Vargas Llosa, la tecnología y sus demonios idiotizantes
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Vargas Llosa, la tecnología y sus demonios idiotizantes

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Por: Diego Fernandez

24 de octubre, 2016

Letras Vargas Llosa, la tecnología y sus demonios idiotizantes
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Por: Diego Fernandez

24 de octubre, 2016



“Uno de los mayores logros de Mario Vargas Llosa ha sido transmutar sus recuerdos en literatura”.

-Enrique Krauze

En un taller literario encontré a Vargas Llosa de cuerpo completo. Cuando digo esto no hablo en concreto, pues me refiero a lo siguiente: Alguna vez tomé un cursillo de Literatura que impartía una Doctora de la Universidad de San Marcos (Lima, Perú), experta en Literatura Hispanoamericana y admiradora del “gran Mario”. La maestra decidió dejarnos leer  El pez en el agua con el objetivo de analizar eso que llaman “autobiografía novelada” (como si no bastara con vivir,  nos enseñaron a hacer de la vida una novela y, además, agregarle de nuestra cosecha imaginaria). Tal vez las intenciones de nuestra profesora eran distintas a las que creíamos: más allá del análisis literario, el contexto político del Perú de aquellos años me llevó a una especulación: Supuse que la respetable Doctora había votado por Vargas Llosa (el candidato presidencial) durante las elecciones de 1990. El fracaso electoral del ahora Premio Nobel ha llevado a esta académica a admirar al escritor como el político que nunca fue y que bien hace él mismo dejándolo claro dentro de las páginas de El pez en el agua.  


mario vargas llosa

En resumen: Descubrí a Mario Vargas Llosa con sus memorias como primera lectura. Desde entonces, entendí que leerlo conllevaría a desempolvar al Perú, al fujimorismo, al vargallosismo político que nunca fue, a Latinoamérica y al mundo (casi entero) desde los ojos y las letras de un hombre cosmopolita que ha buscado en la literatura, en las figuras retóricas y en la novela un conducto hacia la crítica lapidaria de diversas tropelías que forman parte de nuestra realidad. Ahora –ocho años después– entiendo que leer a Mario es destejer sus complejos, su subjetiva visión sobre la política peruana e internacional, sus manías cotidianas y fantasías amatorias. Es más, me arriesgo al decir que leer a Vargas Llosa es desnudar su psique reflejada en los perfiles de sus propios personajes ficticios. Leer la obra de un novelista es leer al escritor mismo, a la persona y su mente.


vargas llosa

 “A Vargas Llosa hay que leerlo, no escucharlo”, dicen que dijo alguna vez el poeta uruguayo Mario Benedetti hablando de su tocayo peruano. Tal vez esta conclusión se basó en los comentarios políticos del novelista, en las incoherencias que a veces salen de su boca o, por ejemplo, en dictados como el famoso “México es la dictadura perfecta” que a Vargas Llosa le costó el telefonazo rojo y la huida del país azteca en tiempos de Salinas de Gortari. Acertada, a mi parecer, aquella frase (Octavio Paz no pensó lo mismo). Tal vez el poeta uruguayo entendía que las palabras de tinta son más importantes que las palabras habladas por el mismo escritor. O quizá sea algo más personal, un problema más de Vargas Llosa que de los escritores en general.

Después de pasar por las páginas de La Ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras, La casa verde, La guerra del fin del mundo y demás novelas ya clásicas de este autor, el lector se puede encontrar con un dulcísimo Travesuras de la niña mala o con la extraña combinación erótico-política que representa su última obra, Cinco esquinas.

 La tía Julia y el escribidor nos relata un fragmento de la vida amorosa del novelista: La relación sentimental con Julia Urquidi, tía de Marito, con la cual éste se terminaría casando y después divorciando. Este libro también es una novela autobiográfica que nos permite entender a un Vargas Llosa incestuoso que hace honor a algunos personajes de la Mitología Griega. Mario se encargó de hiperbolizar su historia por los filtros de la imaginación para concretarla en una novela. Ante el disgusto que generó en Julia la publicación de este libro, ella misma se convirtió en escritora al publicar en 1983 Lo que Varguitas no dijo a manera de contrarréplica a lo contado en el libro de “Varguitas”.   


mario vargas llosa

“Mario Vargas Llosa no se casó con su hermana porque es hijo único”, escribió un columnista en un diario peruano después de que Vargas Llosa dejara a su exesposa (su prima Patricia) por la socialité filipina, Isabel Preysler?

La vida personal del escritor me vale un comino, mas es importante destacar que la nueva relación sentimental del octogenario Vargas Llosa ha influido en su línea ideológica, en la consistencia de sus palabras y, por consecuencia, en su literatura.

 En su libro ensayístico, La civilización del espectáculo (2012), Vargas Llosa se presenta como un escritor conservador (sacando el pecho por su generación), pues su arraigada preferencia por el libro de tinta y papel es evidente, confiesa también su miedo ante el futuro de la Literatura y las otras seis bellas artes, niega la posibilidad del surgimiento de un nuevo Cervantes del siglo XXI, dice rechazar la tecnología y sus demonios idiotizantes, recuerda con nostalgia la historia de Víctor Hugo y –por supuesto– la de Flaubert, pero también sataniza a las denominadas revistas del corazón por ser “la mejor expresión literaria de la civilización del espectáculo, la peor expresión de la Literatura”. En ciertos puntos coincido con el escritor, pero creo que los postulados de dicho ensayo se le han ido de la cabeza al buen Mario. “Prefiero salir en revistas literarias que en el ‘¡Hola’”, declaró alguna vez el escritor. Hoy por hoy me encuentro con la cara de Vargas Llosa en las estanterías de las cajas del supermercado. La figura del escritor conservador que odia el atraso de la cultura y protagoniza una de las portadas de la misma revista que tanto criticó en una de sus obras: “Isabel y Mario: Primera entrevista juntos.”, leo en una portada; “Isabel habla por primera vez de su amor por Vargas Llosa”, leo meses siguiente; “Un tango para Isabel y Mario.”, encuentro después de que la pareja visitara Buenos Aires para asistir a la Feria del Libro. Es claro que el personaje principal de esta novela rosa es Isabel, no Mario. Pero la moraleja de esta historia puede ser, quizá, que el amor no mata, pero puede hacer que cambies de opinión, de la noche a la mañana.


isabel y mario vargas llosa

“Vargas Llosa ha sido un traidor a sus propios principios de un tiempo para acá.”, me dice una amiga vía Twitter. “Era de esperarse, el boom fue mercadotecnia desde su inicio”, respondió otra amiga tuitera. Quizá tengan razón, quizá no; lo cierto es que Mario –“el gran Mario”– ha rejuvenecido psíquicamente de una forma extrañísima. El Mario Vargas Llosa que antes se negaba a seguir los avances tecnológicos, hoy acepta escribir para plataformas virtuales (además de hacerlo en papel periódico). Ante esto me surge una pregunta: ¿El Vargas Llosa que antes recurría a las enciclopedias para sacarse de una duda, hoy ya googlea? Esto nos lo tendría que responder él mismo.

Para mí, Mario a veces es un buen escritor y a veces no, esto depende del momento en el que él escriba y del momento en el que se lea su creación. La influencia de su literatura en América Latina ha sido importante, eso sin duda. Más allá de la necesaria mercadotecnia del boom, la obra de Vargas Llosa se destaca por su crítica a las dictaduras y a los tiranos; por su valentía al hablar y escribir sin importar las consecuencias de lo dicho y escrito; por el valor de su lenguaje y estilo; por la consistencia de sus historias y la estructura de sus personajes. Vargas Llosa, sin duda, ha sido uno de los pilares del boom latinoamericano, aunque no le gana a mi querido Gabo (pues Vargas Llosa sólo pudo vencer a García Márquez en las trompadas).




 Mario cristaliza su vida en las páginas de sus libros. Como diría Juan Villoro recordando a Rulfo: “Muchas veces, el autor se sirve de su experiencia personal, de las charlas familiares, de los relatos escuchados en boca de los hombres de su provincia”. No es extraño encontrar el rostro de Arequipa, de Lima, de Cochabamba, de la antes Ciudad Trujillo, de París, de Madrid, de Nueva York y de otras ciudades de las que él mismo ha sido habitante. Mario Vargas Llosa es un retratista de sus conocidos, un rebelde conservador, un cronista de sus propias tragedias aderezadas con la ficción.

   Pese a las caídas, pese a las críticas, pese a la vida, Mario sigue escribiendo desde un lugar de Madrid. Este escritor entiende que el transcurso del tiempo puede llegar a desdecirnos. ¿Es válido cambiar de opinión? Será tan válido como cambiar de rumbo para llegar al mismo destino de una manera más rápida. Nuestro destino pueden ser los libros o, en un momento determinado, el final de nuestra existencia.


MarioVargasLlosa_blog

Vargas Llosa ha llegado a los ochenta, él sabe que la vida tiene fecha de caducidad. No le teme a la muerte, esto lo ha dicho con sus propias palabras; no le teme a la opinión pública, esto lo ha dicho con sus propias acciones, con sus propias letras.



Referencias: