Letras

Reencontrándome a mí mismo

Letras Reencontrándome a mí mismo


reencontrándome
Pintura por Anna Topliyski y Jorge Sarquis Bello

 

Por: Roberto Aguilar Ramos

 

Era una de esas tantas noches de insomnio que últimamente se me daban con más frecuencia. No recuerdo la hora exactamente, ese pequeño detalle dejó de tener relevancia, en ese preciso momento sólo importaba que la música llenara el silencio, tratando de escapar de esos momentos de soledad, cuando cuestionas todas tus acciones y te preguntas por qué la tragedia te visita con tanta frecuencia. Un sentimiento de angustia que aunque puede ser tan desagradable, por momentos define a una humanidad que se mata a sí misma, que trasgrede a todas las especies en nombre de una libertad equivocada, errada desde su construcción histórica e ideológica.

Irónico, lo irónico es que aunque puse la música para no pensar, las canciones evocaban todo lo contrario; y así, llegaron todas esas emociones que no quería enfrentar en ese momento, a las cuales huía con distracciones momentáneas. Pero esa noche no existía salida, de alguna manera creo que yo mismo me tendí una trampa de la cual no podría escapar, forzándome a enfrentar esta inevitable batalla de recuerdos fúnebres, de personas que se han ido y, después, ya no están. Sólo eso.

Los recuerdos… Esos recueros. Enseguida me encontré peleando contra todas las emociones. Primero, la decepción. Segundo, la tristeza seguida de un llanto con lágrimas tan enormes y falta de aire. Tercero y último, la razón. ¿Cuál es la maldita razón  por la cual te sientes así? Es la muerte, es la muerte del otro algo incomprensible en el momento del llanto.

Así, mientras me encontraba tirado en mi cama tratando de controlar mi cuerpo contra todos esos impulsos, entré en un estado de conciencia, la cual nunca había experimentado, y una tranquilidad me abrazó, me sujetó con tal fuerza que todo paró. Y una gran voz, desde lo más interno de mi ser, opacó todos esos pensamientos para confirme, sin palabra alguna, que todo estaría bien, que en verdad nadie se muere, que todo fracaso tiene su propósito y, por ello, ningún fracaso es un fracaso del todo, que, también, se tiene que pelear por lo que vale la pena en este mundo y que si no desistes, y sigues peleando, encontraras un camino. Y que ese camino será como una carretera, porque la vida es como una carretera y la mía ha estado llena de curvas, baches, topes y deslaves.  

Después, todas esas lágrimas de ira y de dolor se convirtieron en lágrimas de felicidad. Felicidad por seguir vivo, por la familia que aún me queda, por mis amigos, por experimentar esta noche tan intensa con un olor pérfido de la muerte, por resolver y poner en centro la razón, mi razón de seguir peleando, la razón que me va a levantar cuando sienta que no puedo más… ¡Encontré mi razón! Mi razón de seguir existiendo. 


Referencias: