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Los tragos que inspiraron a los grandes escritores de la historia

20 de febrero de 2018

Abril Romero


“Si algo malo pasa, bebes para intentar olvidar; si algo bueno pasa, bebes para celebrar; y si nada pasa, bebes para que hacer que algo pase”... escribió Charles Bukowski en su novela Mujeres. Pese a los juicios de valor respecto al alcohol, una cosa es innegable: en muchas ocasiones, un whisky, un Martini o una Margarita han contribuido a que la literatura suceda. Muchos de los más grandes autores se ganaron su lugar en la historia llevando su trabajo en una mano y un buen trago en la otra.



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Desayuno con diamantes y un desarmador


Truman Capote, el autor de dos de las obras más emblemáticas de la cultura estadounidense: “Desayuno con diamantes” y “A sangre fría”, era un amante del Desarmador, la famosa mezcla de vodka, jugo de naranja y rodajas de naranja. Para Capote, beber era parte de su oficio, en sus palabras: esta profesión es un largo paseo entre las bebidas



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Las 15 mil vidas de Bukowski


Se dice que Bukowski no era particularmente exigente con la bebida; sin embargo, una de sus predilectas era el Boilermaker, un trago que consiste en un vaso de cerveza junto a un shot de whisky. Es cuestión de gustos si te los tomas uno después del otro, los racionas o, como buen escritor, los mezclas y bebes ambos de un solo trago. Bukowski alguna vez dijo que: beber es una forma del suicido en la que se te permite regresar a la vida y comenzar de nuevo al día siguiente. Es como matarte a ti mismo y después renacer. Creo que he vivido diez o quince mil vidas ahora.



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Shaken, not stirred


Detrás de James Bond pidiendo un martini “sacudido, no revuelto”, existió Ian Fleming, el creador de este famoso personaje. Fleming no sólo le dio vida a Bond, también inventó el coctel que lo inmortalizaría. El Vesper Martini fue servido por primera vez en 1953, en la novela Casino Royale. ¿Quieres aprender a prepararlo? Haz click aquí.



Otra adepta al martini fue Dorothy Parker, poeta y escritora de afamados guiones y críticas satíricas para The New Yorker, Vanity Fair y Vogue. Haciendo gala de su ingenio, alguna vez reveló cuál era el efecto del martini en ella:

“Me gusta tomar un Martini, dos a lo sumo, después de tres estoy debajo de la mesa, después del cuarto estoy debajo de mi anfitrión.



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Kerouac, ve a casa...


Jack Kerouac desarrolló un gran amor por la Margarita después de su viaje por México. Quienes lo conocieron afirman que las tomaba a cualquier hora, incluso, se cuenta que en el White Horse Tavern de la ciudad de Nueva York colgaba un mensaje encima de los urinarios que decía: "Kerouac, ve a casa".



Para darle un toque distinto al amor de Kerouac, agrega un poco de jugo de mandarina a tu Margarita, checa aquí la receta.


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Otro whisky, por favor


El poeta galés Dylan Thomas era un bebedor recurrente de whisky; el día que murió, batió su propio récord y se bebió 18 tragos. Contrario a lo que estás pensando, la causa de su muerte no fue el alcohol, sino la neumonía.



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Los diarios del bourbon


Sin Hunter S. Thompson no habría periodismo gonzo, pero este género tampoco existiría sin el bourbon. Reconocido por los excesos, propios y de sus personajes, el autor de Los diarios del ron y Miedo y asco en Las Vegas no dejaba que lo entrevistaran si no se incluía durante la reunión una botella de bourbon.



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La razón de Eusebio Ruvalcaba para beber ron


Para muchos, Eusebio Ruvalcaba es considerado el Bukowski mexicano por las similitudes entre sus pasiones: música, literatura, mujeres y alcohol. En su libro Una cerveza de nombre derrota, nos regaló un ensayo titulado 13 razones para beber ron, la decimotercera es la más honesta: porque no te alcanza para whisky.



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Vargas Llosa y las conversaciones en la Catedral


En su famosa novela Conversación en la Catedral, Vargas Llosa popularizó a través de sus personajes el Chilcano, un tradicional trago peruano que incluye pisco, jugo de limón y agua mineral. La catedral de Mario Vargas Llosa, por cierto, no es una iglesia, sino un bar.



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Muerte en la tarde


Algunos dicen que el trago favorito de Hemingway eran las Mimosas, otros dicen que el Mojito y unos más que el Daiquiri, por lo que podemos sospechar que al autor de El viejo y el mar le gustaba un poco de todo. Su pasión por la bebida era tal, que inventó su propio coctel, una combinación de ajenjo y champagne helado a la que llamóMuerte en la tarde”.



Como el gran Hemingway, tu también atrévete a experimentar con tus tragos favoritos y visita The Bar para descubrir nuevas mezclas.




TAGS: Bebidas literatura
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Abril Romero


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