Música

Así se vivió el Mute Festival

Música Así se vivió el Mute Festival

Bajo el generoso sol tapatío se llevó a cabo un festival que, a pesar de varios tropiezos como un desajuste técnico en los horarios (la electrónica es la única categoría musical que puede poner en aprietos a un staff); pero que no comprometió la calidad de los actos presentados que, debido a su enorme talla, exigieron sólo lo mejor para llevarse a cabo. Algo que resalta de iniciativas como la de Mute Records es que vienen a fortalecer la manera en que se hacen festivales en México, aportando una visión muy particular sobre cómo se organiza esta clase de eventos, al contar con un respaldo no sólo empresarial, sino también estatal, al formar parte de la enorme agenda del Año del Reino Unido en México. Esta visión parte del fundador y actual líder de la disquera Mute Records, Daniel Miller, quien desafortunadamente canceló su participación rompiéndonos el corazón, a quien la invitación a seleccionar a los artistas participantes resultó una oportunidad para destacar lo mejor de su sello. El primer ejemplo fue el sorprendente proyecto denominado Land Observations, una propuesta de “banda de un sólo hombre” encabezada por James Brooks, que se apoya de pedales y samplers para repetir una y otra vez las figuras que toca en su guitarra, misma que gracias a la gran variedad de efectos que se pueden alcanzar de esa manera, logran dar la sensación de ser una banda completa, al recorrer desde bajos hasta sonidos tan agudos como el de violines. Un gran acto de música ambiental, adecuada para sumergirse en un pozo de paz tan necesario en una ciudad como esta.

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Posteriormente, uno de los actos que más curiosidad despertaba, al menos para quienes no lo vimos en la Fonoteca Nacional, dio inicio con un alegre y vivaracho Irmin Schmidt ejecutando un DJ set en el que era indispensable revisar la obra de CAN. Lo más llamativo de su presentación fue el entusiasmo con el que realizó su selección, notándose a todo momento animado y amoroso con su esposa, intercambiando besos al aire.

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Por otro lado, la participación de Ben Frost devolvió el ánimo del festival a lo ambiental, sin embargo, con su estilo que podría etiquetarse cono "perfeccionista" al notarse exigente con la calidad de audio y manejando por sí solo los monitores, recorría la experimentación hasta alcanzar diversas tensiones. Incluso echando mano de una guitarra saturada de efectos, hubo varias semejanzas con el trabajo de Land Observations, guardando en pedales y software el secreto de su sonido.

Después del citado revés en los horarios, Liars aparecieron en escena dos horas antes de lo previsto para enloquecer al público, que en su mayoría era la primera vez que los escuchaban, y hasta organizaron un insólito mosh pit. Angus Andrew inició el show con el rostro cubierto por una capucha de colores tejida, parecida a la que engalana la portada de Mess, su más reciente álbum. Cabe mencionar que se enfocaron a interpretar muchas canciones de este disco tan enérgico y bailable como parte de su promoción, y sólo un par de los anteriores, que son un poco más “ambientales”; respaldados por una batería en vivo muy favorecedora y un brillante atardecer que de seguro los hizo sentir de vuelta en Los Ángeles.

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Después de la confusión que causaba el no saber quién subiría al escenario, Apparat se hizo presente con un DJ set que al parecer le dio una mayor libertad para explayarse en ritmos muchos más bailables y menos atmosféricos, lo cual fue algo muy bueno debido a que su actuación casi se extendió a las dos horas, quizás para compensar un poco el tiempo que Daniel Miller tenía reservado para su actuación. Y a pesar de esto hubo mucha gente que conservó una buena actitud hasta el final, puesto que alteró un poco el ritmo del festival pero lo supo resolver con mucho dance. Es difícil creer que tanta belleza alemana pueda ser real. Entonces llegó el turno de OMD, a quienes los fans más fieles esperaban ansiosos, luego de pasar numerosas peripecias para poder estar ahí esa noche. El show inició con la famosa y extraordinaria “Enola Gay”, que intensificó el entusiasmo de los presentes al ser una canción que provoca la más candente euforia, misma que se prolongó con “Messages”, otro clásico indispensable en cada presentación. Los divinos Andy McCluskey y Paul Humphreys se notaban muy complacidos al tocar, aunque a veces se tornen serios, pero luego desbordan alegría con bailes y los numerosos detalles que tienen con sus fans al saludarlos, entender sus reacciones y hasta tomar los discos que les piden firmar desde el escenario. Son tan divinos que al momento de tocar “Souvenir” detonaron unos mágicos y sorpresivos fuegos artificiales a la distancia. Luego de interpretar canciones de su disco más reciente English Electric, cerraron con la fascinante “Electricity”.

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Finalmente, luciendo una gorra de la Chivas del Guadalajara, Vince Clarke apareció, aunque bastante serio, con toda la disposición de poner a bailar al público al (auto) remezclar en su DJ set clásicos tan conmovedores como “Always” y “A little respect” de Erasure, o “Just can't get enough” y ecos de “Photographic”, de sus escasas composiciones junto a Depeche Mode, dejando fuera por esta ocasión a Swedish House Mafia y a Yazoo, otro de sus proyectos iniciales. En resumen, el Mute Festival se puede resumir como una experiencia grandiosa donde lo más importante fueron la selección musical y el espacio para disfrutar cada segundo de cada participación con un toque de cercanía, a diferencia de las producciones masivas, apretujadas y distantes en todos sentidos. Se celebra que también se conserve un ejemplo de verdadera y atinada selección (no necesariamente una “curaduría”, ya que se ha mal generalizado el término), coherente y armónica, ajena a todas esas decisiones empresariales que “eligen por elegir”, en lugar de organizar los eventos “como en familia”, como sucede con todos estos músicos que integran a la famosa e inaugural Mute Records.

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