Letras

Si el mundo acabara hoy y no hubiera nada más qué prometer, ¿en qué brazos te abandonarías?

Letras Si el mundo acabara hoy y no hubiera nada más qué prometer, ¿en qué brazos te abandonarías?



Comencemos de nuevo.

No me importa decir que cuando pasa un poquito el tiempo, lo que más recuerdo son las cosas que parecían insignificantes. Esta toma de consciencia comenzó la primera vez que dejé mi país y empecé a añorar calles, olores y rutinas que me llevaban al desespero.

El tiempo pone en su sitio eso que llamamos “vida” y el valor que damos a lo que nos acompaña durante este tránsito, que se resume en abrir y cerrar los ojos muchas veces hasta que no movemos los párpados nunca más.

poemas de despedida


Sí, con un poco de tiempo y distancia añoramos hasta la piel que se nos desprende dando paso a unas cuantas arrugas, unas cuantas cicatrices, algunos borrones en nuestro registro de aprendizajes y un caminito irregular de besos plantados en la oscuridad.

Viajé a Colombia después de un año y medio de ausencia y esta misma semana aterricé en esta tierra de montañas azules; estoy de regreso por vacaciones y hasta el aire me encaja con amor en los pulmones. Pertenecer y tener una historia que no se empaña en la memoria de quienes conforman mi hogar, es suficiente para hacerme recordar que de esto se trata la cosa.

Con todo el revuelo del año nuevo me tomo este ratito para hacerme este escrito a mí misma y compartirlo con ustedes.


bailarina foto de laura zalenga


Si todos los días los vistiéramos con este carácter de posibilidad como lo hacemos los primeros de enero, si besáramos a quienes queremos besar como cuando nos invade una vehemencia arrolladora de ser correspondidos como si no hubiera más oportunidad, salvo ese instante para comprobarlo.

Si hiciéramos propósitos diarios y bailes eternos, si las abuelas recibieran visitas de los nietos más a menudo, si los amaneceres nos pillaran de la mano de alguien que nos quiere acompañar a casa para poder compartir unos minutos más a nuestro lado; si quemáramos en una hoguera ese amor que nos arranca la paz tripas para adentro, y nos decidiéramos a empezar de cero con nosotros mismos, ¿qué sería de lo simbólico si lo hacemos rutinario?, ¿qué pasaría entonces? ¿Nos hartaríamos?, ¿lo normalizaríamos?

Todos los días son el único día, lo que pasa es que nos creemos inmortales y se nos olvida el carácter de fragilidad que nos envuelve.

A veces nos damos el lujo de contar con el tiempo como juez de línea que nos pita cuando se nos va el tiro muy lejos, y ahora todo lo que queda es añoranza. Otras veces tenemos a la distancia para ejercer de resorte que afloja y aprieta el vínculo dejando circular el aire, desgarrando si nos alejamos demasiado, ahogándonos si estamos muy cerca.

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Quiero conservar los diciembres como esa fecha cuando tomo el avión y vuelvo a mi casa, quiero seguir escribiendo propósitos, abandonarme dentro de los brazos de mi familia cuando el reloj empieza a golpear campanadas marcando el fin de una etapa.

Quiero que el juez de línea y el resorte de medida ejerzan en mí un equilibrio, una fuerza armónica que me permitan hacer especiales los días más normales y a los más normales de los días hacerlos eternos en mi registro parpadeante.

Entonces, siéntate aquí a mi lado y piensa qué es lo que más añoras, alma mía, qué es lo que, cuando te quedas solo, invade tu mente como un humo que te asfixia y te hace llorar. A quién quieres llevar a tu lado y enseñarle las calles de tu infancia, señalarle con el dedo cómo los árboles levantaron con sus raíces las aceras y reclamaron sus suelos haciendo brotar la tierra. Dime cuándo fue la última vez que de tanto reír lloraste, qué abrazo te sostuvo el cuerpo mientras tu espíritu sufría alguna pena irreparable. Dime con quién y dónde te refugiarías a ver el cielo salpicado de estrellas, cuéntame cuál sería el propósito que te harías para recorrer la distancia hasta llegar a tocar la piel que eriza la tuya.

poemas de desamor

Si el mundo acabara hoy y no hubiera nada más qué prometer, a quién saldrías a buscar, en qué brazos te abandonarías, junto a quién te sentirías a salvo para cerrar tus ojos y dejar de soñar con un mejor mañana porque ese instante es tan precioso que no hay necesidad de querer nada más.

¿Lo tienes?

Bueno, celebremos que los comienzos son simbólicos y son especiales cuando decidimos que las campanadas de un nuevo inicio nos cubran el cuerpo de valor. No permitas que se reviente el resorte ni que te absorba la eternidad de un tiempo imaginario.

La vida pasa en un abrir y cerrar de ojos, seamos cómplices de nuestros rituales, seamos guardianes de nuestras promesas y tengamos todos un feliz comienzo, porque los finales rara vez podemos elegirlos nosotros mismos.   

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Aceptamos la cantidad y calidad de amor que creemos merecer, y es importante que sea mucho; sólo podemos comenzar amándonos a nosotros mismos de manera incondicional. 


Referencias: