The Wolf of Wall Street: todo lo que sube tiene que bajar

The Wolf of Wall Street: todo lo que sube tiene que bajar

Por: Alfonso Blanco Samperio -

Actualmente resulta difícil pensar que alguien no sepa qué hacer con su dinero. Este parece ser el problema más grande para Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), quien ha llegado a la cúspide en el emporio que supone ser “Wall Street”. El lugar donde se mueve el mundo financiero, el centro donde sucede la acción (si por acción nos referimos a dólares y todo lo que pueden comprar). El movimiento es frenético para poder vender acciones. Desde el punto inicial en el que abre la bolsa, los corredores se convierten en una jauría tras la presea más grande, el dinero.

The Wolf of Wall Street (2013) es la más reciente película de Martin Scorsese (Taxi Driver, The Raging Bull, Goodfellas, Hugo...), un retrato con tintes de orgía visual en el que la cocaína se toma cual café para despertar a un nuevo día de trabajo. Jordan Belfort llega al distrito financiero, empieza de cero en el mundo que mueve el dólar. Como todo novato recibe las órdenes de un estafador mayor (Matthew McCounaughy) adicto a las finanzas, al sexo y al polvo blanco. Belfort se pone frente a la pantalla y nos relata cómo es el despertar de una fiera; en este punto sabes que el hueso, jamás lo soltará.

El lobo de Wall Street


Su carrera es un ascenso fulgurante por los escalones que representa trabajar en Wall Street. Las cosas empiezan a salir de maravilla. Como un fiel cachorro sigue las órdenes que los más aventajados le dan, hasta que en octubre de 1987 un desplome del mercado lo pone en la calle, pero sólo por un momento. Arma junto a un grupo de amigos – de aquellos de dudosa moral y colmillo para el business- la compañía Stratton Oakmont, la cual mueve de manera seductora a clientes inexpertos que caen fácilmente ante ofertas disfrazadas.

Y así somos partícipes de la orgía en la que transforma su vida. Un día de trabajo supone el completo despilfarre: bellas mujeres pasean desnudas entre los escritorios y grupos de meseros desfilan con champagne. El ascenso es descomunal, Belfort elude y desprecia al FBI; ante las indagatorias cada vez más constantes decide llevarse su dinero a los bancos suizos.


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Martin Scorsese nos tiene acostumbrados a películas demoledoras en lo visual, en las que las ráfagas de metralleta son constantes y la sangre bota en cualquier momento. Pero aquí las balas llegan en frases cargadas de hilarantes groserías -por ahí algunos contaron la palabra “fuck” más o menos 500 veces-; todo esto acompañado de un burlona y despiadada sátira de la sociedad que ha dejado de preocuparse por lo moral. Belfort lo recalca a cada instante en la película. Ya nada importan los discursos en contra del materialismo y la superficialidad, esos los esconde con muchas drogas, sexo explícito y rock & roll.

Por un momento somos partícipes de ese estilo de vida y llegamos a sentir simpatía por el personaje. Pero de golpe nos encontramos ante la realidad: cuando se quiere llegar a la cima es muy difícil permanecer ahí, y más si nos ponemos en la orilla del abismo.

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La fotografía corrió a cargo del mexicano Rodrigo Prieto, quien inyecta una atmósfera digna de la época; el ascenso estrepitoso acompaña la trayectoria de los personajes quienes llenan la pantalla con ataques visuales.

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The Wolf…
Nos recuerda a Goodfellas (1990), algunos piensan que la fórmula está repetida. El mismo Scorsese lo confirma. Lo que aumenta aquí es el límite, que por momentos parece no existir. Es de igual forma una entrada al teatro de los negocios donde cada quien toma el papel que le conviene, pero que interpretan de una forma sin igual.

Así es como Leonardo DiCaprio bombardea la pantalla, es dinamita pura. El hecho de que gane o no un Oscar es puro trámite, confirma el gran actor que es. La mancuerna DiCaprio-Scorsese llega a su quinta colaboración. El director de Taxi Driver reafirma su puesto entre los más grandes de los últimos años; se sienta en la butaca que admira la decadencia de este mundo movido por el dinero.


dicaprio

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Referencias: