Cómo se usa la música en la guerra

Cómo se usa la música en la guerra

Por: Rijeos -

La relación, el entendimiento, el disfrute y el análisis de las diferentes disciplinas artísticas llevaron al músico a una mayor sensibilidad para entender su posición en la sociedad, su ubicación frente al arte, y así desarrollar una ética artística y profesional; de la misma manera le ayuda a conceptualizar cada vez más su propia filosofía artística.
Esto lleva a entender que la inspiración tiene innumerables fuentes, los artistas y las personas en general experimentan la inspiración de distintos modos y en momentos diversos.

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La música siempre ha sido una disciplina artística conocida por despertar emociones en el interior, ya sean positivas o negativas; esto se debe a que a lo largo de la historia el hombre ha estado profundamente ligado a ella, de tal manera que es natural adjudicarle distintos sentidos y contextos que se han utilizado con fines un tanto oscuros.

Desde las primeras batallas libradas entre las más antiguas civilizaciones humanas, la guerra y la música han estado interconectadas entre sí, a tal grado que los instrumentos utilizados para tocar melodías o composiciones en el campo de batalla han adquirido un poder simbólico en la mente de las personas que las pelearon, y por consecuencia, en su descendencia.

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La función que la música ha cumplido en la guerra se puede dividir en dos partes: la primera, como un medio de comunicación y la segunda, cumpliendo un chantaje psicológico. Esta intimidación mental puede ser rastreada desde batallas romanas, griegas e, incluso, rivalidades narradas en el antiguo testamento. Instrumentos de viento, percusiones y gaitas escocesas yacen históricamente como algunas de las herramientas más eficaces para debilitar psicológicamente al enemigo en el campo de batalla, a tal punto que ciertos instrumentos fueron prohibidos por el imperio inglés en 1746, después de ser utilizados por los escoceses para derrotarlos, y poco tiempo después fueron empleados por ellos mismos. 

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La música ha sido descrita en múltiples libros de guerra como "un eficaz medio de comunicación entre comandantes y sus soldados", por ejemplo, una trompeta era un muy buen medio para transmitir órdenes debido a su tono penetrante y capacidad de alcanzar gran volumen. Una orden mal percibida o peor aún, mal entendida, podía ser tan peligrosa como el enemigo mismo, y las señales transmitidas musicalmente podían ser escuchadas claramente sobre el caos sónico de armas de fuego en combate. 


Uno de los más notorios ejemplos de cómo la música fue utilizada para sacar ventaja sobre el enemigo se dio durante la Batalla de Oudenarde, en 1708, en el trascurrir de la Guerra de Sucesión Española, en la que percusionistas tocaron la melodía de retirada francesa tan bien, que parte del ejército francés se marchó del campo de batalla. Fue durante esta guerra que los gobiernos empezaron a integrar y utilizar esta disciplina artística como un medio que otorgaría valor a los soldados en las formaciones. 

Los Aliados, conformados por la URSS, Estados Unidos y Reino Unido (entre muchos otros) adoptaron la Sinfonía No. 5 del notorio compositor y pianista alemán Ludwig Van Beethoven como la música que simbolizaría su victoria en múltiples películas, conciertos y diferentes tipos de propaganda, esto se debe a que el motivo central de la composición está formado por tres notas de Sol y un Mi bemol, lo cual corresponde, en clave Morse, a tres puntos y una línea, que a su vez generan la letra “V” de Victoria. 

Otra de las composiciones musicales de mayor peso generada durante esta guerra fue la Sinfonía No. 7 (subtitulada Leningrado), de Dmitri Shostakovich. Esta pieza musical generó un enorme apoyo a la Unión Soviética alrededor del mundo gracias a las dramáticas condiciones en las que fue creada. En julio de 1941, mientras las fuerzas alemanas bombardeaban y destruían la ciudad, Shostakovich comenzó la tarea de crear esta composición en el tiempo libre que tenía entre turnos de servicio como bombero del Ejército Rojo. En octubre del mismo año, "El Kremlin", una legendaria fortaleza en el centro de Moscú, ordenó que Shostakovich fuera trasladado a Kuybyshev para completar la obra en paz y lejos de una de las violencias más horríficas de los últimos tiempos.

Un crescendo de 13 minutos que simbolizaba el implacable avance de las fuerzas alemanas hizo tan popular la pieza que cuando finalmente llegó a Estados Unidos, después de paradas estratégicas ultra-secretas en Israel y Egipto, Arturo Toscanini y Leopold Stokowski sostuvieron una riña por tener el privilegio de ser el primero en conducir la pieza. Stokowski ganó.

 

Después de tan enérgico bombardeo musical, el Tercer Reich acudió a una rica bóveda repleta de magníficas composiciones de genios musicales alemanes como Mozart, Bach, Schubert, Beethoven, Schumann, Brahms y Wagner para generar su propia propaganda sonora ya que había probado ser tan eficaz. Wagner resultó ser el compositor antisemita utilizado por Goebbels (la mano derecha del Reich) para conferir honor, prestigio y orgullo a las fuerzas e ideologías del régimen Nazi, a tal punto que en la década de los treinta se llegó a rumorar que la ahijada del compositor Winifred estaba destinada a convertirse en la esposa de Hitler.

 

La efectividad de estas composiciones se puede medir en relatos encontrados en campos de batalla a lo largo de esta inhumana y costosa guerra, por ejemplo, en 1942 en el frente de un campo de batalla en Rusia, se encontró un diario en el bolsillo de un soldado alemán muerto que acababa de regresar de Berlín. Una de las últimas cosas que escribió fue respecto a un concierto al que había ido: “Ayer escuché la novena sinfonía de Bruckner… y ahora entiendo por qué peleamos”.

 

La música ha sido utilizada por comandantes de ejércitos para engrandecer el valor de sus soldados por siglos, no obstante, esta técnica sigue vigente en la ac tualidad, por ejemplo, cuando soldados americanos estaban listos para tomar la ciudad de Fallujah en Iraq, los generales ordenaron colocar música de fondo donde se pudiera. Bocinas en Humvees y en las mochilas de los soldados reproducían la canción “Hells Bells”, de AC/DC, mientras la canción alentaba a los soldados americanos familiarizados con la composición, quienes la disfrutaban, el enemigo se vio desorientado y confundido, lo que era de esperarse, pues la canción fue incesantemente reproducida por varios días y noches.

Esta disciplina, también, fue explotada durante la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989, cuando el líder panameño Manuel Noriega se refugió en la embajada del Vaticano, las fuerzas norteamericanas colocaron bocinas alrededor de la edificación con “Heavy Metal” y hora tras hora bombardearon a Noriega con este género que sabían despreciaba. Supuestamente la música se utilizó para silenciar negociaciones por medio de radio entre el General Noriega y sus adversarios, no obstante, la música también sirvió para elevar la moral de los soldados, y cuando los estadounidenses se enteraron que la música molestaba a Noriega, aumentaron el volumen y Noriega se entregó.

La música es utilizada comúnmente para torturar o “romper” la mente de detenidos en prisiones como la de la Base Naval de Estados Unidos, en la Bahía de Guantánamo, Cuba. Los prisioneros son colocados durante horas, incluso días, en cuartos aislados y se les pone música a volúmenes dolorosamente altos. Mientras el recluso se encuentra en ese cuarto, la misma canción se repite constantemente y el volumen se mantiene al máximo. Un detenido que fue trasladado de una prisión en Marruecos a la de la Bahía de Guantánamo comenta al respecto: “Cuando te sientes torturado físicamente (como experimento en Marruecos) sabes que el dolor eventualmente parará, pero la experiencia de volverte loco como resultado de tortura por música es algo bastante diferente”.

En 2003 salió a la luz que la CIA utilizaba inocentes canciones infantiles como instrumento de tortura para largos e intensos interrogatorios en las prisiones de Guantánamo y Abu Ghraib. El compositor de la música de Plaza Sésamo, Christopher Cerf, descubrió que algunas de sus obras habían sido utilizadas con ese fin, así que se embarcó en una aventura para investigar qué hacía de la música algo tan poderoso y estimulante.

“Melodías de Guerra” es el resultado de la investigación de Cerf en el que habla con psicólogos, presos torturados con sus canciones y soldados quienes participaron en los interrogatorios. El documental revela un documento en el que los servicios médicos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) describían minuciosamente los métodos de tortura que tenían permitidos los agentes, que no dejan huella como el ruido y la música a alto volumen, pero que tienen devastadoras consecuencias mentales.

“Se trata de conseguir dejarte en estado casi vegetal, en el que estás dispuesto a cualquier cosa con tal de que te bajen el volumen de la música”, relata un prisionero de Guantánamo en una de sus conversaciones con Christopher Cerf.

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Sin embargo esta práctica no es nueva. Miembros del Ejército Republicano Irlandés, presos en el norte de Irlanda en la década de los setenta, recuerdan el uso de música reproducida a altos volúmenes a través de las tuberías de sus celdas. Esta fue la peor parte de su experiencia. Algunas de las canciones más utilizadas en la actualidad para torturar prisioneros son:

• Deicide – "Fuck Your God" (una de las favoritas)
• Nancy Sinatra – "These Boots Are Made for Walking"
• Metallica – "Enter Sandman"
• Queen – "We are the Champions"
• Rage Against the Machine – "Killing in the Name Of"
• Eminem – "White America"

Pero la composición musical más eficaz para torturar prisioneros es la canción “I Love You”, de Barney el Dinosaurio. 

 

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Referencias: