Letras

Una revelación de Alejandría

Letras Una revelación de Alejandría

A principios del siglo pasado, en lo que hoy es Karmuz y antes fue Racotis, un trozo de papiro fue descubierto muy cerca de las catacumbas de Kom el Shuqafa, debido al peso de un asno egipcio. La bestia y su carga provocaron un derrumbe y su caída al subsuelo reveló, junto con 300 tumbas, el más enigmático de los 200 mil manuscritos que, cuenta una leyenda pocas veces creída como historia verídica, Marco Antonio obsequió a Cleopatra en correspondencia a sus dotes de barragana. La inscripción no pertenece a ningún texto mayor y completa apenas una línea; no tiene nombre y, por ningún motivo, quienes saben de su existencia se atreven a mencionarla. Le temen debido a su relación con el fin de la vida (esa única bendición posible). Tras una paciente labor de más de 40 años, decenas de criptógrafos diseñaron un alfabeto por el que tal escrito puede hallar equivalencia a nuestras letras, aunque no una traducción: “Enurimam cae sema sactis haberum soe”. Lo acompaña, difuso, el símbolo que aquí se reproduce —del texto no hay imágenes, acaso por superstición—:

 

 

 

Nadie sabe en qué lengua fue escrito el mensaje que acompaña a esta figura. Su origen, desde luego, no proviene de Grecia ni de Persia ni de India ni de Israel; ni siquiera de África. De haber sido concebido en la terra cognita ya habría encontrado alguna interpretación, como quien halla un destino. Se aleja, en su estructura y en sus grafías, del indoeuropeísmo antiguo en el que se empecinaban algunas lenguas —los eruditos lo hallan opuesto, incluso, al Rig Veda y al resto de la escritura devanagari—; difiere de los signos cuneiformes de las tablas sumerias; tampoco se lee igual que el cananeo —tan consonántico— ni se asemeja a sus derivaciones. Por eso se ha dicho que se trata de una gran broma milenaria o de una genealogía extraterrenal, a la manera del Manuscrito Voynich. Quizá ni siquiera la Columna de Pompeyo, viejo vecino del papiro debido a su cercanía con el lugar donde éste fue hallado, conozca el significado real de este misterio. “Enurimam cae sema sactis haberum soe”, indica la reliquia, hoy perdida. Fue robada del Museo Egipcio de El Cairo en 1952 por manos expertas que, a cambio de llenarse de monedas, posiblemente la depositaron en alguna biblioteca particular de América o en El Vaticano. Lo cierto es que todos quienes leen esta especie de conjuro en dos ocasiones, aun cuando lo hagan de modo incidental, sostiene la tradición, mueren, infaliblemente, horas después.

 

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Este artículo —titulado originalmente From Alexandria— fue destinado para publicarse en The observer, en 1968. Una vez que el editor Jack W. Spencer se percató, en una segunda lectura, de la controversia que podría generar la aparición de dicho texto, ordenó arrancar la página de todo el tiraje del semanario, por lo que casi la totalidad de ejemplares se distribuyó incompleta. Spencer no tuvo oportunidad de conocer el resultado de su acción, por obvias razones, pero unos dedos furtivos tuvieron el cuidado de hurtar un ejemplar completo de aquella edición, lo que ha permitido incluirlo en esta publicación.

 


Referencias: