Un simple coro

Un simple coro

Por: Patricio Carvajal -

sebastian salgado
Cuando la sangre se ata por miedo a desvergonzarse y a escuchar los primeros cantos herbáceos, se avecina tranquilamente la música. Ella, armonía ardiente, pide unos minutos de silencio y un momento de distensión para aclarar algunas cosas, no sin antes, por supuesto, de que la sangre silencie su resistencia y diluya su imperio, confundiéndose con los últimos coros herbáceos que se ven allá, lejos, acercándose.

La música, vestida ella sólo de poesía y sonido, de ritmos y golpes, evoca un recuerdo y habla. Insolente y delirante, desempolva un pasado. Se Pronuncia. Se asoma. Camina tranquilamente rasgando mi cuerpo y mis manos, despertándome así de una  tierna siesta.

Deviene como un vendaval "bufónico" del equilibrio siempre engañoso del gobierno del Yo. Ascienden eufóricamente sus palabras, sus verdades, sus huellas originarias, provocando con su risa de duende el desorden y el retorno. No lo soñé, no lo soñé, advierte ella, perseverante e irreverente logra imponerse. Se asienta. Se posiciona y me recuerda del fatuo frío del sur y su falsa amenaza. Puede que seamos románticos perseguidos o miradas desventuradas a la hora de hacer frente al frío, subraya la música. El frío del sur, concluye, evanescerá con la ternura de nuestras preguntas, las que no olvidarán alumbrar los desvíos que niebla la ruta de los náufragos del miedo.

Referencias: