la mirada al vacío, como si no estuvieras, como si no existieras.

Sin embargo, llega el momento en que tienes hambre, necesitas conocer, tienes que alimentarte, conseguir dónde vivir, qué hacer. Pero como sea, te las ingenias para lograr que una “buena persona” que pareciera entenderte y tener un poco de empatía contigo, tomara la iniciativa para ayudarte y ofrecerte trabajo.

El trabajo es fácil, te tienes que subir al transporte público para repartir unos pequeños papelitos con alguna leyenda –en otro idioma, desde luego– que explique a los usuarios la verdad, pero un poco disfrazada: eres de otro lugar, no sabes leer ni escribir, pero les vendes un artículo banal que quizá les pueda funcionar.

Como si no fuera suficiente el rechazo que has vivido a diario en las banquetas del lugar, con gente que te ignora y las pocas miradas que se llegan a cruzar contigo y que sólo demuestran repudio. No, pareciera que esto no bastara. Ahora que has encontrado una salida donde puedes integrarte de manera más directa con las personas, también te vuelven invisible.

Tienes muchas cosas que decir y quizá las dices, pero de nada sirve porque nadie te entiende. Nadie habla español, no comprenden que “por favor” no es una ofensa y que “ayúdame” ha pasado de ser un imperativo a un grito de auxilio.

Eres la única persona que habla ese idioma en el planeta, pero si no tienes manera de resguardarlo, él como tú irán muriendo en cada muestra de odio y contigo te llevarás toda una cultura, una cultura de la cual no quedará rastro.

Esta situación pasa a diario, ¿y adivina qué? No se trata de otro planeta, es la realidad de México.

Según el Instituto de Lenguas Indígenas, se reporta que en el país se han perdido más de 100 lenguas indígenas de México, como una muestra más de la evidente discriminación que se vive en el día a día.

Sin embargo, además de la discriminación, existen diversas formas que llevan a un idioma o lengua a morir, entre ellas:

Transformación: cada persona que domina y practica a diario estas lenguas indígenas –particularmente–, se va apropiando de ella con la autoridad de darle un rasgo muy particular, que provoca se vaya transformando al grado de desaparecer.

Se prioriza a las lenguas dominantes que a las nativas: Se ve como un objetivo particular hablar e integrarse a las formas de comunicación que predominan en la ciudad o en el mundo, dejando a un lado la lengua nativa.

La presión social: también conocida como discriminación. Si alguno de sus hablantes sufre alguna muestra de rechazo, burlas, injusticias, etcétera., ese hablante se cohibe y la lengua es sometida a la desigualdad entre culturas, se resguarda en el olvido.

Siempre han muerto y han nacido nuevas lenguas en el mundo, es una dinámica propia y normal en las lenguas, lo nuevo es la velocidad con la que ahora están desapareciendo.

Cuidar la diversidad lingüística es tarea de todos a diario, no sólo de los especialistas que se encargan de generar maneras de preservar las familias del habla; pese a ello, para resucitar una lengua a punto de extinguirse «debe haber una nueva motivación para transmitir las lenguas a las siguientes generaciones», aclara el experto Paul Trilsbeek.

De esta forma, en conjunto con las autoridades, instituciones y sociedad civil debemos emprender el reto de que ninguna lengua o idioma entre en agonía, porque cuando alguna de ellas muere, también termina una cultura.

Referencias:

DW


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