DMX32: De narraciones y nuevos lugares en la moda nacional
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DMX32: De narraciones y nuevos lugares en la moda nacional

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Por: Eduardo Limón

30 de noviembre, 2018

Moda DMX32: De narraciones y nuevos lugares en la moda nacional
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Por: Eduardo Limón

30 de noviembre, 2018

En un camino de ida y vuelta, Diseñando México 32 es uno de esos espacios pioneros en la transformación de la industria. ¿Qué propone y qué nos toca entonces al resto?

Fotografía: Daniella Feijoó

No sólo vale lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Las narraciones dotan de sentido al mundo, a lo que somos y lo que fuimos. Las experiencias son el corazón de nuestras memorias y lo que seguiremos construyendo en el futuro, pero cómo se narran es aquello que las hace trascendentes y transmisibles. Hoy, a México lo estamos contando como nunca antes; justo para que el recuerdo siempre viva y, a partir de éste, se inauguren más y mejores porvenires de la moda nacional.

La transformación ha sido gradual, quizá pausada y en un tempo menor del que todos quisiéramos; pero eso no quiere decir que sea poco significativa o pobre. Desde aquel entonces, cuando los millennials que alcanzamos a recordar los años ochenta y noventa podemos decir que nombres de Sarah Bustani, Héctor Terrones y Carlo Demichelis definían al diseño mexicano, que nuestro sentido del estilo se marcaba por los episodios más sonados de Dinastía, Dallas, Quinceañera o –en el mejor de los casos– Beverly Hills 90210, hasta hoy, la evolución es más que plausible.

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Sí. Hace diez o doce años, en lo que tal vez fue el momentum de mayor creatividad en la historia de la moda mexicana, el espíritu de innovación ya se dejaba ver voraz sobre nuestros horizontes. Avanzábamos a pasos agigantados y se planteaba la conquista del mundo. Tras eventos tan relevantes como la aparición y disolución de Temístocles 44 en el circuito de las artes durante los 90, la visión editorial de sellos como CELESTE en los muy tempranos 2000, marcas como Marvin & Quetzal, Temores y TEAMO redimensionaban el potencial creativo del país. Parecía la génesis de la moda mexicana para el Siglo XXI. Sin embargo, el fuego que ardió con tal fulgor, se consumió a sí mismo por su poder. El alfa terminó por dibujar su propio omega.

Así, la búsqueda por la estética capaz de conformar ese camino medianamente labrado, por estructurar al mundo que tenemos o deseamos –muy schopenhaueriano de nuestra parte–, por una identidad en el diseño capaz de gritarse auténticamente mexicano, nos ha dirigido a sucesos como el Diseñando México 32 (DMX32). Una plataforma que busca la descentralización de la moda en el país y la germinación de talentos capaces de dar nueva representación y poder comercial a lo Hecho en México.

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En su más última edición, en Reynosa, Tamaulipas, DMX32 se dio a la tarea de buscar a los diseñadores, modelos, plataformas de comunicación y mentes creativas más prometedoras de la región para re-narrar los acontecimientos estéticos del México contemporáneo. 

Liderado por Sara Galindo y Johann Mergentahler –junto con el apoyo de trendo.mx, Yvonne Venegas y SANTIAGO&MAURICIO–, este proyecto más que descubrir y encontrar, pretende abrir puertas y emplazar al diseño local en un mercado sostenible dentro y fuera de nuestra geografía. Incrustar una renovada forma de leer la moda nacional y de escribir sus entendimientos. Mismos a los cuales urge dar otras apariciones; o de lo contrario, perecer en ese cuadro renacentista donde se sigue pensando que la industria es vestidos de noche sobre un ciclorama negro.

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DMX32 es uno de los tantos capítulos que hoy se escriben para tomar consciencia de quiénes somos en el circuito y potencializar eso que deseamos ser con y para las nuevas generaciones del diseño. Es aquella memoria que hoy construimos para que el archivo de la moda mexicana se robustezca y sea herramienta del porvenir creativo, es la revisitación del pasado y el compromiso por renunciar a una sola mirada totalitaria del sector. El absoluto es un mito de principiantes que tarde o temprano muere.

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De tal forma, DMX32 no es ni será la única plataforma que motive a la reinvención del país, que propicie otras narraciones de nuestra industria –eso es claro–, pero sí es pionera en dicho menester del diseño actual. En quebrar los límites espaciales, cambiar los paradigmas del talento hallado y diluir los parangones de la dirección creativa en tales esferas. En ser ese motor que nos dice: «innovemos para no estancarse». En motivar revisiones culturales como las de Luciana Balderrama, María Vogel, Gladys Tamez y Dan Cassab –cuya versión de la cuera tamaulipeca no le pide nada a las fringe jackets de Longchamp–; entre los demás nombres que, a partir de ahora, se suman a la arquitectura de la moda internacional: Alersundi, Rogelio Rivera, Citlaly Higuera, Claudia Barrientos, Noise Mag y Mextasis.

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Llegará el día en que esta narración se cuente y se rememore desde distintos ángulos. Sí, se incluirá a Carmen Campuzano y a Glenda Reyna en los perfiles de ese Fashion Atlas mexicano, se contará cuando nos fusilábamos el diseño europeo para las tiendas departamentales del país, pero también se trabajará a partir y en torno a este ejercicio llamado DMX32, que tendió los puentes suficientes para que al pronunciar m-o-d-a, los territorios de ese sistema se convirtieran en diversidad de pensamientos, enaltecimiento de lo nacional y catapultas del binomio ser-actuar. Se hablará de este momento en cual advertimos que, si no nos gusta lo que hay, debemos transformarlo y cambiar la narrativa.


Referencias: