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Que sí es posible morir de amor

8 de junio de 2018

Hermes Moncada

Los lugares fríos eran los de su preferencia, amaba los climas gélidos. Salía a caminar durante las nevadas; se vestía con ropa de invierno sólo para disimular, pues era capaz de recostarse desnudo sobre la nieve como quien lo hace sobre el pasto en primavera.


Inexplicablemente, cualquier mujer que lo veía, moriría por estar con él. Pasar las noches, solo o acompañado, era cuestión de hacer una llamada. Sólo sexo, nunca amor.



Una noche mientras paseaba, distante de sí, durante una ventisca, tropezó con una chica: mejillas rojizas, grandes ojos café, cabello negro como la noche, el que le salía por debajo de la boina de invierno, y unos labios carmín que encendían cualquier pasión. Fue inevitable que sus corazones chocaran aquella noche.


Como de costumbre, él abandonó la cama en la madrugada. Sintió dentro de sí que aquella noche fue diferente a las demás. No sabía a qué se debía. Se vistió, se quedó un momento viéndola dormir, le dio un beso en la frente y se marchó.


La ventisca había acabado. No sabía por qué cada vez se sentía más débil, ni por qué no dejaba de pensar en aquella chica. No se la podía sacar de la cabeza. Se sentó a reposar en una de las bancas del parque, estaba tan débil que no podía caminar más. Pensó de nuevo en la imagen de la chica dormida en la cama, se recostó en posición fetal sobre la banca. Lentamente cerró sus ojos, cada vez era más clara la imagen de la chica, sus ojos se cerraron por completo, nunca más se abrieron.



La autopsia fue extraña, los médicos no encontraron un corazón cuando abrieron el cuerpo. Era el único órgano faltante; en cambio, encontraron una gran cantidad de agua en su caja torácica. Quedaron muy extrañados por ese acontecimiento, y más porque no había ninguna herida preautopsia que indicara el robo del órgano. Pero había que poner algo en el informe, un aneurisma, por ejemplo, perderían sus licencias por colocar en la causa de muerte un corazón de hielo derretido por el amor de una mujer. ¡Una locura! Eran médicos forenses, no poetas.



**


¿Cómo se siente comenzar a olvidar a un amor?; a pesar de que parezca que no hay un mañana, los corazones rotos se curan, pero es importante querer sanar y ser pacientes con nuestros procesos. 


TAGS: Nuevos escritores cuento nuevos cuentos
REFERENCIAS:

Hermes Moncada


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