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Revoluciones y demás placeres

Letras Revoluciones y demás placeres


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Aquí hay tres jóvenes que están marchando por una ciudad mejor; pitos y gritos por la avenida principal de (póngale usted el nombre), ciudad corrupta de Latinoamérica. Para proteger sus nombres los llamaremos señorita Negro, señorita Blanco y señorito Naranja. Ahí van a reclamar sus derechos, ellos y otros cientos. Señorita Negro les grita que tengan cuidado con los antimotines y sus gases lacrimógenos y sus chorros de agua a presión y sus escopetas y su uso ilegítimo de la fuerza. Un helicóptero del noticiero nacional sobrevuela la avenida y una presentadora, sacando un poco la cabeza por la puerta abierta de la cabina, narra los violentos disturbios que ocasionan los manifestantes. Deja que la brisa le desordene los cabellos para darle un poco de dramatismo a la escena. Y estos tres allá abajo con una pancarta que armaron la noche anterior; el texto que lo abarca es demasiado extenso para referirlo aquí, pero “NO MÁS”, así en mayúsculas, se repite al final de cada oración. Señorito Naranja la sostiene con temple; no se deja intimidar por los altavoces de la policía. Están exhaustos, llevan de pie más de tres horas, pero las proclamas los alientan. Se escucha un disparo; no saben de dónde vino, pero ahora a la señorita Blanco le crece una mancha roja en el estomago. Los manifestantes ya no marchan, corren a darle golpes a la ley.

 Una llamada interrumpe al señorito Naranja, la alarma de un correo entrante despierta a la señorita Blanco, y la señorita Negro recuerda que si se quiere graduar debe terminar su proyecto de grado. Las dos pinturas, la pared de baldosas de blanco futurista, las sillas, los cafés, el portátil negro con calcomanías activistas, el plateado con un árbol y unos pájaros, la comodidad, los deberes y el anonimato.

Al rato vuelven a conectarse en las redes sociales, pero con desánimo se dan cuenta de que el tema ha muerto. Se acabó la revolución por este día, ni modo; ojalá se hayan sacudido los cimientos de esta corrupta sociedad. Ahora a esperar que nueva indignación nos trae el mañana.


Referencias: