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Las políticas machistas en el tennis, según la ropa de Williams y Cornet

29 de agosto de 2018

Eduardo Limón

Al parecer, el ejercicio deportivo de una tenista no está marcado por su profesionalismo, sino por lo que usa...

Las políticas de representación que atraviesan a la mujer y los códigos de la feminidad, por no hablar de los límites que la tradición se empeña en imponer, han atravesado de nueva cuenta al sexo para seguir en una narrativa de género que bien debería dejar de importarnos. Durante el pasado Abierto Francés de tennis, Serena Williams “ofendió” a la Federación con un catsuit –vestimenta de una sola pieza–, cuando debió usar las prendas clásicas y debidas para una mujer dentro del deporte (¿?).



«Creo que a veces hemos llegado muy lejos. El conjunto de Serena de este año, por ejemplo, no será aceptado más. Hace falta respetar el juego y el lugar", explicó Bernard Giudicelli, presidente de la Federación Francesa de Tenis para el número de septiembre de la revista Tennis Magazine. 


Por su cuenta, Williams responde: «Vivimos en 2018, el mundo es diferente. Es importante ser uno mismo, libre. Además, les recuerdo que mi ropa tiene una función curativa», haciendo alusión a que su traje es un recurso al cual llegó para mejorar su circulación sanguínea y su fácil recuperación tras su difícil parto en 2017.



Al parecer, en su sentido más conservador, para el mundo del tennis –ése que exige en Wimbledon que todo el atavío de un participante sea blanco, incluyendo su ropa interior– es inconcebible que el cuerpo de una mujer se manifieste fuera del canon e irrumpa en la cancha con signos de una neutralidad de género, piezas propositivas y telas de innovación tecnológica.


Para este deporte, jactado de elitismo a más no poder y rebosante de estéticas supremacistas, parece que también le es urgente mantener a las mujeres en un atuendo que refuerce los lindes con lo masculino, que les devuelva a ese juego de ocultamiento y desocultamiento grácil de lo femenino –durante su desempeño, las deportistas exponen su short y piernas en vaivén– y que, sin exageraciones, pretende borrar cualquier aspecto intimidante en sus mujeres profesionales.



Asimismo, en el Abierto de Estados Unidos, Alize Cornet fue sancionada durante un partido por cambiar su camiseta frente al público entero. Luego de una pausa durante su primera ronda contra Johanna Larson, Cornet advirtió que llevaba al revés su prenda, tomó un respiro, se la quitó y se la puso correctamente. Escándalo. ¡¿Por qué tenía que exponer así su torso y ese sugerente bra deportivo?!


Aunque la Federación Estadounidense de Tennis y el Women’s Tennis Association han dicho ya que la sanción fue absurda y solicitaron que ésta se retirara del expediente de Cornet, pidiendo también al Grand Slam que modificara sus reglas, el Abierto insiste en que todos los jugadores pueden cambiar de camiseta en sus sillas y que las mujeres pueden hacerlo en un “lugar más privado” cerca de la cancha sin ceder ninguna de sus idas al sanitario. 



¡Qué consideración! Porque, recordemos, los jugadores hombres pueden aparecer desnudos, con sus nada vulgares e indefensos torsos masculinos al final de un match. Porque no hay nada de sexista en perpetuar la idea de que una dama tiene el derecho a desvestirse en lo privado para que nadie la moleste o, peor aún, para que nadie se sienta alterado frente a dicho acto.


Aplaudible respuesta ante este contexto la que sugirió Serena Williams, entonces. Para su primera participación en el Abierto Norteamericano se dejó ver con un traje deportivo que, por de más, afirma su ser mujer en los términos tradicionalistas que requieren las autoridades del deporte, pero que satiriza con guiños de estilo, moda y tecnología textil las demandas de esas reglas.



Con un vestido en negro y tutú a juego de Nike, diseñado por Virgil Abloh –fundador de Off-White y director de la línea masculina de Louis Vuitton–, zapatillas blancas con la leyenda QUEEN a un costado y un performance “delicado” gracias a la naturaleza estructural de las prendas, Serena Williams lanzó un claro mensaje a las mentes más obtusas del deporte. No importa qué se esté usando, no importa qué reglas quieran imponer sobre nuestros cuerpos, los espacios siempre serán tomados por nuestro verdadero desempeño físico e intelectual, y la indumentaria es sólo una extensión de lo que somos, no de lo que estamos hechos.



Quizá para algunos, la contestación de Williams no sea del todo aceptable; podrán decir que más allá de una burla, es un ligero retorno a lo que reprobamos. Sin embargo, con o sin radicalismos, desde la trinchera del fashion, poco a poco hacemos irrelevantes sus estereotipos del género binario y sus políticas de la sexualidad ejercida. Entre líneas, revitalizamos la historia de las luchas visuales y de fondo, porque, ¿quién no recordó ligeramente a las Panteras Negras con ese leotardo sobre Williams? ¿Quién no leyó en ese tutú a Angela Davis diciendo «No acepto más las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar»?


Para más información sobre los conflictos que ha protagonizado Serena Williams en este último US Open y otras noticias, puedes consultar el próximo Weekley Update de Cultura Colectiva:




TAGS: Feminismo Historia mundial historia de la moda
REFERENCIAS:

Eduardo Limón


Editor de Moda

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