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Xavier Villaurrutia: un escritor contemporáneo

Letras Xavier Villaurrutia: un escritor contemporáneo

Sus letras inspiradas en el surrealismo, en la obra de López Velarde y, sobre todo, en la necesidad de presentar imágenes de abandono, de desolación y sobre la relación existente con la muerte. El 27 de marzo nació el escritor mexicano Xavier Villaurrutia González, personaje que formó parte de Los contemporáneos, grupo en el que fundaría la revista Contemporáneos; en ésta presentaban artículos que modernizaban no sólo la literatura, sino aspectos significativos de la cultura.

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Los contemporáneos, de cierta forma, se oponían a los estridentistas, quienes daban cabida a las expresiones de la cultura popular y de masas, además de  tener influencias del futurismo, el cubismo y el dadaísmo. Mientras los contemporáneos difundían el surrealismo en sus publicaciones y tenían diversas influencias extranjeras, sobre todo de la literatura europea y estadounidense.

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El teatro era una actividad que reconocían como una de las más bellas artes, por lo que Vilaurrutia se dedicó al teatro y a la promoción cultural. De hecho, entre sus miembros más activos destaca Antonieta Rivas Mercado, quien es considerada su mecenas, pues les ayudó en más de una ocasión a financiar la publicación  de la revista.

 

 Algunos críticos consideran a sus primeros poemas como los mejores, tales son: Reflejos (1926), Nocturnos (1933), Nostalgia de la muerte (1938), Décima muerte (1941) y Cantos a la primavera y otros poemas (1948). A continuación te presentamos un fragmento del poema Nocturno de los ángeles.

 

Se diría que las calles fluyen dulcemente en la noche.

Las luces no son tan vivas que logren desvelar el secreto,

el secreto que los hombres que van y vienen conocen,

porque todos están en el secreto

y nada se ganaría con partirlo en mil pedazos

si, por el contrario, es tan dulce guardarlo

y compartirlo sólo con la persona elegida.


Si cada uno dijera en un momento dado,

en sólo una palabra, lo que piensa,

las cinco letras del DESEO formarían una enorme cicatriz luminosa,

una constelación más antigua, más viva aún que las otras.

Y esa constelación sería como un ardiente sexo

en el profundo cuerpo de la noche,

o, mejor, como los Gemelos que por vez primera en la vida

se miraran de frente, a los ojos, y se abrazaran ya para siempre.

 

 


Referencias: