Cómo fue vestir a Yalitza para Vogue: Sobre las editoriales de moda con Pamela Ocampo

Cómo fue vestir a Yalitza para Vogue: Sobre las editoriales de moda con Pamela Ocampo

Por: Eduardo Limón -

Pamela Ocampo opina sobre las editoriales de moda, el funcionamiento de éstas en México y cómo se dio el estilismo que ella desarrolló para Yalitza en Vogue México.

El peso de las editoriales de moda siempre recae en distintos agentes y, por tanto, en diversos terrenos. A veces en el campo de las artes, otras en el de la comunicación y el mercado, una editorial de moda es una historia fotográfica que juega con el tiempo –pasado, presente y futuro se funden para no hablar del diseño por el diseño, sino de un contexto social que le posibilita– y que sostiene a su vez un discurso que se aleja congruentemente de una campaña comercial para generar innovaciones en el pensamiento de quien le mira. Por tanto, su condición mestiza no amerita un juicio puramente estético ni totalmente mercadológico, pero sí un poderoso statement que provoque reflexiones, reconocimientos, rupturas y contraintuiciones.

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Caso paradigmático en las editoriales de moda en el México actual: Yalitza Aparicio en la portada de Vogue enero. Especialmente, porque en ella se obvian las intenciones de narración y no sólo demostrativas en un ejercicio fotográfico de esta naturaleza. Acostumbrados a ver las cosas de golpe, a que la apariencia no muestre otra cosa que sólo lo que está allí, una editorial de moda capaz de hacernos intuir algo que no está brutalmente presente –hecho imagen dura e inequívoca– es un triunfo difícil de experimentar y, sobre todo, complicado de entender.

Ver a Yalitza y quedarnos con una joven oaxaqueña de fenotipos mixtecos en indumentaria de autor, es no advertir la verdad detrás de lo que es obvio en tanto estampa. Es quedarnos con lo gratuito. Es ofenderse porque la representación del mexicano resulta “errónea” –«No todos lucimos así», dicen algunos–; es herirse porque se exaltan rasgos que “no son generales” y se enaltece una belleza que “no tiene nada qué ver” con el todo de un país. 

Aún insertos en una época donde los símbolos mutan y se desfiguran, tratando de ser lo más directos posible, olvidamos que, justamente, un símbolo en tanto aquello en lo que se reconoce algo, tiene miles de intenciones o intuiciones distintas. No dicen lo evidente. ¿Cómo tendría que representarse la mexicanidad o decirse el orgullo nacional? 

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Yalitza en Vogue México es símbolo del papel que tiene un mexicano hoy frente al mundo, de las condiciones políticas que goza dentro y fuera de su país, del poder y las discriminaciones que atraviesan a una persona por el sólo hecho de tener nuestra nacionalidad –por más rubio que seas y por más indetectables que hayan sido los perjuicios en tu contra–. Experimentar el reconocimiento es el fundamento de todo lenguaje de símbolos, y una editorial de moda, parezca lo que parezca y se haga en donde se haga, no puede ser nunca algo distinto a un lenguaje de reconocimiento. Es una escritura cifrada.

Platicando con Pamela Ocampo, editora y empresaria mexicana quien estuvo a cargo del estilismo de Yalitza para Vogue México, intentamos escudriñar un poco más este tema. 

Eduardo Limón: ¿Qué punto crees que signifique Yalitza Aparicio en las editoriales de moda? ¿Qué vuelco inaugura tras Vogue en la manera en que entendemos una historia dentro la editorialización?

Pamela Ocampo: Me pareció muy visionario de Karla Martínez de Salas, editora en jefe de Vogue México, haber puesto a Yalitza en portada cuando en otras revistas la sumaban al interior o simplemente no la trataban. Y por supuesto, al ser Vogue, que tiene el nombre más fuerte en la industria de la moda a nivel internacional, retratar a una mujer mixteca adquiere muchísimos significados.

En México existe todo un asunto de discriminación latente, la lectoría de Vogue llega a ser un poco snob, se entiende a la mujer que la consume como una persona de cierto nivel social y cierto estatus económico, y entonces, ante todo este escenario, la valentía de Karla se hizo notar. A Yalitza sólo se le había visto en el Festival de Venecia y no más; Roma ni siquiera se estrenaba. Y la ignorancia o el elitismo de la gente podía nublar mucho las cosas.

Cuando se planeó la editorial –como por octubre de 2018– Karla me invitó a hacer el estilismo, yo había escuchado el nombre de Yalitza tres veces, pero obviamente lo iba a aceptar. Me parecía un reto, porque no era una modelo ni tenía el cuerpo sample size de una editorial; pero le dije a Karla: «¡Cuenta conmigo, siempre y cuando podamos hacer lo que queramos!». 

yalitza aparicio vogue mexico dolce and gabbana

Trabajamos en un moodboard. La fotografía la haría Santiago Sierra de la dupla Santiago&Mauricio –artistas enfocados en foto y que hoy se reencuentran con su país natal tras años de vivir en New York por la falta de oportunidades aquí–. Avanzamos en las ideas. Era necesario para nosotros mostrar un pelo negro azabache, la piel dorada y otros atributos de esta mujer. Además, yo quería que todo fuera un shooting de huipiles y trajes tradicionales. Obviamente, al tratarse de una publicación para la industria, de un negocio, y que debía apoyar a los clientes que tiene Vogue, tuve que hacer un mix. Pero lo importante era generar reconocimiento.

Nos mandábamos imágenes, muchas referencias, hasta que se dio todo. El reto en el estilismo estuvo mucho en jugar con la ropa y hallar las cosas que ayudaran a mostrar la esencia del mexicano sofisticado. Después de su aparición en Vanity Fair, la serie de comentarios racistas que se suscitaron sobre una mujer indígena usando diseñadores internacionales fue una de las razones para pensar: «por ahí no va… esto no se está entendiendo». Era necesario un arduo trabajo para demostrar que México es súper elegante.

Me costó mucho trabajo convencer a algunas marcas porque la película no la habían visto todavía y la única foto que existía de Yalitza era sobre la alfombra roja de Venecia usando un Dries van Noten; tuve que hacer una hoja de su vida y explicarle a todos lo impresionante de que estuviera pasando todo esto. «¿Cómo? ¿No tiene nada más en su currículum?», me decían. Y yo les contestaba: «¡No! Y eso hace más increíble que esté en los festivales!». Se trataba de que notaran que no estaban vistiendo a Julianne Moore, a Salma Hayek, sino a una mujer que representaba muchos sueños, esperanzas e ilusiones de todo un país increíble. Se logró finalmente. Dolce & Gabbana fue la primera en decir que sí, sobre todo después de los escándalos de discriminación en que se vieron envueltos.

yalitza aparicio vogue mexico blanco y negro

Y Karla fue muy estratégica en convocarnos a quienes convocó. Por las distintas trayectorias que teníamos, las fotos saldrían bien. La moda ha cambiado mucho y todos los involucrados creemos en ser más incluyentes, reales y sinceros. Con Yalitza ése era el propósito: tomar la moda como un estandarte de cambios políticos, sociales y de conciencia. De entender que todos somos iguales.

El look con el que empezamos la editorial fue, justamente, de puros huipiles. Todos hechos por Remigio Mestas, una de las personas más brillantes en el diseño textil de México y cuya calidad está fuera de este mundo. Y es que la más alta costura de México se hace en la montañas, en la sierra; así como en París la artesanía del vestido se trabaja en los talleres de Chanel, aquí el telar de cintura, todo lo que representa el trabajo a mano, esas historias y esa iconografía que se logran después de 6 meses tejiendo, son la alta costura que queríamos expresar en las fotografías. 

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Para el pelo, decidí que necesitaba trenzarse. Sus representantes no estaban seguros, pero les demostré que era una buena idea. ¡Es lo más bonito que hay! Es la sofisticación de lo que somos. De nuestra raíz, de nuestra cultura y de donde venimos. Y ésa, la de las trenzas, es una de las fotos más reposteadas de todas; de hecho, yo quería que fuera la portada, pero no se pudo.  

Con esa foto la intención fue decir ESTO ES MÉXICO y es lo más hermoso que tenemos en sentido estético. Eso que no representa el escote, el vestido embarrado, el pelo perfecto… No. Era mostrar a alguien muy real y muy elegante. Obvio todo era de lujo. Marcas increíbles como Dior, Pomelatto, D&G, Vuiton, Daniela Villegas… pero siempre auténtica. No se trataba de disfrazarla. 

Y con esta editorial lo que pretendemos es que esa visibilidad sea consistente. Sea continua. El problema es que no hay tantas Yalitzas ni tanta gente interesada en llevar huipiles todos los días…

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Eduardo Limón: Ni tantos creativos que estemos dispuestos a hacer estas editoriales, ¿no? Y en este re-ejercicio, porque estas fotos y esta representación ya existen desde Graciela Iturbide, Pedro Meyer y demás, pero fuimos dejándolas de lado porque “ya era 1995”, “ya era 2001” y había que “pensar en otras cosas”, tenemos entonces a un Dorian Ulises, a una María Osado con GÜERXS, que son una nueva resistencia. Son otra mirada que nos reta a editores y a comunicólogos. A las marcas.

Pamela Ocampo: Y eso es lo interesante, ¡claro! Porque tenemos a Mariana Zaragoza y a Cristina Piccone, que son hermosas, pero también tenemos la diversidad que está promoviendo María Osado y la multiplicidad en México. Algo que tenemos que abrazar. No se trata de unas u otras. Es todos. Es una balanza.

Y con estas editoriales es ir junto a lo que ha hecho Dorian, por ejemplo –que el año pasado mostró con Rafa Esparza en el Whitney Museum, New York, su proyecto de MexicanoMx–; es mostrar cómo somos seres humanos muy fuertes y una nacionalidad poderosísima. Estas editoriales no son fotos porque sí; se han convertido en algo muy político. Sobre todo porque, como dices, muchos de quienes están haciendo estas editoriales lo están haciendo por su cuenta.

Estas historias son casi activismo. Y todo se trata de identificación.

Referencias: