El impacto de Yohji Yamamoto en el cine de culto japonés

Sábado, 25 de agosto de 2018 14:16

|Eduardo Limón
yohji yamamoto cine de culto japones

En el cine de culto japonés resalta la presencia de Takeshi Kitano, y junto a su nombre, el de Yohji Yamamoto; un diseñador sin el cual, el primero, no hubiera logrado la relevancia estética que hoy goza.

«El estilo es el arte de mezclar, de poner en balance y gobernar estéticamente lo que uno ama. Por lo que a mí respecta, me gusta asociar lo chic de los creadores con lo que voy encontrado en el Mercado de Pulgas. Elegir es nuestra última libertad. Llevar ropa de ciertos estilistas es como cambiar de vida. Cuando alguien me dice: "Yohji, quiero llevar tu ropa", le respondo: "Atento, no te fíes. No es así de simple”». 


Con esas palabras, Yamamoto dejaba muy en claro durante una entrevista para Elle en 1999 que su papel como couturier se acercaba más al del artista, o incluso al del facilitador de vidas y experiencias, que al de un diseñador cualquiera en la esfera del fashion. Algo así como un demiurgo contemporáneo del binomio ser-vestir.




Evidencia de esa reflexión que desdibuja sus fronteras con lo activo, que apuesta por esa estetización en su más amplio y filosófico sentido posible, es la usabilidad política y el reflejo social con las que cuentan las prendas de Yohji Yamamoto en comparación con Rei Kawakubo –Comme des Garçons– e Issey Miyaki. Para una entrevista con el New York Times, el señor Yamamoto ha dicho: «Cuando comencé a diseñar ropa hace 12 años, sabía que había dos formas. La primera era trabajar con lo formal y clásico.


La otra era ser muy casual. Y eso es lo que decidí; pero quería un nuevo tipo de ropa deportiva informal que pudiera tener el mismo estatus que la ropa formal. Así que utilizo telas resistentes, como las del ejército, o simplemente de aspecto pesado, para darle a la forma del kimono una nueva energía».


Sí. La mirada de Yamamoto ha tendido su reposo en lo casual y en la dialéctica entre Oriente y Occidente, en lo que juega con los lindes de las artes contemporáneas, aquello que transforma la indumentaria común y el actuar diario, pero sobre si algo debe destacarse aún más de su esfuerzo plástico, es que se ha valido de potentes vehículos para su entendimiento, distribución y coloquio: los filmes. 


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Kitano, reconocido director de culto japonés, ha sido el brazo derecho de Yamamoto para esa empresa que sólo habíamos visto –algunas ocasiones– en la carrera de artistas como Jean Paul Gaultier e Yves Saint Laurent. No pudo ser otro más que Kitano, estudioso y crítico de las estéticas contemporáneas, de las representaciones humanas y su relación con las políticas de la conducta, quien posibilitara y acompañara los intereses gráficos y funcionales de Yamamoto.


Después de haber realizado cintas como Violent Cop (1989), Boiling Point (1990) y A Scene at the Sea (1991), en las cuales exploraba las génesis y las consecuencias de la ley humana, los códigos yakuza y los tormentos del amor adolescente, además de otros conflictos emocionales entre amistad y familia, Kitano dirigió tres películas de la mano de Yohji.


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Brother (2000)


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En un escenario que entrelaza relaciones fraternales con asuntos del drugdealing, Yamamoto logra un vestuario sin par en donde las influencias de la mafia japonesa de los años 90 se conjuga con la cultura hip hop y chola en América. Funcionalismo y violencia en siluetas ligeras, obtusas y fuertes que contrastan tranquilidad interior con el caos de fuera.




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Dolls (2002)


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Con una historia más de amantes en su haber, Kitano solicitó a Yamamoto el styling de un filme que pretendía ternura, introspección y melancolía. El resultado fue mucho mayor que eso. Con tres historias entrelazadas por el sentido de búsqueda y amor, Yamamoto soltó su imaginación con base en los trajes típicos que usa el teatro de títeres bunraku japonés; de allí, el nombre de la producción. Colores y formas que dialogan con la tradición y el futuro, han marcado un antes y un después tanto en el cine japonés contemporáneo como en la manera en que entendemos la relación afecto-cuerpo.




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Takeshis’ (2005)


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En una ácida e inclasificable cinta de tinte autobiográfico, que resulta bastante complicada de digerir e incluso entender si no se cuenta con la atención o la paciencia necesarias, Kitano comisionó de nueva cuenta a Yamamoto para la customización de su historia. Para esa narración, Yohji hizo latente su última fase como colaborador de Adidas y sus inspiraciones más del street style o el urban.




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A simple vista, el diseño de Yamamoto parece simple y nada fuera de lo común, pero el color no debe engañarnos. Los tonos oscuros y lo terso de sus elecciones cromáticas enfatizan nuestra atención en el diseño; las asimetrías, los cortes, los lavados y los mensajes en su ropa son esos elementos que siempre privilegia el couturier. En el cine de Kitano, esa preponderancia adquiere todo el sentido posible; no es la tonalidad, sino la violencia o la caricia que posibilitan sus estructuras

Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Moda
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