Death Grips, la banda que entre drogas, violencia y satanismo te lleva a la locura

Jueves, 16 de noviembre de 2017 9:12

|Otto Ludewig
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Drogas, violencia, satanismo, promiscuidad, soledad y desesperación se sintetizan en el sonido oscuro de Death Grips.



La música como manifestación artística representa uno de los medios narrativos más accesibles a los que cualquiera pueda recurrir. Apreciar a un artista implica simplemente escucharle, una actividad que muchos llevamos como acto pasivo en nuestro día a día mientras hacemos otras cosas —limpiar la casa, en el carro, de fondo mientras trabajamos—; o al menos así nos han acostumbrado a apreciar este arte tan intuitivo que se encuentra presente a lo largo de nuestra vida y nos acompaña en las buenas y las malas.

 

Por ello es tan importante aprender a escuchar la música, para develar el verdadero mensaje que se esconde detrás del artista. Cada rima, cada instrumental, cada ritmo y cada canción se atribuyen a un plano más grande y complejo que termina sintetizando nuestras experiencias pasadas y futuras. Es en este punto donde la música se libera de su encadenamiento y finalmente pasa a un primer plano para el oyente; es aquí donde imtuimos en su verdadero sentido, y es aquí donde aparece Death Grips.

 


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Porque finalmente “el arte es todo aquello que refleja y moldea la realidad tal como el artista la percibe”, lo cual da campo para que en distintas narrativas el autor tenga completa libertad de plasmar distintos tópicos y realidades como venga a su antojo. Por ello tenemos tantos géneros diferentes que han perdurado, y dentro de cada estilo hay infinidad de formas de hablar y narrar la misma problemática; ya sea el amor, el odio, la religión, la fe, la política, la traición y, por supuesto, la locura.

 




¿Pero cómo suena enamorarse? ¿O estar triste? ¿Qué notas y acordes reflejan mejor lo que estamos viviendo? ¿Cómo se crea el sonido del delirio mental? La respuesta puedes estar detrás de una banda relativamente desconocida de Sacramento, California. Death Grips es difícil de definir desde el mismo momento que se tiene el primer contacto con su sonido. A primera vista, parece un grupo de hip hop cuyo vocalista MC Ride lleva las rimas entre oscuras letras y sonidos retorcidos. Pero en una inspección más detallada nos damos cuenta que aparecen elementos de otros géneros, como el noise, el industrial, el hardcore punk o la electrónica. En realidad podemos resumirlo como “música experimental”, que no hace más que vagar en todas las ramificaciones que adopta el grupo. Esta alta variedad que compone el panorama musical del trío les permite reflejar una oscura introspección del hombre moderno, del hombre que se enfrenta a una sociedad compleja y se marginaliza perdiendo la batalla contra el orden establecido.

 


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Death Grips es una banda que sólo pudo haber nacido en nuestro mundo post-moderno. Vivimos en una época en la que somos conscientes del absurdo del mundo y de sus injusticias; a su vez, nos venden la idea de encontrar la felicidad y verlo todo como un conjunto de positividades vacías. Poco a poco el individuo se abstrae de sí mismo y va perdiendo rasgos de su esencia, es un elemento más de toda la maquinaria que hace nuestro mundo. Es en este punto donde la música que representa Death Grips actúa, se convierte en el resultado del hombre afligido que vive en monotonía, y cómo todo esto lo lleva al extremo de la locura.

 




Drogas, violencia, satanismo, promiscuidad, soledad y desesperación se reflejan en las canciones de esta banda. Pero no sólo en sus letras, sino en cada elemento que conforma la vida pública de este grupo. Las vocales de MC Ride se desdibujan y pasan de la palabra dictada a gritos desgarradores, la batería de Zach Hill va desde los ritmos convencionales al complejo salvajismo de ritmos más inusuales, la producción de Andy Morin es extravagante con sampleos particulares —como ejemplo de esto, en la canción “Get Got” utiliza un ringtone que encontró en una lista de ringtones populares de Medio Oriente, además de sonidos de impresoras y motos—; por último, el arte de sus álbumes muestra esta visión tan retorcida. Además, sus presentaciones en vivo tienen largas improvisaciones, la destrucción de instrumentos, heridas graves de los propios miembros y una rara relación con sus fanáticos tanto en la vida real como en las redes sociales.



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No es fácil entrar a este sonido por primera vez, y cada vez que se escucha nuevamente surgen detalles que enriquecen todo el caos que representa Death Grips. Como la primera canción en su primer mixtape comercial, que comienza con un discurso del excéntrico y escandaloso Charles Manson hablando sobre negar las libertades personales para pertenecer a lo que la sociedad considera como “correcto”. Death Grips no es una banda que logre pasar desapercibido bajo ningún prospecto, y es este tipo de actos los que mantienen variado y diverso todo el arte que denominamos “música”, llevando sus formas y convenciones al límite con resultados extravagantes.





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REFERENCIAS:
Otto Ludewig

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