¿Por qué los escritores japoneses terminan quitándose la vida?

Sábado, 17 de febrero de 2018 12:34

|Diego Cera
suicidio de escritores japoneses

Tal vez una mejor pregunta sería ¿por qué seguir viviendo de esta manera tan absurda?



Despertar, bañarse, desayunar ─cuando hay tiempo─, trabajar, comer, trabajar, cenar y dormir. Más o menos ese es el resumen de un día normal en la vida de un japonés promedio. Sin darse cuenta, se han convertido en peones de un gran juego de ajedrez en el que la economía de su país es el rey al que hay que proteger incluso si ello implica arriesgar la propia vida; desafortunadamente, después de percatarse del sinsentido de continuar así; muchos de estos hombres y mujeres han conducido a Japón a posicionarse como uno de los países con la taza de suicidios más alta a nivel mundial.


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El suicidio es tan común en Japón que de hecho existe un bosque a donde un buen número de personas

asiste para terminar con su propia vida. Justo en la entrada de Aokigahara hay un letrero que dice:

«La vida es un don precioso de tus padres. Por favor, piensa en tus padres, tus hermanos y tus hijos.

Por favor, no se preocupe por su dinero. Hable con nosotros».


Aunque no se trata del país con más casos registrados, en 2014 los números lanzaron el lamentable dato de que al menos 25 mil 427 personas que decidieron terminar con su vida en un momento, si no complicado, al menos sí doloroso. Las razones de esta ola de suicidios son variadas, sin embargo, la mayoría de ellas apuntan a un estilo de vida monótono que termina por ahorcar a quienes viven dentro de él y los llevan a tomar la que, en medio de la desesperación, parece la opción más prudente.


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Si a ello sumamos que el suicidio en Japón tiene incluso un carácter ritual, tenemos razones para decir que no importa la persona o su estilo de vida, un nipón siempre va a encontrar una excusa para acabar consigo mismo. El 6 de julio de 1970, el escritor Yukio Mishima envió una carta a su amigo y mentor, Yasunari Kawabata en la que, entre otras cosas, expresaba el asco que sentía hacia su alrededor y las ansias que tenía de terminar con su vida.


«Cada gota de tiempo que se me escurre, me parece tan preciosa como un trago de buen vino, y ya he perdido casi todo interés por la dimensión espacial de las cosas».
─ Yukio Mishima


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Meses después, el 25 de noviembre, el autor se quitaría la vida por medio del ritual del harakiri, una costumbre entre los samuráis que han visto su honor quebrantado y deciden morir antes que pasar a la historia siendo la burla de un pueblo entero. El procedimiento de este ritual es "sencillo", quien se sacrifica tiene que clavar una daga en su vientre y realizar un corte horizontal de izquierda a derecha, para después ser decapitado por un asistente elegido por el mismo supliciado. Quien debió de encargarse de esta tarea fue el soldado Masakatsu Morita, quien no logró hacerlo tras varios intentos; finalmente, otro hombre tomó su lugar para terminar dicha tarea.


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Al llegar a los oídos de Kawabata la noticia de la muerte de su amigo, no hizo más que acrecentar una depresión que le acompañaba desde que le fue revelado que sufría de Parkinson. El mismo escritor decía que constantemente soñaba con el fantasma de Mishima; así que antes de continuar con esta doble tortura, decidió dejar abiertas las llaves del gas y morir "apaciblemente" en su casa.


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Kawabata decidió dejar este mundo ante la imposibilidad de regresar al elegante y poderoso estilo de vida de los tiempos del Japón imperial, el nuevo régimen le parecía una completa basura tanto como a Ryunosuke Akutagawa, quien veía en el mundo una senda dolorosa por la que cada día era más complicado caminar. Después de presenciar el rápido deterioro mental de sus padres, la esperanza de alcanzar una realidad perfecta se volvió inexistente ante los ojos de este autor.


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Su pesimismo y su constante fracaso al tratar de encontrar aquello que llamaba "belleza suprema" lo llevaron a quitarse la vida con una sobredosis de barbitúricos el 24 de julio de 1927. Sus experiencias desde la niñez contribuyeron a que se formara un visión oscura y desoladora del mundo donde, al menos bajo su perspectiva, no se encontraba la felicidad. Para Akatugawa, ésta era sólo posible una vez llegada la muerte, es por ello que la buscaba en todo momento.


«El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas, lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza mas hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto, amado, entendido más que otros; en esto tengo cierto grado de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí he soportado».
─ Ryunosuke Akutagawa


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Esa misma búsqueda por un lugar mucho más feliz que éste, es la que le otorgó a Osamu Dazai el sobrenombre del "poeta de la desesperación". Sus ganas por mejorar su vida a como diera lugar provocaron una fuerte adicción a los narcóticos y al alcohol. Podríamos decir que él fue de los pocos, si no es que el único poeta oriental perteneciente a la corriente del malditismo.


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Desde el 10 de diciembre de 1929 este autor comenzó sus múltiples intentos de suicidio, cada uno de ellos representaba una nueva prueba para saber cuál sería el método mágico que lo acercaría al estado de paz que había estado buscando. El último de ellos fue cuando, acompañado de su amante, decidió aventarse a las aguas del río Tama. Sus cuerpos fueron encontrados seis días después de morir, el 19 de junio de 1948.


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Incluso cuando se trató de un mal provocado por el amor, autores como Arishima Takeo decidieron suicidarse para encontrar confort o una oportunidad de amar en otra vida. Cuando el escritor enviudó, decidió comenzar una relación con su editora Akiko Hatano. Después de descubrir que era casada se ahorcó el 9 de junio de 1923, justo en un lugar al que fue difícil acceder. Como si hubiera querido permanecer lejos del mundo para siempre y a como diera lugar.


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Ya sea por honor o hastío, el suicidio japonés inevitablemente apunta a un solo objetivo: la búsqueda de un lugar mejor donde el sufrimiento no sea el único sentimiento palpable. Esta búsqueda romántica de bienestar es seguida por un buen número de personas ─escritores y trabajadores─ que cada año ven a su país hundido en una depresión digital y tecnológica que se niega a sí misma tratando de convencerles de que el progreso y el nuevo concepto de felicidad se encuentra en su acelerado modo de vida y el siniestro aire de monotonía que se respira entre sus edificios.



Diego Cera

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