Sin importar cuánto te alejes, siempre volveremos a encontrarnos
Letras

Sin importar cuánto te alejes, siempre volveremos a encontrarnos

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Por: Natalia Duque

4 de mayo, 2017

Letras Sin importar cuánto te alejes, siempre volveremos a encontrarnos
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Por: Natalia Duque

4 de mayo, 2017



Todos hemos tenido un amor que no podemos olvidar. Por más que pasa el tiempo, parecemos volver siempre al mismo punto. Un reencuentro puede ser una forma de revivir el recuerdo de algo que ya no existe, pero que nos sigue pesando en el corazón. En el siguiente relato, Natalia Duque nos cuenta la historia del reencuentro de dos amantes.



poemas de desamor


Y ahí estaba ella intentando alcanzar su constelación, parada en las puntas de sus pies; ahí estaba ella jugando a hacerse la fuerte mientras se perdía en sus pupilas, ahí estaba ella fumando un cigarro, bebiendo el último trago de vodka y susurrándole a las estrellas su nombre; ahí estaba también su figura, reflejándose en el agua junto a la luz de la luna.


Ella deja caer su cansado cuerpo sobre la arena, el agua roza sus pies deseando borrarla como aquellas miles de huellas que se pierden con una pequeña ola. Parece no importarle cómo las gotas de lluvia empiezan a deslizarse por su cara y se resbalan por su espalda, al parecer sus ojos y su mente están perdidos en el movimiento de las olas y en el sonido de los juegos pirotécnicos cerca del muelle.


El reloj marca la 1:58 am, su boca tiene el sabor amargo de la desilusión y el licor, y sus ojos van perdiendo ese brillo que lo enloquecía. Tal vez ella está haciendo mucho por alguien que en el fondo siempre supo que se iría sin mirar atrás, olvidando su nombre y sus promesas, olvidándola a ella.


Al otro lado de la ciudad estaba él con un vaso de whiskey en la mano, tan serio como de costumbre. Mira su reloj: 1:58 am, la noche será larga. Sus ojos están fijos en la ventana desde la que se divisa la luna llena. Aparecen recuerdos vagos de la preparatoria y, enseguida, la sonrisa de ella y su voz; recuerda sus ojos tan llenos de vida y en especial esa mirada que lo hacía volar, que lo enloquecía y lo hacía temblar. Llena nuevamente su vaso que ya se ha vaciado mientras suena en la radio “Café Quijano”. Es imposible no recordarla, no recordar sus movimientos en esa noche de verano.


Ahí estaba ella, sintiendo cómo la brisa movía y desordenaba su cabello. Aún escuchaba su voz, aunque la playa estaba vacía; aún sentía sus manos rodeándole la cintura y su aliento cerquita del cuello. Una a una, las lágrimas aparecen rodando por sus mejillas. Inmediatamente limpia su rostro y da otro trago a la botella que la hace estremecer, tiembla igual que cuando él estaba a su lado. Mueve su cabeza de lado a lado y ríe mientras sale uno que otro suspiro.


La botella de Jack Daniel’s está por terminarse y viejas conversaciones vuelven a resurgir en su cabeza. Recuerda cómo la hacía sentir la mujer más hermosa y la más invisible al mismo tiempo. Recuerda su carácter, sus palabras, su aroma, su locura y su irreverencia. Y es que todo comenzó de la forma más inocente y estúpida, ella se perdió en sus ojos, en su risa, en sus brazos desde el primer momento; pero él sabía manejar sus jugadas a la perfección, y ella perdió intentando llegar al final del primer turno.


El camino estaba nublado y el suelo lleno de grietas; habían tantos obstáculos y advertencias, pero aún así ella siguió avanzando con una pequeña linterna que alumbraba tan sólo unos cuantos metros. Él estaba al final, tan serio como de costumbre, con una sonrisa en la cara mientras se alejaba más y más en dirección totalmente opuesta a ella, dándole la espalda y dejando que siguiera su camino sin percatarse que no había señal alguna que indicara hacia dónde ir.

Y así fue, ambos tomaron caminos diferentes sin darse cuenta de que el mundo es redondo y que, por mucho que se alejaran, se encontrarían al otro extremo. Ella aún sigue escuchando “Lola” y recuerda su risa, él aún sigue tan serio como de costumbre y recuerda sus ojos, ésos que lo hacían volar y sentir que no existía nada más a su alrededor.


**

Si aún no crees en el amor eterno, estos cuentos de amor te pueden hacer ver las cosas de otro modo.
Y si lo tuyo en la poesía, no dejes de leer estos poemas para saber que su corazón siempre volverá a ti.


Referencias: