Todas las historias se hacían legibles al viento
Letras

Todas las historias se hacían legibles al viento

Avatar of Natalie Lopez Valencia

Por: Natalie Lopez Valencia

2 de junio, 2017

Letras Todas las historias se hacían legibles al viento
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Por: Natalie Lopez Valencia

2 de junio, 2017



El aislamiento, la soledad, el silencio. Las imágenes que expone en este relato breve Natalie López Valencia lidian con un personaje inmerso en un descubrimiento propio del mundo.


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Cómo hablarle a la pared

Raquel descubrió el parque en uno de esos paseos habituales que cada vez se hacían más largos, no por la distancia que recorría sino porque su caminar era cada vez más lento. Iba sola porque en su familia ya todos andaban muy rápido y no tenían tiempo para hacer una pausa larga tras cada paso.

Algo extraño empezó a suceder: el romper de las hojas bajo sus pies se sincronizaba con una sensación casi nueva en sus oídos. Poco a poco, a medida que los sonidos poblaban su pensamiento, recordó que el mundo no sólo podía verse, sino también escucharse y se maravilló de ese sentido, ése que le permitió comprender el mundo en palabras.


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Trató de contarle a sus hijos que había un lugar especial en el que podían comunicarse sin ninguna barrera: sin que la vejez y sus desmanes entorpecieran la comprensión mutua entre generaciones. Ellos no supieron escucharla.

Varios viejos, que todavía podían salir por su propia cuenta, habían descubierto el prodigio y se reunían allí a contar historias sin tener que gritarse unos a otros. Todas las historias se hacían legibles al viento y sólo se callaron las que por temor o por vergüenza se volvieron sólo mirada lóbrega y pensamiento.

Hizo algunos amigos que de pronto no volvieron. Empezó a alimentar a las palomas y a robar conversaciones ajenas, declaraciones de amor, quejas después del trabajo de transeúntes extenuados, risitas y chistes malos entre grupitos de adolescentes que no tenían la edad ni el dinero para entrar a un bar.


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Se hizo tan perspicaz que pronto comenzó a oír lo que no se decía, las verdaderas conversaciones que se tejían entre los silencios. Con el pasar de los días, al volver a casa después de cada paseo, pudo comprender el miedo, la impotencia y la indiferencia presentes en las pocas palabras que le dirigían sus hijos, sonidos ilegibles como truenos lejanos y otras tan sólo un molesto acúfeno. La exagerada vocalización a veces la hacía sonreír y otras exasperar, sin que las personas entendieran el porqué de su carácter dispar.


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Comprender le permitió escuchar las historias que el viento le contaba y hablar con las paredes, cuya eterna soledad le había conmovido. Su comportamiento fue catalogado por su médico de cabecera como demencia senil y ya no pudo volver a salir sola de casa.

***

Repasar el pasado y revivirlo como el presente más visceral. La memoria, y no la verdad, tiene dos caras. Eso también es enfrentar la realidad, entrañarla, vivirla y experimentarla en su máxima y más pura expresión, como las pasiones desatadas en la intimidad.


Referencias: