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El día que la moda combatió al machismo y la explotación sexual en Cuba

Moda El día que la moda combatió al machismo y la explotación sexual en Cuba

Moda y revolución tienen un vínculo estrecho. Tras la creación de la Escuela Ana Betancourt para campesinas en Cuba la alta costura es reivindicación

Aún resta mucho por decir sobre Cuba. Que es la cuna de la felicidad, que es un paraíso comunista, que es una dictadura, etc. Hay que estar ahí para saber con certeza, aunque a la luz de su reciente apertura al mercado y los cambios que esto implica, siguen instauradas ideas en el imaginario colectivo. Las dimensiones de la nación caribeña trascienden todos los campos, no sólo los convencionalmente asociados a ella, como el baile y la riqueza de su música. ¿Puede hablarse de un tema tan típicamente "burgués" como la moda en uno de los bastiones del socialismo mundial? En un estricto sentido ideológico, la revolución no es una moda, aunque la moda sí puede ser revolucionaria.


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En este contexto, tocar el tema de la moda obliga a reflexionar sombre la inspiración, los movimientos sociales y los ideales. Al portar una prenda se desea comunicar algo y marcar una diferencia, incluso es posible que quiera convertirse en el vehículo de una postura excepcional y revolucionaria. La moda ha manifestado revolución en distintas épocas de la historia. Por ejemplo, durante la Revolución Francesa, después de la caída de rey Luis XVI, los caballeros eran mal vistos si usaban polvos y ostentosa vestimenta, pero la cuestión no es buscar únicamente aprobación social, sino que también implica conocimiento y poder. Es preciso señalar un movimiento social en el que la moda significó un manifiesto revolucionario en acción: el movimiento socialista en Cuba.

En la Cuba de 1869, durante el período del machadato, un grupo luchó por un salario y condiciones de trabajo justas, la mujer ganó el derecho a voto y casi al mismo tiempo se logró la primera ley de la maternidad en gestación; no obstante se reconocieron como leyes “relativas” al no apegarse a la práctica.

En los años 40 y 50, a los ojos del mundo, Cuba no pasaba de ser la imagen de la estampa turística de una mulata de inmensas faldas, bailadora de rumba y de pañuelo en la cabeza, que portaba un cesto de frutos tropicales pertenecientes a la United Fruit y se contoneaba bajo una palmera propiedad de Eisenhower por la vía de Batista. La isla no tardó en adquirir reputación internacional por la prostitución, la pornografía y las películas de relajo. Todo era una fiesta de desigualdades marcadas. En la situación general de miseria en toda la nación, las mujeres ocupaban posiciones doblemente oprimidas: de orden sexual o de género y de un sistema económico que privilegiaba al “machismo”.


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Después de la llegada de la Revolución, en 1959, se fundó en La Habana la Escuela Ana Betancourt para muchachas campesinas, la cual atrajo a miles de jóvenes desde las lejanías. Alojadas en las mansiones de los ricos que habían huido de la isla, las muchachas aprendieron el oficio de corte y costura y otras especialidades, además de elevar su nivel de escolaridad. Moda y revolución como una sola cosa. A la primera promoción de graduadas se les entregaron máquinas de coser que cada cual llevó a su casa con la exhortación de enseñar a diez muchachas de la zona lo que habían aprendido. Entonces las masas de mujeres pasaron a ser socialmente útiles y a constituirse seres humanos respetables.


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Fidel Castro compartiendo con integrantes de la primera promoción de la Ana Betancourt


El objetivo del Gobierno, sabiamente encauzado por la Federación de Mujeres Cubanas, era elevar la educación ideológica, política, cultural y científica de la mujer para incorporarla a las tareas que le han sido asignadas por la revolución y de ese modo permitirles el papel que tienen derecho a desempeñar en la nueva sociedad; sin embargo, lo primero es lograr acceso a herramientas y oficios que permitieran una independencia económica para sacarlas del mundo de la prostitución.

En julio de 1961 la primera promoción de modistas y costureras organizó un desfile de ropa en el Hotel Calixo Ochoa de La Habana. Considerando los factores ya antes mencionados hubo repercusiones en la manera de vestir entre la población femenina simpatizante del socialismo, al identificarse en la postura de igualdad de derechos de género y el apogeo de las ideas de liberación sexual, usar pantalones fue una declaración ideológica abierta para hallarse con las mismas condiciones de vida, laboral y social, sin comparación con los hombres.

La investigadora y escritora estadounidense Margaret Randall recogió testimonios de estas mujeres en su libro Mujeres en la Revolución: Margaret Randall conversa con mujeres cubanas (1972). "Antes yo no era capaz de salir con un pantalón a la calle, por nada en la vida… Yo, en mi país, cuando empezó el trabajo productivo, no salía de mi casa así porque me daba vergüenza que mi padre me viera con un pantalón de éstos puestos… y ya no me da nada. Ando con mucho orgullo con mis pantalones" (trabajadora social, 46 años).

Puede que la referencia se encuentre desfasada; no obstante, es importante retomar un tema que sigue causando tanto revuelo como lo es el socialismo, que tuvo acciones bastante destacables y que de la mano de la moda, un tema que puede ser tomado como superficial y típicamente burgués, pueden surgir propuestas interesantes. La moda es otro campo de acción, otra materia del pensamiento y un terreno de batalla ideológica. Revaloremos lo que nos significa ser empoderados sociales y para las mujeres lo que es el reconocimiento de sus derechos, que también es el derecho a explotar sus habilidades y capacidades.

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Después de todo el pueblo cubano tiene los argumentos en su ADN cultural y social.


Referencias: