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El día que Marilyn Monroe hizo famosa a una de las mejores cantantes de jazz de la historia

26 de octubre de 2017

Ciro Medina

El ícono de Hollywood jugó un papel importante en la fama y el verdadero reconocimiento de uno de los hitos del jazz

En honor a la verdad, la historia ha sido un poco injusta con las rubias. Y algo de eso quizá haya sido culpa —aunque no realmente— de la más icónica de todas: la bella actriz que cautivó durante años a la audiencia del cine hollywoodense: Marilyn Monroe. Aunque ni siquiera era una rubia natural,

Norma Jeane Mortenson, quien posteriormente sería archiconocida con su nombre artístico y se instauraría en la cultura colectiva como un sinónimo de la belleza femenina y un símbolo sexual. Los papeles que encarnaba Monroe en la ficción del cine de cierto modo la encasillaban en la vida real. Al convertirse en un ícono, arrastraba un estereotipo: el de la mujer frívola y superficial, simplemente tonta, que sólo podía resaltar por sus imponentes atributos físicos y encanto, mas no precisamente por su agudeza y astucia, mucho menos por un carácter más intelectual de su feminidad. De hecho muchos sostienen que
una película le bastó a la "Rubia de Oro" para arruinar su vida y acabar con el feminismo
. Sin embargo, en su vida privada Monroe tenía un profunda sensibilidad artística e intelectual, como lo demuestra
su extensa y sustanciosa colección de libros, así como su pensamiento, plasmado en sus frases legendarias y poderosas.



Otro gran capítulo relegado en la historia de la vida de Monroe, así como de la historia de la música moderna y del jazz, es el día en que jugó un rol importante para hacer conocer a Ella Fitzgerald, llamada la "Primera Dama de la Canción", una de las piedras angulares del jazz y una de las voces femeninas más importantes que ha pisado la faz de la Tierra. Nunca está de más recordar sus interpretaciones y su trascendencia para el mundo de la música y del arte en general. Puedes encontrar su presencia en el desarrollo y auge del jazz, como consta en la serie documental Jazz, del cineasta Ken Burns, o echarle un vistazo a estas 9 películas para aprender sobre el género. Esto sucedió un poco antes de que Monroe y Einstein fueran perseguidos por el FBI.



En 1972, la cantante afirmó: "Le debo mucho a Marilyn Monroe". En realidad a Fitzgerald le bastaba y sobraba su talento para hacerse camino por sí sola, pero las circunstancias y el contexto que vivió no eran los más favorables. Prejuicio, exclusión y racismo era la divisa, no sólo en lo político, sino en lo social y en lo cultural. Su carrera iba en lento ascenso desde los años 30, cuando empezó a cantar swing, blues, baladas y jazz con la banda de Chick Webb después de haberse dado a conocer en el circuito por ganar un concurso en el Teatro Harlem, en Nueva York. Aún faltarían algunos años para que los senderos de Monroe, en Los Ángeles, y de Fitzgerald, en la Gran Manzana, se cruzaran.

Los años 50 fueron duros para la rubia de Hollywood. Harta de ser un estereotipo andante, se enfrascó en una especie de viaje de autodescubrimiento. En Nueva York se sumergió de lleno en la escena musical y comenzó a asistir a un concurrido y famoso club nocturno llamado Mocambo, frecuentemente visitado por estrellas de la gran pantalla y en el que catapultaron sus carreras figuras como Frank Sinatra, por dar un ejemplo. Tal vez hubo una especie de reconocimiento en su búsqueda, al escuchar la voz de Fitzgerald. Un vínculo emocional y artístico entre dos mujeres que buscaban romper con barreras que les imponían. Fitzgerald no fue la primera —ni la última— persona de color en deleitar a la audiencia en el Mocambo, pero quizá no hubiera sorteado las dificultades de obtener una oportunidad en semejante escenario si no hubiera sido por Monroe, quien convenció al propietario del club para que agendara una serie de conciertos y a cambio ofreció asistir todas las noches y sentarse en primera fila.



La estrategia funcionó a la perfección. La actriz cumplió su parte del trato, lo que le aseguró a Fitzgerald una audiencia fija y reconocimiento mediático. La voz de la Reina del Jazz cautivó a las personas presentes —incluidos grandes empresarios del espectáculo— noche tras noche. La prensa hizo el resto. Finalmente recibía el reconocimiento que su desbordante talento merecía. "Después de eso no tuve que volver a cantar en pequeños clubs de jazz", diría décadas después la jazzista. He ahí un gran gesto de solidaridad y de valoración genuina de parte de Monroe hacia la grandeza y sinceridad absoluta del verdadero arte.

***

Escucha estas canciones de jazz que debes escuchar con la luz apagada junto al amor de tu vida.

TAGS: Jazz Marilyn monroe historia de la múscia
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Ciro Medina


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