'South of Forgiveness': La mujer que escribió un libro junto al hombre que la violó

Viernes, 10 de noviembre de 2017 17:46

|Diana Garrido

Thordis Alva tardó dos décadas en darse cuenta que había sido violada hasta que recibió un mail proveniente de Tom, su verdugo.

Durante los primeros 6 meses del 2017 se denunciaron en México 16 mil 631 delitos sexuales, de los cuales 6 mil 444 fueron casos de violación. Esto quiere decir que las agresiones a las mujeres van en aumento en lugar de disminuir, lo cual es sorprendente, en especial luego de decenas de campañas que se hacen constantemente para erradicar la violencia de cualquier tipo. Según estadísticas del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) se presentaron 92.4 denuncias por delitos sexuales cada día, lo que a su vez representa un abuso sexual cada 16 minutos, en promedio. Este estudio demuestra que de 2015 a 2017 las denuncias por delitos sexuales tuvieron un aumento del 12 %, esto sin contar las violaciones y agresiones sexuales que no son denunciadas.


Las cifras son alarmantes, no hace falta decirlo; sin embargo, necesitamos recalcar el hecho de que la mayoría de las mujeres y hombres involucrados en este tipo de situaciones no tienen la fuerza de gritarlo al mundo, no por gusto, sino por miedo, por traumas, fobias o amenazas. No obstante, cada día las personas que han sufrido un episodio de violencia sexual, se atreven a denunciar y a contar su experiencia con el fin de prevenir más ataques similares, porque desafortunadamente, no se ha logrado erradicar y al parecer (desafortunadamente) aún falta un largo camino por recorrer en cuanto a la concientización y la educación de los atacantes. Hasta que eso no ocurra, las víctimas tendrán que tomar conciencia de los peligros que corren por el simple hecho de salir a la calle.



Esto fue lo que tuvo que hacer Thordis Elva, una chica de Islandia quien luego de muchos años aceptó que había sido violada por su propio novio. Ese punto fue justamente el que le hizo tardar tantos años en aceptar que había sido víctima de un abuso sexual. «No pensé que fuera una violación, él era mi novio». Los abusos sexuales provienen de cualquier persona, el parentesco o cercanía no tienen nada que ver. Elva tenía apenas 16 años y una exitosa vida escolar. Tenía amigos y le gustaba un chico de intercambio que se llamaba Tom Stranger y provenía de Australia. Entre miradas coquetas y tímidos saludos, comenzaron a salir.


Tom tenía 18 años y al igual que Thordis, muchos sueños por delante. Los amigos de ambos los admiraban y ellos se veían en verdad felices. Una noche, salieron de fiesta y bebieron grandes cantidades de alcohol. Tom no sintió mayor malestar que un mareo. En cambio, Thordis bebió demasiado ron y perdió la conciencia de lo que hacía. Tom, en el afán de cuidarla, la cargó y la llevó a su cama. La recostó y mientras Thordis se daba cuenta de que ya estaba en su cuarto, notó que Tom no se iba ni terminaba de acomodar las cosas de la chica en la recámara. La observaba fijamente y de pronto, comenzó a quitarse la ropa.



Thordis asegura que sintió miedo y angustia. Quizá hubo más que eso. La confusión, el triste sentimiento de la desolación y la falta de fuerza en el cuerpo son también motivos para permanecer inmóvil, sorprendida y con lágrimas brotando si parar. «Él comenzó a quitarse la ropa mientras que se postraba sobre mí, desnudo, con su cuerpo frío y su aliento a alcohol», entonces, como si se tratara de un objeto cualquiera, Tom la tomó y la violó por un largo rato. Thordis no podía reincorporarse y pocos minutos después, perdió el conocimiento. Dos semanas más tarde, terminaron definitivamente y Tom regresó a Australia, mientras que Thordis pasó aún más días cojeando y con dolores extremos. Aunque su familia y amigos le ayudaron a sobrellevar la agresión, no pudo tener una vida plena por 20 años.


«A pesar de cojear durante días y llorar durante semanas, el abuso no se ajustaba a la idea de violación que había visto en televisión. Tom no era un loco armado: era mi novio. Y esto no sucedió en un callejón de mala muerte, sino en mi propia cama. En el momento que pude identificar aquello que pasó como una violación, él había vuelto ya a Australia. Así que pensé que no tenía sentido enfrentarme a lo que había pasado. Y además, me sentía culpable de alguna manera».



¿Por qué pasó tiempo y ella seguía con la incertidumbre, el dolor y la culpa? Porque nunca pensó que una violación podía provenir de alguien a quien le dio su entera confianza y que amó. Desafortunadamente, esto se da más seguido de lo que podría parecer, de hecho, las violaciones más comunes provienen de personas cercanas a la víctima. Thordis tardó dos décadas en entender esto y lo hizo cuando recibió un mail proveniente de Australia.


En este correo, Tom le decía que había entendido que la forma en que la trató siendo una adolescente era una violación a su cuerpo y a sus derechos y por ello no sólo le pedía la disculpa más sincera, le pedía una cita para poder hablar de esta situación que tanto la lastimó y que también lo tenía envuelto en una marea sentimental.


Luego de acordar mirarse en Sudáfrica y platicar por horas, ambos llegaron a la conclusión de que la falta de información es aquello que sigue ocasionando confusión y malos tratos en el mundo y evidentemente, no permite que las personas sepan cuando es o no una violación. A partir de ese encuentro, ambos decidieron tomar cartas en el asunto y con el fin de erradicar la violencia hacia la mujer, escribieron un libro que titularon South of Forgiveness, en el que narran la experiencia de darse cuenta de que una violación implica mucho más que perpetuar los derechos de una mujer. Es también un viaje de culpa, de miedo, traumas e incluso arrepentimiento.



«A menudo, la responsabilidad se atribuye a las supervivientes femeninas de la violencia sexual, y no a los hombres que la promulgan».


Ambos creen que su intención no es reivindicar al violador, tampoco se trata de humanizar la situación, simplemente narran su experiencia para que, tanto la víctima como el victimario logren entender que una violación o un abuso se puede dar de distintas maneras y por supuesto que no es un asunto exclusivo de las mujeres.


Así, entre miedos y arrepentimiento, dedican parte de su tiempo a dar charlas en las que explican los diferentes tipos de abuso según su propia experiencia y cómo es que lograron entender que no por ser pareja, es un acto justificado. Así, con el valor y la fuerza para no guardar ningún tipo de resentimiento, Thordis y Tom invitan a las mujeres a hablar y a darse el valor que tienen, pero sobre todo a no justificar un ataque sexual, porque se trata de erradicar y corregir, no de dejar pasar.




Diana Garrido

Diana Garrido


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