El filósofo que descubrió por qué todos los humanos sentimos angustia
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El filósofo que descubrió por qué todos los humanos sentimos angustia

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Por: Rodolfo Munguía

13 de noviembre, 2018

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13 de noviembre, 2018

Para Soren Kierkegaard, la filosofía de la angustia y la libertad plantea que el ser es inevitable y terriblemente libre. ¿Cómo superar la incertidumbre y existir con cierta felicidad?


La pérdida, el vacío y el pasado que suelen caracterizar a la etapa religiosa de la vida del hombre son la prueba máxima de que el ser humano, al menos para el filósofo danés Soren Kierkegaard, es inevitablemente libre. Es libre porque nadie está determinado nunca por ningún principio lógico; y por eso cada vida resulta en un proceso distinto de autointerpretación y angustia. He ahí la condena de la que nos hace sujetos la libertad.


Soren Kierkegaard nació en Dinamarca el 5 de mayo de 1813. Su familia era profundamente religiosa y además pertenecía a la clase alta. Como su padre quería, inició por estudiar Teología en la Universidad de Copenhague; sin embargo, ante su falta de compromiso, terminó por dedicarse a lo que realmente le provocaba: la Filosofía y la Literatura. Algunos decían que tenía una mirada azul profunda que enamoró a muchas personas, y que en su rostro siempre se percibía tristeza y melancolía. Escribió muchas obras, pero siempre firmaba con un pseudónimo diferente, y esto se debía a que cada uno de sus escritos le evocaba a un ente desigual; lo anterior le permitía escribir siempre desde una perspectiva distinta. Varias versiones alternativas de sí mismo aparecieron en sus libros, pero todas coincidían en el pesimismo: existir es lo más difícil que hará jamás el ser humano.


El filósofo que descubrió por qué todos los humanos sentimos angustia 1

Ilustración: Carlos Gaytan


Conoció al amor de su vida, Regine Olsen, en 1837 y pasó tres años enamorado hasta que en 1840 por fin le declaró su amor. Los sentimientos eran correspondidos, entablaron una relación y llegaron a comprometerse. Sin embargo, en 1941 Kierkegaard rompió lazos con su amada, pues creía que su propia melancolía atormentaría a su pareja por el resto de su vida, lo cual terminaría por convertir a la que sería su esposa en una persona infeliz y lúgubre. El filósofo terminó su soñada relación por amor, pues se percató de que los que encuentran en su propia existencia una angustia vital, amargan la vida de los que le rodean. Él nunca dejó de amarla, incluso cuando Regine terminó por casarse con otro hombre —sí, cualquiera que sea ajeno a la filosofía es capaz de hacer feliz a otra persona— la ex pareja se frecuentaba en tono amistoso y cordial. Aún con lo trágico del suceso, el rompimiento permitió a Soren desarrollar su filosofía de la angustia y dedicarse de lleno al sinsentido de pensar el mundo.


La filosofía de Kierkegaard trata de la angustia. Estuvo en contra de toda directriz epistemológica que estructurara las concepciones de las personas sobre sí mismas; es decir, al observar las peculiaridades de la existencia individual, desarrolló su sistema de pensamiento en torno a una persona concreta, una que ríe, llora, triunfa y fracasa. Es imposible pensar nuestra vida desde un punto de vista objetivo, por eso analizar la existencia desde la propia personalidad es la mejor opción para entender el mundo. Su filosofía, por ende, es personalista.


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Al estar tan interesado en la vida humana, Kierkegaard plantea tres estadios comunes para la humanidad. Primero, la etapa ética, que está caracterizada porque la persona concreta se preocupa por el deber ser, donde guía su pensamiento por el camino de lo correcto y articula su deber de acuerdo con la verdad. Luego, la vía estética, en donde el individuo se deja llevar por lo que sus sentidos le comunican y encuentra una manera peculiar de desarrollarse a partir del arte, el amor o la superficialidad. Y, por último, la etapa religiosa, que no está caracterizada por la búsqueda incesante de un Dios, sino por la aparición repentina de preguntas trascendentales; por ejemplo: ¿qué será de mí? Las etapas de la vida planteadas por Kierkegaard alejan a la persona de una visión comunitaria o social del mundo, y en ese sentido son sólo etapas de duelo personal; por ende, están sujetas a cambios en orden y estructura.


Pero ¿qué es la angustia para Kierkegaard? Él analiza la existencia humana, es decir: el propio estar aquí. Para el filósofo, no estamos determinados por ningún factor biológico, ni por alguna razón lógica concreta. Kierkegaard se dio cuenta de que nos tiran en este lugar sin que nosotros podamos controlar casi ningún factor de nuestra propia existencia, pues muchos elementos en nuestro andar por la vida son azarosos e imprecisos. Eso supone el peso del ser al que él llama angustia: estar arraigado a factores extraños que no sólo no controla, sino que desconoce. La angustia del devenir es, por tanto, la primera y última causa de nuestro vacío. Las decisiones que tomamos a diario representan la insoportable libertad y los inevitables errores que abundarán en el camino. Después de todo, "la vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada".

Dada la libertad, somos responsables de nuestra propia vida, y la fe es la única manera de superar la angustia. En la filosofía de Kierkegaard, nuestro devenir estará plagado de imprecisiones y eventos azarosos; por lo tanto, la única manera concreta de creer en la salvedad del futuro vacío es dar crédito a la fe. Saltar desde una altura desconocida y sin saber qué nos espera en el fondo es el salto de fe que nos propone Kierkegaard en cada decisión de nuestra vida. Lanzarnos al futuro no nos da ninguna solución, pero nos encamina a avanzar en este sinsentido.


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Entonces, es irónico que siendo libres nuestras decisiones nos esclavicen al futuro; se trata de la primera aproximación filosófica a las crisis existencialistas de las personas (la depresión y el vacío del espíritu). Kierkegaard nos propone la libertad subjetiva. La vida pesa y en ningún caso será fácil enfrentarse a ella, pero no hay ninguna otra alternativa para los seres humanos libres, y en ese sentido, merece la pena vivirse. Tenemos la capacidad de encontrar los momentos de liberación y a través de ellos convertir nuestra existencia en una obra narrativa única.


Referencias:

Kierkegaard, S. (2016). El concepto de la angustia. Sören Kierkegaard.

Olleta, R. L., & Larrañeta, R. (2002). La lupa de Kierkegaard. Editorial San Esteban.


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