Aretha Franklin, la chica "desvergonzadamente negra" que cambió la historia del soul

Miércoles, 12 de septiembre de 2018 14:02

|Alder Hugo Corona Amador.
la historia de aretha franklin

La música e historia de Aretha Franklin, la reina del soul, abarca mucho más que su éxito, descubre lo que quizá no sabías de esta gran cantante

Hay quienes fueron tocados por dios, quizás él hable a través de ellos porque ya saben: obra en misteriosas formas. Dios le dio un trazo perfecto a Diego Velázquez, hizo que Michael Jordan jugará basquetbol; ellos entrenaron, practicaron y con los años perfeccionaron sus habilidades, pero al nacer habitaba algo dentro de sus mentes, debían crecer para inspirarnos. De todos los milagros de Dios, uno de los más grandes fue la voz que le obsequio a la hija de un pastor de Tennessee. Donde los afroamericanos enfrentaban retos muy graves, Dios decidió manifestarse en la voz de una chica y su nombre era Aretha.


Si retrocediéramos cincuenta años en el tiempo y llegáramos a los 60, escucharíamos a los Beatles en alguna, o varias, estaciones de radio, atestiguaríamos la llegada del hombre a la luna o el asesinato televisado de John F. Kennedy. Un movimiento pacífico venido desde San Francisco sería el tema de conversación, la revolución musical y psicodélica; el uso proliferado de drogas, la apertura sexual, los movimientos comandados por estudiantes, la lucha constante por la convivencia, la tensa calma de la guerra fría.


Con los 60 vino la época en que al soñar pretendimos cambiar al mundo, con la adultez de esa generación se separaron los Beatles, murió Hendrix, hubo en total 22 misiones Apolo y el ánimo se disipó. Fue, en retrospectiva, una época repleta de conflictos, el mundo si cambio, como cambió el día en que murió Martin Luther King. Si estuviésemos presentes en la congregación que se dio cita frente al monumento a Lincoln, en la capital estadounidense, el 28 de agosto de 1963, escucharíamos la frase: “Yo tengo un sueño hoy, en el que un día mis cuatro hijos puedan vivir en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel, sino por su persona”, era el auge del movimiento a favor de los derechos civiles.


En vísperas de ese sueño, escribieron canciones, un joven de Minnesota cantó Blowin' in the Wind durante la marcha. El reverendo King dio su discurso y la historia entera volvió su atención para escucharlo, Sam Cooke lo oyó y decidió escribir A Change is Gonna Come. Aún con las asombrosas capacidades de Cooke, la canción alcanzo su más bella interpretación gracias a Aretha Franklin y en su voz podemos entender el ímpetu de King, los años de lucha, la insensatez del sueño que se atrevió a contar. La capacidad vocal de Franklin está en su facilidad de apropiarse de las letras, en su interpretación histriónica, la sencillez con la que transporta al oyente y lo sumerge en la empatía.




Tenía doce años cuando dio a luz a su primer hijo, a los catorce grabó sus primeros temas para la iglesia de su padre, C. L. Franklin. Pasó su infancia en la Iglesia Bautista de Detroit, donde adquirió sus raíces cristianas y su amor por el góspel, que en años posteriores, permearía en su carrera discográfica.


Nació por y para el blues, ni más ni menos que en el musicalmente histórico, Memphis, Tennessee. Su madre se llamaba Bárbara y también era cantante, a temprana edad abandonó a su hija para morir a un par de años transcurridos. La pequeña Aretha se negó a recibir lecciones de piano, sin embargo se convirtió en una pianista sobresaliente gracias a la instrucción de Mahalia Jackson, Clara Ward y Albertina Walker, a quienes solo escuchaba en la radio; de oído pudo desarrollar una habilidad sorprendente.


Su identidad escénica fue resultado de su aptitud para asimilar distintos aspectos de los artistas a quienes admiraba y moldear una personalidad que era propia de una diva. Frente al público podía ser desgarradora, exploraba el entablado mientras pasaba el micrófono de manos, al compás de un aplauso rompía en llanto y conmovía a la concurrencia con su acto que tocaba las fibras de la más pura música afroamericana.





Con quince años concibió a su segundo hijo -tendría 4 en toda su vida-, ninguno de sus niños tuvo el apellido de sus padres, heredarían el apellido Franklin y serían criados por su madre. Con una vía prometedora, Aretha contrajo nupcias con Ted White, un proxeneta quien haría las veces de su representante. El matrimonio trajo consigo un contrato discográfico para dar paso a una fructífera carrera y una vida doméstica en la que la familia padeció de violencia. La primera etapa artística de Aretha, fue bajó el sello Columbia, donde pese a su calidad vocal, no obtuvo la calidad que vendría junto a la relación con Atlantic Records.


El fichaje de Aretha Franklin por parte de Atlantic dio lugar a I Never Loved a Man the Way I Love You, que fue la primera muestra del perfeccionismo al que se podía aspirar con esa voz. Había una revolución en las calles mientras Franklin emprendió otra dentro de los estudios de grabación FAME en Muscle Shoals. Junto a sus hermanas, por primera vez en su vida grabó la música que ella quería, sin los moldes de su padre o la iglesia en Detroit. Llegaba a los micrófonos con sus propios demonios: la desazón de su matrimonio, los excesos de su marido con el alcohol y unas ganas de vivir, que se hundían.


Con su primera vez en el top de las listas de popularidad, Aretha redescubrió el soul, le dio sentido a la interpretación; más grande, mejor incluso que Billie Holiday.


¿Pero cómo puede un disco hacer temblar una década? Era una combinación perfecta: la voz y las palabras precisas. Un tema como Respect no pudo ser más emblemático que en el pecho de Aretha y el sentimiento que se desprende de ella. La lucha en las calles también tomo significado, para mujeres, para afroamericanos, porque una artista con la tesitura más privilegiada que se hubiera escuchado, estaba pidiendo respeto. Era tan fuerte, tan elocuente que no podía callarse y avivó a la generación que cambió todo: la política, la música, el arte.





En su época, no había una mujer afroamericana tan visible como ella. Era tan desvergonzadamente negra que inevitablemente conjuro a un mito a su alrededor. Lucia adornos en el cabello que recordaban a la “cultura afro”, joyas, una manera de dirigir al público que aludían a sus fundamentos, como un coro de una sola persona. Se negó a entretener a las revistas como Time y los llamados “hechos alternativos” de los disturbios; pese a su ahínco, el destino la convirtió en la primera mujer negra en la portada de la misma publicación, a ser considerada la novena mejor artista en la historia y la mejor cantante según Rolling Stone.


Para 1969, Aretha se separó de White, se mantuvo hermética en relación a su vida personal y procuró incitar su ímpetu artístico de formas alejadas a la introspección. Su estilo vehemente en el escenario nos deja enfocar solo una fracción de sus sentimientos, pero así debió ser, Aretha está ligada a la escena, las candilejas y el glamour que convierte a la persona en un emblema, en este caso de la excelencia.


Con su apogeo, Franklin se ofreció a pagar la fianza de Ángela Davis, quien había sido acusada de asesinato, secuestro y conspiración. Davis era una estudiante afroamericana, miembro de las panteras negras y abiertamente simpatizante del comunismo. Las pruebas en su contra eran presumiblemente débiles y el caso se apreciaba como obra de odio hacia la raza e ideología de la detenida.





A finales de 2015, el centro Kennedy recibió a Carole King para presentarle reconocimiento. Como es usanza, distintos personajes interpretaron temas de los compuestos por el artista distinguido. Entre los invitados, acudió Aretha para mostrar lo que sería, la versión definitiva de (You Make Me Feel Like) A Natural Woman. Salió en un vestido dorado y un enorme abrigo, Carole la saludó con un beso desde el balcón en el que paso observando el acto y cuando la dama, que venía a rendirle honores, se coloca al piano, todo quedó eclipsado. Una chispa se encendió para gracia de los oyentes, con ella había la certeza, sabíamos que si era ella quien cantaba, se cantaría bien.


La ceremonia tuvo la presencia del entonces presidente Barack Obama, quien se dejó ver derramando el llanto, quien al ganar la elección en 2008 dijo: “Ha sido un largo tiempo, pero esta noche, el cambio ha llegado… ”, refiriéndose a la canción A Change is Gonna Come. El sueño de Martin Luther King, una canción de Sam Cooke y la interpretación de Aretha Franklin ayudaron a que un hombre negro fuese el líder de una nación, donde 50 años atrás, los individuos de color debían usar sanitarios distintos al del resto.




Ahora que ha muerto Aretha Franklin alguien debería cubrir todos los pianos, cerrar los telones y apagar las luces de este viejo teatro. El amor no puede durar para siempre, como la estrella más brillante del cosmos, terminará por apagarse; pero aún el fulgor de los astros muertos perdurará por eras completas posteriores a su deceso. Que los dolientes pasen sollozando y que los artistas de todo el mundo lleven listones de luto, la hija del reverendo deja el micrófono y un estruendoso aplauso la envuelve para despedirse.


El siglo XX trajo dos guerras mundiales, una enorme depresión económica e hizo cernir sobre nosotros la amenaza de una era nuclear, debía dios decir algo. Ya saben cómo es esto, no hay nada que pueda decirse que no se haya dicho en un disco. Donde no hay certidumbre, puede haber una canción y fe. Ya nos encontraremos con Aretha, un día en muchos años.


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Alder Hugo Corona Amador.

Alder Hugo Corona Amador.


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