La niña que renunció a su vida para vestir a la mujer más odiada de la historia

Martes, 3 de enero de 2017 11:55

|Eduardo Limón


Si no una definición absoluta, por lo menos una globalización de significado abraza a las palabras con que convivimos y no siempre es lo más adecuado. Belleza, por ejemplo, como ese vocablo que intenta (d)enunciar una experiencia o cualidad, que por más que intentemos encasillarle en un solo riel de sentido, ¿es acaso una palabra que tiene exactamente el mismo alcance para todo el mundo? ¿Sus definiciones pueden explicar el sentido de la vida o las diversas vivencias del ser humano? Ya sean de origen natural o mediante la intervención del hombre, las cosas bellas pueden estar atravesadas por lo moral, lo violento, lo destructivo, lo perfecto y demás contrariedades o problematizaciones que nos hacen dudar de la correcta utilización o alcance de su propio término. La definición que pudiese o no estandarizar a la belleza siempre ha sido conflictiva y en muchas ocasiones nos ha hecho preguntarnos quién o cómo es que se delimitan los esquemas. ¿Existe una autoridad que demarque sus funciones y particularidades?

rose bertin violeta

Aunque hoy entendemos la multifactorización y consenso casi democrático en lo que apreciamos como bello, hubo un tiempo –sobre todo aquel en que se intentaron aclarar los cánones de la estética y el arte en la teoría– cuando determinados personajes o expertos se dedicaban día y noche a decir cuáles eran los requisitos exactos de la belleza.

Tomemos por ejemplo imperecedero el ámbito de la moda. Un campo que desde sus inicios, y al igual que en el espectro del arte, ha sido protagonizado no sólo por sus aficionados, sino por sujetos que parecen dictar los “sí” y los “no” de lo permitido, lo hermoso, lo atractivo y lo asombroso. Bien sabido es que la opinión de diseñadores y directores del fashion con sus muy diversas propuestas del vestir son, efectivamente, sólo visiones alternativas de un momento. Interpretaciones permeables de un mundo que cambia sin pedir permiso; no obstante, hubo una época cuando el esquema de lo bello era estructurado por una sola persona y debía seguirse.

rose bertin trio

Caso ejemplar fue el de Marie-Jeanne Rose Bertin, pionera de la moda y la Alta costura como la conocemos en nuestros días. Pasó de ser una empleada cualquiera en el palacio francés a la autoridad máxima del diseño, impactando en el guardarropa de la reina y en el estilo de una Europa cada vez más teatral, excéntrica y estilizada.

Nacida en 1747 y contratada posteriormente como diseñadora personal para María Antonieta, Bertin fue la creadora de un protosistema tendiente al haute couture y la emperatriz total del buen gusto, cuando no de la distinción dramática.

rose bertin rosa

Durante casi dos décadas al lado de la delfina más exquisita de toda nuestra historia y con la colaboración del peluquero Léonard Autié (famoso por el sentido lúdico que le dio a la cabellera de la loba austríaca), la distinguida diseñadora creó atuendos exóticos para la joven soberana con el firme propósito de convertir a ésta en la mujer más elegante, bella y singular de Francia.

rose bertin retrato

El encuentro entre ella, la costurera y los excesivos gustos de color y lujo que ambas profesaban fue, por años, la identidad de un reino extravagante y las causas perfectas para un periodo artístico que vendría más tarde en todo el continente.

rose bertin plumas

Mediante el rococó  y la contrapuesta obsesión por una libertad femenina en los preceptos del atavío, Bertin se mantuvo siempre cerca de la delfina y se vio a sí misma, no como una empleada o un ser inferior de la gran mademoiselle, sino como una persona que trabajaba directamente con la corona.

Este hecho hizo que en Versalles la consideraran déspota, soberbia; sin embargo, la increíble María Antonieta la definió como su ministre des modes (ministra de la moda), un cargo de renombre mundial pues, a pesar de sus controversias, comenzaron a llegarle encargos de Rusia, Suecia, Austria e Inglaterra tras su nombramiento inamovible. Muchos han comparado la vida de Marie-Jeanne Bertin con la de Gabrielle “Coco” Chanel; su carrera –obtenida claro después de renunciar a sus días mundanos por seguir una existencia repleta de exuberancia– fue la de una diseñadora imprescindible en la sociedad parisina. Una dama que a sus 16 años se trasladó a París para iniciar su formación en la moda y terminó sus días como la insignia más grande del estilo en su era.

rose bertin lentes

Ella, siendo una adolescente y abriendo su propia (y exitosa) boutique a los 29 años, era la única y la elegida para guiar al mundo en cuanto a belleza se tratara. Gracias a ella y a su Au Grand Mogol –la primera tienda que administró– es que la sociedad francesa y sus herederos en la moda podemos gozar de los más estupendos colores, las mejores pañoletas de encaje, guantes bordados, sedas y muselinas que revolucionaron la vida del ser humano; los accesorios más statement en el fashion del viejo continente y la pedrería más luciente son su firma inmortal en el diseño tanto mundial como vigente del haute couture. Sin lugar a dudas.

rose bertin pasteleria

Durante la Revolución francesa y tras la muerte de sus clientes –muchos fueron ejecutados o huyeron al extranjero–, Bertin trasladó su negocio a Londres y se mantuvo, aunque con menor fuerza, como la ama y señora del estilo, como esa mujer que tiró por la borda la simpleza del mundo con tal de coronarse cual reina quizá no de Francia, pero sí de la moda. Para conocer más de esta época, conoce los Grandes secretos de una reina francesa para estar siempre bella y quiénes fueron esas otras 14 mujeres que revolucionaron el mundo de la moda.

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Fuente:

Harper's Bazaar





REFERENCIAS:
Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Fotografía y Moda
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