Somos castigados por no haber podido quedarnos solos y otros motivos para desenamorarse
Letras

Somos castigados por no haber podido quedarnos solos y otros motivos para desenamorarse

Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

18 de abril, 2016

Letras Somos castigados por no haber podido quedarnos solos y otros motivos para desenamorarse
Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

18 de abril, 2016



"El amor es un casti­go... Somos castigados por no haber sabido quedar­nos solos"


Desenamorarse - Mujer


Con estas palabras, Marguerite Yourcenar sentencia al amor, a ese momento en el que somos arrastrados al impulso pasional en contra de nuestra integridad, aun cuando pensemos que vamos en dirección contraria o que estamos por cruzar al mayor de los asombros en nuestra vida. Estas palabras provienen específicamente del libro “Fuegos”, donde la artista reflexiona mediante un acto poético la importancia, nexos y consecuencias que genera dicha emoción en nosotros y en el resto de su obra literaria.

Escritora francesa de origen belga, esta mujer de letras toma como un eje central y transversal para todo su trabajo el tema del amor; quizá sea un remanente fatídico de su orfandad materna, el dulce acompañamiento de su padre para muchas cosas que adoró en vida y una que otra relación romántica en contextos de tragedia. Fascinada por estos contrastes de la existencia humana, a lo largo de su vida desarrolló, primordialmente, novelas, ensayos y guiones teatrales que exploran las ligas interconectoras entre el corazón –real o ficticiamente– y la historia inmanente del mundo.

Desenamorarse - Mujer


El sufrimiento ante la pasión amorosa se hace central en la producción y pensamiento yourcenarianos, no como un accidente más en la estructura de sus escritos, sino un abordaje prácticamente filosófico. Marguerite posiciona al citado sentimiento a manera de un algo incapaz de desligarse de la voluptuosidad, de la exageración romántico-erótica, como lo intentó uno de sus protagonistas: Alexis, un sujeto conflictuado por sus impulsos y la estratagema habitual de lo permitido. Perfil que se puede rastrear tanto en ésa como en otras creaciones de su pluma, por ejemplo, Adriano. Un hombre que, en palabras de su autora, se rehúsa a aceptar un amor tan estilizado como el que inventaron los franceses de su época (la de Marguerite), tan convencional que opaca con un falso maquillaje el flujo de lo incontrolable.

Muestra de sus intenciones transgresoras, estéticas o discursivas, es el ímpetu que imprime en cada uno de sus personajes enamorados. Con una línea bien asimilada de Platón, Yourcenar quiebra con los nuevos tradicionalismos e intenta un vuelco refrescante a la orientación homosexual o bisexual de sus personajes para fines analíticos de lo que se considera actualmente pasión. Con esta distinción entre el amor igualitario y espiritual, eróticamente heteronormado o no, cabe resaltar que la francesa posiciona a la mujer como un agente de ruptura con mayor importancia en el lazo matrimonial que el pensado, un cuerpo que debe renunciar con más ahínco a los lugares comunes.


Desenamorarse - Mujer


Es en estas encarnaciones que la fémina yourcenariana (siendo prototipos del amor-simpatía) adopta la piel de una víctima; una unión supuestamente amorosa que, por el contrario, se adecua en los espacios de lo doméstico y muestra esta victimización no en términos de debilidad, sino de estancia en un lugar que no le pertenece.

Amar, entonces, en el sentido oficial –fuera del planteamiento de la autora– es estar a expensas de una emoción despojada de sensualidad, un sentir que, quizá heredado de Schopenhauer, se pueda catalogar cual ágape, es decir, devoto y servicial. Esa pasión que no es pasión se formaliza en la mujer que se sacrifica, encuentra en las líneas de su perdido origen el dolor y el placer de la supeditación. Cuando Marguerite se refiere a un castigo, es porque hemos puesto la soga alrededor de nuestro cuello con los estigmas de lo ordinario y lo cursi.

Desenamorarse - Mujer


En todo caso, ya sea como obediencia a los convencionalismos de las relaciones humanas o como un quiebre con ellos, el amor es un calvario porque siempre conlleva sufrimiento, entrega –si es que en la renuncia de lo costumbrista aún pervive la pena. Ese sacrificio mediante el cual se busca la totalidad y el verdadero amor, no el invento europeo en el que todos se fijan, es búsqueda ardua de lo sagrado en la conexión metafísica y el coito, una comunión con el cosmos que también tortura en su persecución. La cursilería y esclavismo mediterráneos se pueden quedar fuera de lo que en realidad es amar; que sí, a fin de cuentas, es otro padecimiento, pero uno en que la elevación se alcanza gracias a lo platónico y lo tántrico, y no se subyuga ante el servil conservadurismo del romance rosa.

La literatura de Yourcenar es aviso, estudio y asimilación de un afecto que, en el fondo, es dolencia.


***
Te puede interesar:

6 pasos para desenamorarte de alguien

12 motivos por los que una mujer debe enamorarse profundamente antes de los 30

*
Bibliografía:

"Cómo leer a Marguerite Yourcenar"
Sánz, Teófilo. Ediciones JUCAR, 1991.






Referencias: