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LETRAS

Queríamos querernos esa noche a pesar de que sabíamos que nos olvidaríamos

Y estábamos allí, frente a frente los dos, en ese lugar que algún día habíamos hecho nuestro, aguardando a que el vendaval viniera, a que un tornado nos arrastrara. En el fondo deseábamos eso, tal vez un temblor que nos tragara, tal vez un rayo, en el fondo deseábamos comernos a besos.

El pasado es una gran fuerza, destructiva y letal, que, si bien ha quedado atrás, tiene esa virtud atemporal de poder regresar, revivir y hacer sentir lo que parecía destruido. Nos comenzamos a acercar con un discreto mover de manos para después dar paso al beso cortés en la mejilla como saludo, allí, en ese ligero roce de piel fue cuando supimos que todo iba a acabar.

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Como una cerilla al rozar con el borde de la caja hicimos ignición, nos quemamos en ese instante; un ardor que comenzó por los labios, pasó al corazón y terminó en nuestra entrepierna, fue el preludio de lo que venía. ¿Estás sola? ¿Puedo hacerte compañía?

Sabíamos a dónde íbamos a terminar, la cena o el cine, el café o un helado, sólo un pretexto para conocer lo que ya habíamos conocido, para sentir lo que ya habíamos sentido, era sólo una vieja y sucia treta para apagar lo que sabíamos que no se iba a apagar ni con el temblor ni con el agua del mar.

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Caminos hasta mi habitación, hogar de un escritorio desaforado de sueños y una cama vacía, de la mano como lo habíamos hecho en el pasado, el ardor era evidente y las ganas ni se diga, todas las sensaciones a flor de piel más intensas; ni la llave podía agarrar.

Todo tiene un inicio y un final, detrás de una sábana o en la entrada, besos en la boca que escalan, tú ladeando tu cuello, quitando tu cabello y me dejas hacer uso de ese instinto animal que nos ha permitido seguir adelante como especie.

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Un camino magistral, paso a paso hasta el templo del placer, entre dos ligeras y pequeñas montañas blancas descubiertas de nieve en la punta, hasta llegar a un valle donde el movimiento es algo ya normal para sus habitantes; estaba a punto de caer.

Cuando pudimos, no decidimos hacer, y cuando lo posible se vuelve prohibido todo se convierte en querer; queríamos querernos esa noche a pesar de que sabíamos que nos olvidaríamos. ¿Acaso el olvido lo valía?

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Acabamos inundados, como alguna vez lo habíamos hecho, de tantos miedos e inseguridades que nos habían impedido salir a flote, que un cigarrillo o un trago no parecían mala idea.

Acabamos como habíamos venido al mundo, desnudos e indefensos, el momento de más vulnerabilidad para volvernos a amar. ¿Qué pasó? Eso sólo lo puede saber cuando el lector lo haya experimentado.

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Tal vez lo que necesitas para poder entender a tu pareja son estas frases para conocer la pasión y el erotismo de las mujeres enamoradas.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jacqueline Mikuta.

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