Intervalo del diablo: la presencia del mal en la música medieval

Intervalo del diablo: la presencia del mal en la música medieval

Por: Rijeos -


La historia de la música medieval comienza necesariamente por la Iglesia. El ambiente teocéntrico predominante de la época permeaba cada ámbito de la vida. Toda acción estaba sujeta a lo religioso. Dios era la medida de todas las cosas y hegemonizaba la visión del mundo. Gracias a esto, la música perdió su existencia independiente y se sometió al control y al servicio de la Iglesia, quedando así en un lugar vulnerable en el que sólo podía ser entendida a partir de ella.
Durante las misas, el único tipo de arte admitido era la música y por ello debía ser impecable, pues era utilizada para establecer la doctrina; pretendía regular los giros melódicos que provocaban en el hombre efectos moralmente reprobables y lograr a través de ella un grado de espiritualidad. Se utilizaba para crear una atmósfera ultraterrena e inspirar temor, alejando la experiencia subjetiva y las emociones del terreno religioso.

musica en la edad media
Es debido a este control teológico que durante la Edad Media se prohibió el uso de un intervalo musical: la cuarta aumentada o también llamado diabolus in musica o ‘intervalo del diablo’’. Este intervalo conformado entre do y fa sostenido sugería la presencia del diablo en la música y llegó a convertirse en un símbolo del mal.
El origen de la cuarta aumentada se debe a la redistribución de la escala musical que sucedió en la Edad Media, ya que en la antigüedad solía comenzar en la, hasta que Guido D’Arezzo (ca.1050), monje italiano y teórico musical, realizó dos innovaciones vitales: el pentagrama de líneas horizontales y el nombre de las notas de la que hoy es la escala mayor. Él se encargó de poner do al principio; dejando el si como séptima nota y con ello un desajuste, un sonido disonante al abarcar tres tonos enteros.

tritono
Sin embargo, lo interesante es cómo pasó de ser una prohibición técnica a una prohibición religiosa. El contexto, y en particular la Iglesia, fueron los encargados de dotarla de un carácter maligno. No era realmente la nota musical, era mas bien la experiencia que podía llegar a evocar en un contexto tan mediatizado por la religión. La música del diablo no es otra cosa que la búsqueda de la antítesis e imagen negativa de ésta. Este sonido tan directo era visto como una amenaza para la iglesia por pasar de lo espiritual a lo corpóreo.

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La Iglesia se esforzaba en la música de manera general y no individual. El canto de la Iglesia debía ser la voz de la misma, no la del individuo; la monotonía de las plegarias, las lecciones, las epístolas y los evangelios, con sus fórmulas de entonación para marcar signos de puntuación, el canto de los salmos o el austero marco en el que se daba la misa, tenían como propósito dar objetividad a unas palabras que podían derivar erróneamente en sentimientos subjetivos, y este intervalo rompía con todo esto.
Además del intervalo, hubo otras formas de representar o asociar el diablo con la música. Se  pensaba en “algunos instrumentos ligados al Diablo, la danza del diablo, los juglares como ayudantes del diablo, animales y monstruos músicos”; el mal colándose en la música. Dentro de los instrumentos diabólicos se mencionan el tympanum y la fístula, pues se usaban en mitos paganos y existían representaciones de estos siendo tocados en fiestas bacanales. Por otro lado las danzas del diablo son parodias en las que los ángeles guiaban a las almas al cielo y explotaban ahí a los hombres con danzas para su entretenimiento.

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tympano
La música desde la antigüedad tenía un carácter dionisiaco, era aquello que se relacionaba con Baco, con la fiesta y la entrega a los placeres carnales. En oposición a esto, la Iglesia buscó usar la música de modo contrario, dándole un carácter divino que condujera a la espiritualidad, pero al mismo tiempo quería establecer control sobre el fiel predicando la doctrina a través de ésta y entonces la hacía dicotomica.

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El concepto corresponde a una realidad no objetiva; se deja llevar por la atmósfera y el entorno que lo rodea, dotando de múltiples significados un intervalo que en sí mismo no contiene el bien ni el mal. Pero para la mente medieval cristiana es un reflejo de algo superior, enraizado en el mito, la teología y la filosofía. Este intervalo puede pasar de ser siniestro a excitante, de diabólico a divino en tanto el contexto lo requiera. La música y lo que de ella se pensaba estaba sujeto a desaparecer en tanto encontrará una forma nueva.

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Referencias: