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Aprendí a medirte en virtud de tus ausencias

6 de febrero de 2018

Dany Meza


 

Un día coincidimos Antonio y yo; él, con unos años encima, y yo, con algunas buenas decisiones y unos cuantos descalabros. Nos separaban los años, la vida y nos empalmaba lo extrovertido de nuestras almas, el vibrar de las risas y una lista infinita de los clichés que nos fascinaban. Ambos odiábamos la política y coincidíamos en que el gran maestro era el universo y que éste SIEMPRE conspiraba.


Antonio encontraba fascinación en mis pies y en mi cabello —cuando lo transformaba a lacio— y decía que de vez en vez, se me dibujaba cierta sonrisa. Yo hallaba fascinación en las líneas que se dibujaban alrededor de sus ojos, en la chispa de su voz y en la magnificencia de su espontaneidad. Éramos unos locos a destiempo o a tiempo, en los pocos espacios que podíamos compartir.



Había sido un año complejo, de encuentros inoportunos, de finales y tropiezos, de ocurrencias melodiosas, de historias inconclusas, de promesas vacías, de corazones absurdos en días que se tornaban resilientes.


Un día le conté que me asustaba la luz que veía en sus ojos, y la cadencia que percibía en sus palabras, una a una, cuando salían de su boca. En aquella ocasión Antonio lloró de risa, y yo me sentí una niña ante su risa, pero me encontraba mujer, cuando me retaba.


Con el tiempo aprendía a medir a Antonio en virtud de sus ausencias, y es que en su presencia la vida se percibía extraordinaria y en sus ausencias el mundo se volvía reflexivo.



Cuando se marchó, descubrí que él, el Antonio de voz melodiosa, sólo había sido un episodio. Él siempre decía: disfruta este momento, porque no se repetirá. Tenía razón, nada que se perciba extraordinario se repite, nada que llene el alma vuelve jamás, sólo aquello que no se ha aprendido se repite.


Fue entonces cuando entendí que debía aprender a seguir aprendiendo, que no todo lo que está se queda, que no todo lo que estorba hace bien.



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Cuando el amor termina lo único que queda es irse: "me fui porque sabía que lo nuestro ya no tenía remedio".


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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jessica Janae.

TAGS: Cuentos Nuevos escritores
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Dany Meza


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