Un lobo solitario
Letras

Un lobo solitario

Avatar of Andres

Por: Andres

22 de marzo, 2013

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22 de marzo, 2013

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Paulino estaba preso en medio de la noche. Las putas, los desencuentros, las borracheras, los excesos estaban allí, en su memoria. La realidad que vivía. No podía estar en otro sitio, no tenía a donde ir. Era un sobreviviente salvaje que había desafiado al miedo a lo largo de sus 38 años. Peleas por cualquier futilidad cotidiana, ánimos de batalla en nombre de alguna causa. Casi todas perdidas porque su vida transcurría sin destellos de nada. No había esperanza. Sólo tenía que soportar y rasguñar un par de ideas o de sensaciones para sentir que estaba en algún lugar, que pertenecía a algo. Un borracho terminal que estuviera en los momentos de aflicción, despidiéndose del mundo no por convicción, sí por circunstancia y consecuencia, una puta corriendo tras la pasta; un chulo mirando sus carencias y abrazando los deseos ajenos; una mujer lacerada; un padre abusando de su hija; una madre bebiendo hasta olvidarse de sus críos. Todas esas memorias recorrían la mente de Paulino mientras sollozaba y temblaba. El frío calaba a la mitad de la noche. Él participó en todas las vivencias que recordaba. Había otras más que prefirió olvidar. No es que él fuera diferente o estuviera loco. Estaba preso de sus cochinos recuerdos y caminaba por la vida sin rumbo ni destino. Tal como muchos lo hacen a diario, sólo que no se atreven a desnudar sus miedos y mostrarles el pecho en medio de la nada. Para todo en esta vida hay momentos y situaciones; no para Paulino, quien registraba a cada tanto la angustia, el miedo, la desesperación cruda, la histeria colectiva, la neurosis individual y, por si fuera poco, uno que otro ego machacando a cada momento. El mundo estaba en su lugar. La vida llevaba su ritmo natural. Paulino también cantaba su propia música; ahora portaba consigo una resaca digna de acentuar, una valija con un par de mudas y un corazón abandonado que, a pesar de todo, aún latía.

De pronto, caminando por alguna calle, levantó la mirada hacia el cielo. Las estrellas le acompañaban. Hurgó en su bolsillo y se percató de que le quedaba algo de efectivo, lo suficiente para alejarse un poco de la oscura noche y distraerse por allí, donde la nada se mezcla con los vicios y la podredumbre se respira sin parar. Caminó con paso firme hacia la parada próxima del transporte colectivo. Le entraron unas fuertes ganas de visitar a Sofy, una chica que había conocido en el bar "Blanco Cariño", un lugar en el que servían buenos tragos y la música no era tan artificial. Cuando se subió al autobús, también se le subió el deseo de follar con vehemencia a una chica cualquiera. Su lujuria se encendió con sólo haberse imaginado a Sofy bailando. Lo hacía bien. Le gustaban un par de movimientos que ella marcaba en cada baile. Eran su sello personal.

“¡Conténte!" pensó. No había mucha pasta. Había que seguir respirando, esperando a que la muerte lo llevara.

De pronto, una chica subió al colectivo. Llevaba una falda mediana, lucía un par de rulos que despedían un aroma atrayente, vestía una blusa entallada y un escote memorable.

La chica estaba muy despierta y se percató de que era vigilada por un par de ojos más.

El camión seguía su marcha y se iba llenando de personas. Paulino se acercó a la chica y preguntó.

- ¿Puedo sentarme?

- Hazlo, me bajo en la próxima...

Ella se levantó y él se quedó a punto de dejar caer su culo en el asiento.

La miró por un momento e intentó seguirla... desistió a los pocos segundos.

Una vieja de unos 76 años observó todo el "numerito" y le espeto.

-¡Pero qué papelón, hijo!, ¿cómo quieres sentarte al lado de la dama? ¡Mírate nada más!.. ve y consigue un trabajo y dúchate, hasta acá apesta el hedor.

Paulino la miró con indiferencia y se apresuró a descender.

Caminó a paso firme hasta llegar al sitio donde vería a su musa.

Al estar ya en el bar se situó en el lugar de costumbre.

-¿Qué tal? - Le preguntó un mesero -.

-¿Qué tal? - respondió Paulino -.

-¿Lo de siempre?

-Sin novedad. Tráeme un mezcal con una cerveza -.

-Bien, ¿buscas a alguien?

-Sofy, ¿está?

-Ahora charla con un chiflado por aquella mesa.

-Esperaré.

-Vale.

Segunda mesa a la derecha está libre. Toma asiento y pide un par de tragos, es lo mínimo y dejo que la esperes toda la noche.

Paulino asintió como un buen cordero y obedeció. Por alguna razón se sintió poderoso y ordenó un par de whiskies y tres mezcales con sus respectivas cervezas. Transcurrieron dos horas y ya estaba borracho. Al cabo de un rato Sofy llegó a su mesa.


-Hola, cariño, ¿qué tal va?

-Me va, nena, mira que he venido a buscarte desde hace un par de horas.

-Mmm y ¿qué quieres? ¿culo al aire completo?

-No, pasaba por acá porque te eché de menos.

-Nene, ¿tienes pasta?

-Sabes que no, pero tendré pronto.

-Mi amor...  me agradas, pero mi hijo tiene que vestir, el maquillaje cuesta, los "chuchulucos" escasean y estoy colocada, necesito, ¿sabes?

-Mira, te consigo un poco y te vas conmigo... la pasta la arreglamos en el camino...


Sofy estaba enganchada, así que antes de que surgiera una respuesta, ella estaba sentada a un lado de Paulino.


-No tardes, papi, sabes que me impaciento.


Él se levantó en busca de lo de su chica... se sentía poderoso. Observó el bar y miró con detenimiento. Todos estaban allí con caras ansiosas y sórdidas. Maquilladas por unos cuantos tragos dejaban aflorar algunas muecas, risas, nervios, lujuria y la represión contenida. Sin perderse en el ambiente buscaba la blanca.

De pronto, observó entre las caras más depresión, soledad y un tipo con gafas que sonreía. "Es él", pensó. Y él era.

-Hey, loco.. ¿tendrás un poco de polvo?

-Doscientos cincuenta y me ves en el baño...

-¿200?

-No.

-Último precio. Tómalo o déjalo...

Paulino sacó su resto del bolsillo mientras le recitaba una historia que se inventó al momento. Su narrativa y elocuencia conmovieron al vendedor que ya con pena, asco y lástima, le estiró dos papeles.

-Vale, tío, no te creo ni una mierda, pero te doy un par de pases para que te coloques.

Paulino, sin titubear, se los metió al bolsillo. Agradeció con una palmada en el hombro y se fue en busca de Sofy.

-¿Lo conseguiste?

-Sabes que sí nena.

-¿Qué le has dicho?

-¿Importa acaso?

-No, en absoluto, es la curiosidad de siempre... Venga, sácala.

La sacó y la chica esnifó una línea completa.

Paulino le miraba mientras bebía el último chorro de whisky que quedaba en su copa.

Sofy guardó el resto y abrazó a su chico.

-Me gustas por fuerte, brioso, callado; pareces un chico tierno y a la vez grotesco. Las noches son bellas a tu lado. Cuando vienes por mí me imagino que me llevas a tu casa y que no volveré a este sitio. No es que no me agrade, es que tengo ganas de abandonar el presente, huir, descubrir lo que me depara el destino.

-Es lo mismo de todos los días, nena. Al momento de sentirlo todos corren. Me gustas porque tú no lo haces...

-¿Sentirlo?

-Que corras. Tú estás a mi lado; mientras los demás huyen de mí...

-Siempre que tengas blanca, papi...

-Lo sé, es la naturaleza de cada quien...

-¿A dónde vamos? este puticlub se acaba en una hora.

-A lo de siempre, Sofy. Tengo ganas de ti. Después te vas a lo tuyo y yo a lo mío.

Eran ya las 4:45 de la madrugada, cada quien estaba en su sitio. Sofy se levantó y le dio una buena aspirada a su blanca. Paulino la miraba mientras se marchaban por la puerta de seguridad. Ella le contaba lo que había sido el curro, él escuchaba y le miraba el culo, sus ojos. Se divertía al verle los gestos que esbozaban de su cara. El bamboleo de sus piernas le relajaban. Follarían nuevamente. Ella se enamorará mientras haya cuerda. Él seguirá el camino oscuro, ligero y fresco enfrentándose cada día con la soledad. Esperando morir mientras se absorben, con el paso del tiempo, sus últimos deseos.


Referencias: