Un viaje por la obra de Saramago para comprender los errores que condenan a la raza humana
Letras

Un viaje por la obra de Saramago para comprender los errores que condenan a la raza humana

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Por: Diego Fernandez

25 de julio, 2016

Letras Un viaje por la obra de Saramago para comprender los errores que condenan a la raza humana
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25 de julio, 2016



«Ojalá pudiéramos leerlo y continuar lo que José Saramago

 no pudo continuar, asumir esa responsabilidad

como un mandato definitivo para que

 el mundo no se nos vaya de las manos».

Pilar del Río

El filósofo y escritor español, José Ortega y Gasset, realizó, a principios del siglo XX, una encuesta entre campesinos andaluces que no sabían leer ni escribir, llegando a la conclusión: «¡Qué cultos son estos analfabetas!». Es verdad, la cultura no siempre es un legado de los libros y de las eternas horas de estudio; la vida nos otorga el conocimiento humano necesario para cultivar nuestro espíritu, pues la cotidianidad nos obliga siempre a pensar en lo indispensable. El escritor portugués, José Saramago, al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1998, dictó un discurso que iniciaba de la siguiente forma: «El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir». Esta frase hacía referencia al abuelo del narrador, un pastor de Azinhaga, quien le enseñó a su nieto –el pequeño José– a mirar el mundo de una forma distinta. El caso de Saramago es único en el mundo, él también fue un «iletrado» interesado por las letras (interés que lo llevaría a convertirse en uno de los novelistas más influyentes del siglo XX). Desde niño fue un estudiante autodidacta que logró aprender a leer y a escribir por su cuenta, enfocándose en la lectura cotidiana de los libros de la biblioteca pública de Lisboa (pues no logró comprarse su biblioteca personal hasta los 18 años), de igual manera se dedicó al estudio de los idiomas, logrando dominar el español y el italiano desde muy joven.

saramago

Mi primer acercamiento a José Saramago fue Ensayo sobre la ceguera y no he encontrado aún un libro que haya sembrado en mí tan claro y perenne desasosiego. Llegó a mis manos por voluntad del destino y desde entonces lo releo de cuando en cuando para confirmar que la metáfora precisa de aquella pandemia de ceguera láctea que plantea esta novela es una realidad tangible que vivimos día con día en la plenitud del siglo que nos cobija.

«Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.», dice el autor portugués por medio de la voz del personaje principal de esta obra publicada en 1995. Tal vez no encontremos una frase tan exacta para resumir el mundo en que vivimos: un mundo ciego, una sociedad que, aunque sabe mirar, aún no ha aprendido el complejo arte de la contemplación.  

jose saramago

Así era José Saramago: un crítico del mundo; un escritor que ensayó con plausible verosimilitud supuestas ficciones que nos invitan a creerlas realidad. Ahí están las novelas Las intermitencias de la muerte (que nos cuestiona sobre qué sucedería si un día cualquiera la gente dejara de morir) y Ensayo sobre la lucidez (que expone una crítica al sistema democrático y a la libertad del ciudadano de elegir a su gobernante, o bien, de elegir no votar).

Saramago fue un hombre que una mañana se levantó cansado de hablar sólo de Literatura y comenzó a opinar de todo cuanto pudo. Se declaró, desde muy joven, un ateo confeso y practicante, porque ser agnóstico le parecía una hipocresía terrible –algo así como militar en el partido de en medio– y, pese a ser un ateo hecho y derecho, solía leer asiduamente la Biblia y demás libros sagrados, mismos conocimientos religiosos que lo llevaron a escribir novelas como Caín: una historia cruda que enfrenta al Dios cruel del Antiguo Testamento, zarpando desde el fraticidio cometido por Caín, hasta desembarcar en Sodoma y Gomorra. El evangelio según Jesucristo es un libro que fue declarado blasfemo por la Iglesia Católica. Sus páginas nos revelan una fábula tejida por los relatos de los evangelios canónicos y satiriza al personaje principal del Nuevo Testamento como un mortal más y no como el hijo de Dios.


Saramago cuento

Saramago también era un comunista que estaba harto del capitalismo visto como un déspota que gobernaba el mundo y se quejaba constantemente de la estupidez de las izquierdas que imperaban en la política global con ideologías distorsionadas que no iban a ninguna parte sino a la obtención del poder para la satisfacción de necesidades propias de los gobernantes.

Saramago opinó de todo tema existente en este planeta, pues bien lo decía en las entrevistas: «Hablo de lo que sucede en la Tierra porque no he nacido en Marte.». Yo, por el contrario, no veo a Saramago como un simple terrestre, creo en su obra, en su literatura y en su don como un escritor de otro planeta.

Pese a haber nacido en una freguesia llamada Azinhaga, una noche, durante un bailongo en el Distrito Federal, su colega mexicano, Carlos Fuentes, lo declaró «portugués y mexicano», responsabilidad que aceptó gustoso, pues creía que el hombre puede tener tantas nacionalidades como habitantes tiene el mundo.

jose-saramago

Su voz de rasgos inconfundibles transmutó muy pronto en personajes únicos que revelan ser átomos indispensables de la vida de su inventor. Encuentro un marcado estilo ensayístico en sus novelas, porque, más allá de las historias, de las metáforas y de los personajes bien logrados, su obra se muestra como un conducto hacia la reflexión profunda sobre temas variados que aquejan a la sociedad contemporánea, analizando hasta el tuétano el origen de las falsedades, la creencia de las mentiras, la perpetuidad de la ignorancia y los errores que condenan a la raza humana.

Leemos para enfrentarnos a los engendros de nuestra propia realidad. Incursionamos en los viajes que nos ofrece la literatura como un consuelo ante la incertidumbre del mundo. Leer a Saramago es recuperar la certeza de que no todo está perdido, es hallar, por un efímero instante, esa esperanza de encontrar un mundo mejor en la amargura de la desdicha, siempre, por medio de la negatividad y de la oscuridad que plantean sus páginas. Un libro de este hombre de mundo es un espejo en el que se refleja con limpidez nuestro rostro, nuestras arrugas, nuestras carencias, nuestros defectos, pero también el brillo de nuestra mirada, la sabiduría de nuestra biografía, la grandiosidad de nuestra sociedad y el valor inconmensurable de nuestras virtudes y de nuestras quimeras.

Saramago, como aquel elefante asiático de una de sus novelas, recorre el mundo por caprichos reales y absurdas ideas de la sociedad del siglo XX. Saramago es un viajero en su propia literatura, un nómada de sus propias ideas, y su obra nos invita a viajar hacia el interior de nuestras propias creencias, obligando al lector a postrarse frente a su reflejo para reafirmar sus errores y comprender así que, lo que antes se creía una certeza, no es más que una mentira aceptada por muchos.

libros de josé saramago

José Saramago pasó los últimos años de su vida en una isla canaria del Atlántico. Como la metáfora de Utopía de Tomás Moro, aquellas fronteras oceánicas del archipiélago permitieron al escritor exiliarse del mundo, apartarse de la realidad para poder mirar los volcanes y reflexionar sobre lo que sucedía en ese preciso momento en un país lejano; escribiendo como un obseso, nombrando lo innombrable y construyendo mundos paralelos con personajes sin nombre, rellenando el silencio que jamás perpetuó su efigie.

La Muerte, que dejó de trabajar en una de las ficciones del autor, volvió a laborar el 18 de junio del 2010, llevándose a Saramago –que parecía un vivo eterno– a los 87 años de edad. 

Hasta el último minuto de su agonía, Saramago siguió escribiendo o, más bien, dictando sus palabras. «Obrigado, Mankell» fueron las últimas palabras dichas dieciséis días antes de morir. Al final sólo pudo agradecerle a uno de sus colegas suecos. No había más, ese agradecimiento por la invitación a participar en una iniciativa en contra de los atentados de la Flotilla por la Paz fue su forma de despedirse de las letras: siempre agradeciendo.

Saramago y Pilar

Si Dios existe y el paraíso nos espera, sólo algo es cierto: «José Saramago no está en el cielo», asegura con tranquilidad Pilar del Río, esposa y traductora del Nobel portugués. Saramago nos sigue hablando desde donde quiera que se encuentre. Su obra sigue viva en los libreros y en las bibliotecas del mundo entero. Leer sus ficciones es un viaje al centro de nuestra realidad. Su paraíso se encuentra en la tinta y en el papel; estoy seguro de que ahí vivirá por lo que dure la eternidad.

La poesía del escritor portugués mantiene su franqueza pero examina sólo el jardín de flores. Con un estilo directo, sin miramientos de llamar las cosas por su nombre y con total sinceridad, te recomendamos estos 5 libros de Saramago para entender el amor, la vida y la soledad.

 


Referencias: