Wirikuta: la morada de todos los dioses

Wirikuta: la morada de todos los dioses

Por: mediodigital -

Wirikuta, territorio sagrado dentro de la cosmogonía de los indígenas Wixarika. El pueblo Wixarika, o también conocido como Huichol, es uno de los pueblos de México que conserva viva y prácticamente intacta sus tradiciones ancestrales: la manera de vivir en relación de profundo respeto con la vida y la naturaleza.    

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Durante una larga peregrinación, muchas veces peligrosa y llena de intensos acontecimientos,  todo  para ellos es sagrado, situaciones que para alguien ajeno a su sociedad significaría sólo un reflejo de la vida cotidiana. Una vida en la que lo transcurrido día y noche tiene un significado que va más allá de las puras apariencias, una visión que el hombre moderno casi ha perdido por completo.

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Todo inicia en el pueblo de La Tristeza, Nayarit. El mar-akame es Don Francisco, hombre de gran sabiduría y sencillez. Es el guía espiritual de la comunidad. Sólo él puede ver al venado azul, Kauyumari, hermano mayor de los huicholes y representante de los dioses.

Con Don Francisco van los peyoteros, peregrinos de su comunidad y del pueblo. Todos se dirigen a Wirikuta, esta vez irán en camión hasta la entrada al desierto y después caminarán varias horas para llegar al lugar sagrado a recolectar peyotes, antiguamente todo el trayecto se hacía a pie. En el grupo van dos niños con el rostro cubierto, requisito indispensable para quienes realizan su primer viaje a Wirikuta. Los peyoteros adornan sus sombreros con colas de ardillas, plumas de colores y si es posible, plumas de guajolote.

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Desde el día anterior a la salida, los peregrinos se abstienen de cualquier contacto sexual y reducen al máximo su consumo de alimento y bebida.

Para emprender el viaje, los huicholes realizan diversos rituales preparatorios para el encuentro con los dioses. La cacería del venado es el más importante, es un acto fundamental para protegerse de los peligros. Durante tres días de trayecto tomaron sólo agua y no cruzaron palabra alguna, suspendidos en un extraño estado de contemplación. Ya en Wirikuta, el primer ritual de importancia es la confesión de los actos sexuales que los peyoteros han cometido a lo largo de su vida.

El mar-akame dirige la ceremonia en la que los peyoteros se confiesan uno a uno y anudan un lazo que al final se lanza al fuego, las parejas no muestran celos ni resentimiento por lo escuchado.

Antes de llegar al lugar de los dioses, lo peyoteros tendrán que pasar a través de puertas míticas. Aquí los peyoteros pueden morir; pasan del estado profano al sagrado. Se paran en línea recta, mirando hacia Wirikuta; el mar-akame pasa sus plumas sagradas por el cuerpo de cada uno de ellos y pide a Kauyumari, "el hermano mayor", que les ayude a cruzar.

Pilgrimage of Native Wixaricas to Wirikuta

Luego de cruzar la puerta, encuentran la morada de "las Madres del agua", manantial de agua sagrada.
En esta pequeña laguna los peyoteros dejan ofrendas en el agua: cuadros de estambre, sangre de venado, plumas; es decir: sus objetos más valiosos y sagrados, traídos del kalihuey -o templo.

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Más tarde, los peyoteros llenarán sus bules con agua y los llevarán a sus comunidades. Al día siguiente se cruza otra puerta, donde se pide permiso a los dioses para entrar a Wirikuta. El guía realiza una limpia a todo el grupo y, acto seguido, entran en la meseta donde viven los dioses.

Allí, en el ámbito sagrado, todos los peyoteros se ponen en fila, como verdaderos guerreros, y el mar-akame mira hacia el horizonte, quiere encontrarse con el venado azul. Todos esperan, el momento es tenso, si el mar-akame no descubre al venado azul, la cacería habrá terminado y tendrán que regresar a casa con los costales vacíos.

De pronto, el mar-akame empieza a caminar y los peyoteros lo siguen. Todos se dirigen al lugar donde él vio al mítico animal. Instantes después se detiene y hace una pequeña horadación en la tierra. La cacería ha empezado. Cacería, porque el peyote es identificado con el venado sagrado.

El guía parte de los peyotes en pequeños gajos y ofrece uno a cada peregrino. Los huicholes cantan, agradecen y dejan ofrendas donde apareció el venado azul.

Una vez terminado el acto de comunión, salen a buscar peyote, conforme encuentran jícuris colocan sus flechas a un costado. De regreso los recogerán todos.

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Por la noche se reúnen y alimentan al fuego. El mar-akame canta lo que dicta Kauyumari, en su canto se reviven hazañas de los dioses, danzarán toda la noche hasta el amanecer.

En la mañana, los peyoteros cantan hermosas canciones de despedida a los dioses y luego partirán de regreso a su comunidad para realizar las ceremonias que completan el ciclo.

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Hay suficiente peyote para todas las ceremonias. Por ello todos regresan satisfechos con sus familias, recibiéndolos calurosamente.

El recorrido se hace repetidas veces al año, cuando la comunidad huichol solicita la guía de sus dioses, siempre en completo respeto y armonía con la Tierra.
Referencias: