Úrsulo, campeón
Letras

Úrsulo, campeón

Avatar of Andres

Por: Andres

19 de julio, 2013

Letras Úrsulo, campeón
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Por: Andres

19 de julio, 2013

NEW YORK
No era un fotógrafo común. Era un cabronazo de la lente, pero más lo era de su ser. Nos conocimos en Medellín, Colombia. Coincidimos en un Hostal de la Zona Rosa, “El poblado” se llama la demarcación; ciudad de Chimbas operadas (mujeres con senos y traseros abultados y levantados), aguardiente , reguetón  y rumba. Su mirada reflejaba un cinismo y desenfado que agradaba a quien lo conociera. Laura Anderson Barbata es una artista multidisciplinaria cuyo trabajo mezcla el arte contemporáneo con las prácticas tradicionales. Ha colaborado con comunidades procedentes de Trinidad y Tobago, Estados Unidos, Noruega, México, entre otros. La sensibilidad y el culto por las féminas lo mantenían despierto. “Sin mujeres y alcohol el día se torna gris y la noche se vuelve pesada”.

Sexo: El principio y final de todo. Así me recitaba sus versos cuando nos encaminábamos a la búsqueda de miradas, encuentros y cuerpos femeninos. Más de diez puñados de chicas  han posado a su lente y cautivado su alma. Era, en cierta medida, un hombre romántico que gustaba de apreciarlas  y disfrutarlas con toques de cariño  puro sin descuidar el deseo carnal. No es que me guste el sexo por follar;me gusta el sexo por todo lo que se envuelve tras de sí y dentro del mismo. Altas, delgadas,  voluptuosas, inocentes, provocativas, me agrada sobre todo que posean  “encanto”.  Así me expresaba su sentir. No era pues un hombre  fútil o banal. Había recorrido ya algunas ciudades del mundo, siendo Nueva York su sitio favorito.

Allí conoces de todo, hay para todos los gustos y caprichos. Nueva York es cara pero elegante y seductora. Tendrás que ir alguna vez,  Úrsulo. (Ese soy yo: quien te escribe). Con el paso de los días nos hicimos cómplices de viaje. Por el día se levantaba a tirar “shootings” de mujeres que previamente habían accedido a posar para su arte. De una forma sencilla desnudaba a las damas con una singularidad que indigna a los que no podemos ni siquiera arrancarle un suspiro a nadie. La vida es así, qué le vamos a hacer. Si te cuento mi historia te aburrirías y yo me pondría indispuesto. No vale la pena distraerte, mejor sigo con mi relato.

Por la tarde, una vez  terminados los tiros, el fotógrafo me buscaba con un par de cervezas y aguardiente.

-Bébete un “guarito” y salgamos por allí campeón o ¿cuál es tu plan?

Yo, sin plan ni conquista a la vista, accedía emocionado.

-Vayamos pues-, le decía.

Con el paso de la noche, las mujeres le seguían con intriga y deseo. No es por dármela de sabio, pero cuando la soledad se estaciona en tu vida, te vuelves muy observador y contemplativo. Yo, por circunstancia y condición, había desarrollado esas peculiaridades en mi ser. De un lado a otro observaba que las mujeres veían algo en él que les atraía. Ya cuando les mostraba, desde su teléfono, móvil su trabajo artístico; las tenía a sus pies y atentas a su encanto. Entonces empezaba el verdadero coqueteo. Todas las noches que lo acompañé regresábamos al hostal con mujeres. Por supuesto, él se llevaba  dos a su alcoba. Yo me quedaba con las manos vacías sin mayor remedio que intentar dormir con la excitación frustrada corriendo por mis venas.

Hay hombres que nacen con encanto. Hay otros que somos testigos del festín que es la vida sin participar del todo: vemos, pero no tocamos. Probamos, pero no engullimos. Sentimos, pero no recibimos. Nos vamos resintiendo con el paso del tiempo, sin excepción. Si te lo piensas podemos ser peligrosos. Un resentido social puede provocar desgracias.

El viaje se terminó. Al menos para mí. Me tuve que regresar a México. Él seguiría viajando. Los Angeles es mi próximo destino, comentó con ligereza mientras una mujer le mimaba.

Leonardo se llamaba, un tipo nada especial por fuera. No obstante, apenas comenzara a interactuar, el mundo y las mujeres lo observaban con especial atención y deseo genuino.

Un artista de cabo a rabo. Prometió enviarme algunas fotos de mujeres a mi domicilio mexicano. Un gusto haberte conocido,  Úrsulo. Me estrechó la mano y se perdió de mi vista. De regreso a mi mundo todo volvió a la normalidad. Las mujeres siguieron siendo para mí una fantasía, una utopía. Han pasado ya un par de meses desde aquel encuentro. Me mandó algunas fotos, te comparto un par.

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Las fotografías que acompañan a este texto fueron tomadas por Alan Yee.


Referencias: