A veces es necesario pedir perdón con la mano en el pecho, los ojos cerrados y entregando por siempre el corazón:

A veces me cuesta aceptar que yo tengo la culpa, 

me cuesta aceptar que lo que sucedió también tuvo que ver con algo que hice yo, 

aceptar que cada cual ve la historia de su lado y que lo único que queda es lo que haces con todo al terminar. 

A veces me cuesta decir las cosas de frente, 

me tiembla el ser y las palabras me cambian, 

pero hoy decidí decirte la verdad, sacar lo que siento y quizá con esto me puedas perdonar.



Hoy entendí que la culpa no era toda tuya 

y que después de todo lo que sucedió ambos llevamos esto a un abrupto final, 

pero más que aceptar mi pequeña realidad quiero pedirte disculpas por no haberme dado cuenta antes de lo mucho que te quería, 

te pido que me perdones por culparte de todo y por hacerte el villano ante los demás,

porque no fue así, tú seguiste tu camino y yo no pude aceptar que no coincidía con el mío, 

tú seguiste tu manera y el sentimiento de impotencia que sentí al verte partir me nubló la cabeza,

me nubló la cabeza y lo único que pude hacer para deshacerme de esas nubes fue llorar, 

llorar y culparte, llorar y negar que lo nuestro a nada más podía llegar. 

Te pido perdón por la versión que tengo incrustada de ti 

y más que eso por las exageraciones que creé sobre lo que verdaderamente fue. 


No te puedo pedir que entiendas mis intenciones, porque sé que nunca lo supiste hacer; 

no te pido comprensión, porque para entender tienes que saber un poco de lo que me hiciste sentir

y sé que por más que quise yo nunca te hice sentir así. 

Te pido disculpas por cómo te traté,

por la forma errada en que demostré mi cariño,

y por lo mucho que me tardé en aceptar lo que sentía por ti.



Perdóname por hacerte el malo, 

perdóname por haberte creado una crueldad inexistente 

y perdóname por creer que yo era la que más se había enamorado cuando tú fuiste el primero y yo sólo lo acepté cuando te vi perdido.

Te pido perdón con la mano en el pecho, los ojos cerrados y dándote para siempre, mi corazón.



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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a MEL.


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Nunca entendemos por qué el amor termina, pero quizá estas 14 frases de William Shakespeare nos ayuden a saber que el amor no está en el corazón.




Referencias: