El primer LSD de John Lennon fue con su dentista

lunes, 19 de junio de 2017 7:22

|Rodrigo Ayala

Sin LSD no hubiera habido “Revolver”, disco de The Beatles que se encuentra en el puesto 3 de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos, según la revista de música Rolling Stone. Antes de explicar la razón de tal aseveración, repasemos algunos datos curiosos en torno al séptimo material de los “Fab Four”, mismo que marca la entrada de la banda inglesa en el mundo de la psicodelia.

El primer dato es que el solo de guitarra de la pieza titulada ‘Taxman’ no fue ejecutado por
George Harrison, como solía ocurrir en casi todas las grabaciones, sino por Paul McCartney, siendo uno de los mejores solos en la discografía del cuarteto de Liverpool. La segunda nota es que antes de decidirse titularlo “Revolver”, el grupo pensó en nombres como “After Geography” (en alusión al disco de los Rolling Stones “Aftermath”), “Beatles on Safari”, “Four Sides of the Circle”, “Fat Man and Bobby” y “Abracadabra”.

Antes de todo ello, un viaje de LSD fue el punto de partida para la realización de esta pieza maestra en la carrera de The Beatles, editada en 1966. Un año antes, John Lennon acudió junto con su esposa Cynthia, George Harrison y su esposa Patti a casa de John Riley, amigo y dentista de ambos. La velada se desarrollaba en términos pacíficos, la charla era amena y las risas constantes. En determinado momento, Riley introdujo “algo” en las tazas de café de sus invitados y les dijo que no quería que se fueran. También los instó a beber con rapidez sus tazas. Así lo hicieron. Después de algunos minutos, Lennon le preguntó qué es lo que estaba haciendo, a lo que Riley confesó que había introducido, junto a terrones de azúcar, LSD.

Los músicos y sus esposas decidieron abandonar la casa, molestos. Se dirigieron a un club, el Ad Lib, para seguir pasando la noche. Sin embargo, la droga que llevaban dentro comenzaba a hacer efecto en sus organismos. Al llegar a su destino creyeron que el club se estaba incendiando y que las personas gritaban pidiendo que las ventanas se rompieran. Los cuatro estallaron en risas.

Cuando se dirigieron al elevador, creyeron que éste también se encontraba envuelto en llamas y el pánico hizo presa en ellos. La luz roja que se encontraba encendida en el interior les causó tal espanto que comenzaron a prorrumpir en gritos de histeria. Patti tomaba del brazo a George y le pedía que la sacara de ahí, mientras que Cynthia rogaba a Lennon que hicieran lo mismo. Los músicos se sentían eufóricos a la vez que muertos de miedo. Tal vez creían que estaban en el infierno y que en cualquier momento un demonio los alcanzaría para despedazarlos. «Fue como si de repente nos encontráramos en medio de una película de terror. La habitación parecía estar cada vez más grande», dijo Cynthia Lennon.

Las puertas se abrieron y penetraron en el club. El sentimiento de miedo no los había abandonado en lo absoluto. Cuando se sentaron notaron que las mesas medían decenas de metros y que se perdían en la distancia. Escalofriante. Un cantante que trabajan en el club le preguntó a Lennon y sus amigos si podía sentarse un momento con ellos, a lo que John respondió airado y confundido: «¡Sólo si permaneces callado!», al tiempo que la mesa se hacía cada vez más larga.

Después de algunas horas en las que las risas y las extrañas conversaciones imperaron en su mesa kilométrica, las parejas decidieron marcharse. A bordo del auto de Harrison, los cuatro pasajeros se sentían histéricos y fuera de control. Lennon recuerda que tenía la sensación de que el auto viajaba a una velocidad endemoniada cuando en realidad avanzaba despacio. Las risas de Harrison eran nerviosas y le pedía constantemente a John que ya no lo hiciera reír más. En entrevista para Rolling Stone, Harrison declararía: «Tuve una sensación tan abrumadora de bienestar, de que había un Dios, y que podía verlo en cada hoja de hierba. Era como ganar cientos de años de experiencia en 12 horas».

Aquí viene uno de los datos más reveladores acerca de ese tétrico y fantástico viaje. A ojos de Lennon, la casa de George era un inmenso submarino amarillo del cual él era el piloto. Mientras los demás dormían, él comandaba el vehículo, navegando por territorios jamás explorados. Es muy probable que de este acontecimiento haya nacido la idea para la canción ‘Yellow Submarine’, el track 6 de “Revolver”. Interpretada por Ringo, se trata de una de las piezas más emblemáticas de la era psicodélica. La percepción adquirida con el viaje místico gracias a la droga impulsó a la banda a la búsqueda de nuevos sonidos, así como letras más arriesgadas, introspectivas y alucinantes. La portada misma del disco fue revolucionaria y psicodélica, plagada de figuras que brotaban de los oídos de los músicos para crear una experiencia visual única y nunca antes explorada por la banda.

Después de esta experiencia, John y George convencieron a los demás de probar la droga. Ringo Starr se mostró interesado de inmediato, mientras que McCartney fue un poco más reacio a hacerlo, ya que siempre demostró cierto recelo a este tipo de sustancias. A partir de aquí se entretejió una relación estrecha y larga de la banda con el LSD…

21 de marzo de 1967. La banda se encontraba en pleno proceso de grabación del mítico “Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band”, la joya absoluta del rock psicodélico, en los estudios Abbey Road. Para soportar otra de las largas sesiones que al grupo le esperaban, John Lennon tomó una píldora de una caja donde guardaba diversas pastillas. Por error, era una píldora de LSD e inició uno de sus viajes en el estudio. Después de algunas horas en las que intentó tocar se dio cuenta de que sus movimientos eran lentos, por lo que el grupo interrumpió la grabación.

En un gesto de amistad, que sería recordado por el productor George Martin en su libro “All You Need is Ears”, McCartney se hizo cargo de su amigo y lo llevó en su coche hasta su casa ubicada en Cavendish Avenue: «Esa consideración de Paul al llevar a su casa a John fue típico de uno de los mejores aspectos de su persona».

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Fuentes

Rolling Stone México
Almanaque del rock




REFERENCIAS:
Rodrigo Ayala

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