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Siete de la mañana en clase

Letras Siete de la mañana en clase

La clase seguía su curso matutino y del aburrimiento llegué hasta pensar que el maestro se convertiría en un mapache. Así no más, sólo daría un cambio involuntario e inmediato. Lo estuve esperando y de pronto nada. No pasó absolutamente nada fuera de lo ordinario, no se convirtió en ningún mamífero carnívoro, ni siquiera en nada que se le pareciera a algún Procyon.

 

 

Voltee la cara a mi izquierda y David también se estaba quedando dormido en clase. Tras un suspiro, mejor saqué la computadora de mi mochila y descaradamente la puse en mi butaca, prendí el monitor y mis ojos encontraron un refugio seguro.

 

Yo era el único con computadora en clase y el profesor no desaprovechó la oportunidad para remarcarlo. Dio igual, pues lo dejé pasar como todo lo demás que salía de su boca, sólo continué con la mirada fija en la pantalla. Supongo éste fue el motivo para arrojarme una pregunta completamente innecesaria, semejante a una patada entre las costillas.

 

–A ver joven Sarquis… ¿Usted qué piensa que debería hacer la ciencia política respecto a este dilema?– me dio la impresión de que él tampoco había entendido la pregunta. En fin, yo pienso que su pregunta está formulada de la mierda, me hubiera gustado responder en esos momentos.

 

–Pues… pienso que como disciplina metodológica debe tener una responsabilidad intrínseca con el método científico– yo tampoco entendí muy bien lo que había respondido.

 

–Bueno, pero hay que recordar que, como ciencia social, no tiene un método establecido, no le parece– y así continuó por un par de minutos y yo le perdí la pista por estar escribiendo, con esa santa prostitución del alma que se entrega entera, en la computadora.

 

También me aburrí de mi narración y empecé a leer los periódicos, hasta que de pronto tuve la desgracia de encontrarme con la fosa del municipio de San Fernando. ¡Dios mío!, también tuve que dejar de leer esos diarios. Sentí ganas de salir a tomar un poco de aire, sentí que ahora era yo quien estaba por transformarse y que nadie se sorprendería. Entré en un estado cercano al vértigo y con una sed tremenda.

 

De verdad, no es que hoy me haya levantado rebelde, ni mucho menos que normalmente lo sea. Odiaría que alguien siquiera lo pensara de esa manera, porque siempre me ha parecido que los rebeldes, y más lo que no llevan ninguna causa de fondo, son unos completos afeminados y buenos para nada. En fin, el caso es que ya llevo meses leyendo los diarios y se ha empezado a convertir en una costumbre que le quitaría el sueño a cualquiera. ¡La fosa de San Fernando! Ayer habían sido tres colgados en la entrada de un fraccionamiento en Morelos.

 

–Se nos ha ido el tiempo volando, los veo la próxima semana– sus palabras hicieron una pausa en mis pensamientos. –No olviden que la próxima semana tenemos examen y la entrega del ensayo, sean responsables porque les aseguro ayudará para su formación como politólogos.– Y me quedé pensando: "yo no sé si quiera serlo, porque serlo me deprime cuando mi país se está yendo a la mierda, con cabezas sueltas en todos los estados y destellos de incertidumbre de un órgano público asustado; con desprecio a las diversas etnias existentes y sin libertad que determine algún bien colectivo. Por eso creo que pronto yo me transformaré en plata. Sé que es un proceso largo, pero por ahora estoy seguro de que he empezado a convertirme en piedra".


Referencias: