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MUSICA

El punk que al morir fue esparcido en la tumba de Jim Morrison

Por: Alonso Martínez 22 de septiembre de 2017

I don't need anyone

Don't need no mom and dad

Don't need no pretty face

Don't need no human race.

-"Sonic Reducer", The Dead Boys

Gritos sobre el escenario. La ronca voz saliendo de los amplificadores, rompiendo una ventana dentro de nuestra mente. Su cuerpo semejando una convulsión se mueve de izquierda a derecha en movimientos irregulares. La batería parece pelear por seguirle el paso. La violencia está frente a todos. El micrófono rebota sobre su piso. Está enfermo, fuera de sí, perdido en el ruido del verdadero punk, ése que lo vio crecer. En sus ojos cerrados se encuentra el CBGB, su ascenso con los Ramones y su futuro como el ícono underground desinteresado. Pero de pronto, todo llegó muy lejos: el sujeto tomó una cuerda y se colgó durante la presentación. Era parte del show, hasta que no lo fue. Aunque, según allegados, lo había hecho antes, ese día se excedió y perdió la vida.

Stiv Bators de The Lords of the New Church quedó inconsciente hasta que, por fortuna, logró regresar a la vida a los pocos momentos, listo para continuar sus hazañas y trabajar en su legado dentro del mundo del punk.

Ese fue el segundo encuentro de Stiv Bators con la muerte. Nacido Steven John Bator, hasta el día de esa infame presentación, Stiv era el chico punk por excelencia, pero no era similar a Joe Strummer de The Clash, Johnny Ramone, ni a Johnny Rotten, su alma le pertenecía puramente a la violencia, rebeldía y locura de la escena. No quería experimentar, no deseaba quedarse en la historia popular ni ser mencionado, sólo deseaba vivir por la sangre, la poesía y la decadencia que retrataba en sus letras. Su siguiente enfrentamiento con la muerte sería acompañado de una inhalación y la tumba de Jim Morrison.

Bators fue parte de The Dead Boys, una de las primeras bandas de punk que emergieron en la escena neoyorkina junto con los Ramones, sin embargo, este grupo no parecía compartir los mismos ideales que el resto de sus contemporáneos y, de hecho, su actitud violenta, que pretendía mantener pura la rudeza del punk, es lo que hacen que él sea uno de los padres del hardcore, género que tomaría fuerza años más tarde. El primer encuentro que tuvo con la muerte fue en 1978, cuando él y unos amigos se enfrentaron con otro grupo de personas, lo que tuvo como resultado que el vocalista fuera apuñalado 17 veces, lo cual le provocó problemas con el resto de la banda. Bators se rehusó a seguir las exigencias de Sire Records, su disquera, que le pidió se ajustaran al estilo punk que se estaba popularizando en Inglaterra, provocando la molestia de sus compañeros Cheetah Chrome y Johnny Blitz, lo que terminó con The Dead Boys.

Años después Bators se uniría a The Lords of the New Church, banda que, aunque menos ruda, cambió el panorama del género durante los ochenta, mezclándolo con post punk pero sin calmar la violencia del frontman. Sus shows cada vez eran más extraños y su comportamiento más errático. Aunque no se comenta demasiado, era un adicto y se veía durante sus presentaciones. La banda nunca llegó al mainstream pero le daba al vocalista todo lo que necesitaba. En total, y añadiendo sus álbumes como solista, lanzó 11 trabajos que mezclaban el hardcore, power pop, post punk, y hasta un poco de hip-hop, al igual que varios miembros de la escena, siendo L.A L.A su trabajo más reconocido.

Irónicamente no fue su actitud violenta, las drogas, ni sus hazañas sobre el escenario lo que acabó con su vida, sino un pequeño accidente y su desinteresada actitud hacia el mundo. Era junio del 90 y aunque el punk se disipaba, el hombre continuaba cambiando la escena desde el under. Todo iba bien hasta que súbitamente fue arrollado por un taxi mientras visitaba París. Fue enviado al hospital, donde estuvo esperando a que le hicieran un análisis, pero como pensó que no había sucedido nada grave y que era una pérdida de tiempo, decidió irse a casa a descansar. Se fue a dormir a su habitación del hotel y nunca despertó.

Se cree que falleció debido a una contusión provocada por el golpe.

De acuerdo con su amigo y compañero de banda Dave Tregunna, Stiv quería que sus cenizas fueran esparcidas sobre la tumba de su ídolo Jim Morrison, quien lo influyó a lo largo de su carrera. Sin embargo, antes de que eso sucediera, su novia de ese momento pidió inhalar un poco de su ceniza para «tenerlo cerca».

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Aunque la vida de Bators no terminó como muchos lo imaginarían, tuvo una conclusión que honra el legado que dejó. Su cuerpo terminó dentro de la nariz, garganta y pulmones de su última fanática y encima del sitio de entierro de uno de los poetas más grandes de la historia del rock. Sobrevivió a puñaladas y una muerte segura, sólo para terminar libre, sucio, siendo parte de los restos de un pasado que ya nunca volverá.

Escucha Disconnected, el primer álbum solista de Steve Bators:


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