Josh Homme, el rock and roll no necesita ser salvado

Josh Homme, el rock and roll no necesita ser salvado

Por: Enrique Tena -


 En una época en la que una invasión de música hecha por computadoras, nuevas y diferentes maneras de distribuir y apreciar propuestas, así como miles de nuevos movimientos, no resulta extraño que se generen opiniones sobre la posible extinción del rock and roll, de aquellos memorables años en los que los rockstar abundaban y una guitarra gritaba lo de mil voces. Lo cierto es que la esencia de rebeldía, melodías con fuerza y ritmos que provocan un inmediato movimiento de cabezas, siguen presentes en las evoluciones del género.
Joshua Michel Homme III se ha convertido en el embajador de este mensaje gracias a su actitud desafiante y la trayectoria de una verdadera leyenda. Su carrera comenzó en la escena desértica de California como guitarrista de la legendaria banda Kyuss, la representante de la esencia del stoner rock; género que se enfoca en un sonido un tanto lo-fi al componerse de guitarras estridentes y distorsionadas, ademas de una experimentación fuerte en la psicodelia; este movimiento lleva en la cocina más de dos décadas, y alcanzó una madures excepcional en el culto del desierto californiano.

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Tiempo después, al dejar Kyuss, Homme decidió comenzar su  proyecto solista, en el que se involucró su ex compañero y amigo de toda la vida: Nick Olivieri. Tomando un nombre de chiste, la banda decidió bautizarse como Queens of the Stone Age. Crearon un álbum homónimo, seguido por Rated R, el que representó su verdadero debut, cuya música proponía una salida distinta a los sonidos comunes de los 90; estos se basan en la continuación del legado del blues, que habían dejado bandas como Zeppelin, pero que igual imprimía, de manera obligada, un sonido que transporta a los paisajes desérticos de aquel movimiento underground; el sonido de este disco se alejaba mucho de aquel movimiento californiano de bandas de hard rock.
"Ahhh, I need a saga, whats a saga? its songs for the deaf, you can´t even hear it!".


Songs for the deaf
 consiguió reflejar la madures de la banda; uno de los mejores álbumes conceptuales de todos los tiempos,  con la simple intención de tomar una camioneta, un par de cervezas y manejar por el desierto, mientras se navega por la radio.
El disco contó con la colaboración de Dave Grhol en la batería;  además de la actitud destructiva de Nick Olivieri, creando una combinación como pocas en la historia del género. La recepción del proyecto fue masiva, canciones como "No one knows" y "Go with the flow" se convirtieron en éxitos de la radio y televisión, poniendo en alto la calidad de riffs poderosos y fuertes golpes en la batería, un concepto de saturación a lo largo del disco, que logra tener al espectador al tope del acelerador y la orilla del asiento. Songs for the deaf es el ejemplo claro de lo que representa un álbum de rock de principio a fin, una delgada línea entre saturar el sonido y crear una verdadera obra de arte, la cual refleja la actitud que se decía extinta en esos tiempos.

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Homme se encontró con su pasado, un amigo de la infancia con quien decidió emprender un nuevo proyecto con la pura intención de formular una imagen de lo que representa la actitud del rock, sin tener que entrar a una de las tendencias establecidas en ese tiempo: The Eagles of Dead Metal está formada por Jesse Hughes y Josh, un duo poderoso que toma una postura de rockstars clásicos, dejando en claro que en este género la actitud es gran parte de la batalla.
Muchos aseguran que Josh y compañía son los responsables de salvar el rock and roll, pero él sólo responde  que el rock no necesita ser salvado: "cuando pienso en salvar el rock and roll, me imagino a un bajista en apuros que necesita ser salvado".
El también productor ha impulsado a bandas que ya se posicionaron como símbolos de la cultura del rock; un claro ejemplo es su colaboración en el tercer álbum de los Arctic Monkeys: Humbug, considerado uno de los mejores discos de la banda.

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En 2009 llegó el momento de la reunión tan esperada: Dave y Josh, sumándose al equipo la leyenda del rock John Paul Jones, bajista y genio silencioso de Led Zeppelin, creando así el super grupo: Them Crooked Vultures, una agrupación cuyo único propósito es crear buena música,  y definitivamente lo lograron. Pero, aunque tuvieron un gran éxito comercial,  no fue el esperado por las grandes compañías.
Este puede ser considerado un disco de culto, ya que es un capricho para los amantes del género, un suceso inesperado que no sabemos si vuelva ocurrir; lo puedo comparar con observar un cometa, no cualquiera lo ve, pero quien logró apreciarlo lo recordará toda la vida, esperando a que vuelva a pasar.

Lo que parecía una simple operación resultó ser una experiencia de vida, una manera distinta de ver las cosas y cambiar la forma de pensar del artista; se sabe que durante la cirugía Josh murió por tres minutos, al regresar tuvo que mantenerse un largo periodo en reposo, durante el cual entró en depresión. El único resultado: Like Clockwork, un viaje hacia las tinieblas del cantante, una oscura travesía de lo que es el instante de muerte; la epifanía expresada por Homme en la que nos trata de decir que puede dejarlo todo a cambio de cosas reales, porque los importantes no  son los que se van, sino los que se quedan. El álbum cuenta con  una colaboración de Nick Olivieri, después de que se creía una relación muerta entre los dos, baterías tanto de Grhol como de Joey Castillo y voces de Alex Turner, Elton John y Trent Reznor; todo como si pareciera una visita al Josh de parte de todos sus compañeros de vida. Los sonidos y dinámicas que presenta el disco parecen indicar el camino a seguir por muchos de los proyectos emergentes, sin abandonar los clásicos lamentos de la voz de Homme y las chillantes guitarras de la banda.
Referencias: