Música

Violeta Parra, la mujer que revolucionó el folk latinoamericano

Música Violeta Parra, la mujer que revolucionó el folk latinoamericano

La vida de Violeta Parra -quien vivió de forma intensa y libre- transcurrió por medio mundo -sobre todo por los llamados Países del Este de Europa-, tras recorrer todo Chile. Compositora, amante de la música, inspiradora y fuerte, seguro te preguntarás ¿quién fue Violeta Parra? en este texto descubrirás y te enamorarás de ella, su música y su vida.

Es importante conocer las voces que vieron florecer el canto latinoamericano de punto a punta y que recorrieron kilómetros para llegar hasta el más recóndito lugar del mundo. Hoy caminaremos brevemente por las huellas de una de las cantautoras más importante de nuestro idioma, hay que mencionar su enorme influencia sobre algunos artistas contemporáneos que han versionado sus letras poniéndole un toque especial, con sonoridades latinas y ambiente folclórico.


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Se trata de la artista chilena Violeta Parra, nacida el 4 de octubre de 1917, en San Carlos, Chile. Fue hija de Clarisa Sandoval (campesina) y de Nicanor Parra (profesor de música). Hoy podemos festejar más de cien años de gozo poético y revolucionario que Violeta destilaba con su guitarra, evocando su canto armónico que trasmitió por toda América Latina. Violeta es hermana del poeta Nicanor Parra. Por aquellos años de 1926, Violeta empezó a tomarle cariño y amor a la música juntos a sus hermanos Eduardo, Hilda y Roberto; más tarde en la cúspide de su carrera musical colaboraría con su hermano Nicanor creando canciones en la cuales ambos añadían de su conocimientos artísticos. Desde muy temprano ya demostraba ser una mujer que contagiaba el raigambre chileno desde su raíz, por ello abandonó los pupitres y las aulas para comenzar a entretejer sus anhelos y en 1937 llegó a Santiago de Chile, ahí comenzó su pasión desbordante cantando en ‘El Popular’, un restaurant ubicado en la Avenida Matucana y en los boliches del barrio ‘Mapocho’ junto a sus hermanos; ahí interpretaban tangos, boleros y música mexicana explorando el repertorio bohemio de aquellos momentos. Entre el ir y venir de su vida, Violeta se enamoró y casó con Luis Cereceda con quien tuvo dos hijos: Ángel e Isabel, quienes ejercieron la profesión de su madre poniendo aún más alto su apellido que ya entonces era popular, los Parra crearían un núcleo de energía y culto artísticos, tanto en la música como en la literatura.


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Para 1948 se separa de Cereceda y un año después nace su hija Carmen Luisa producto de su matrimonio con Luis Arce y 1952 nace su hija Rosita Clara cuando contrae nupcias con Enrique Bello Cruz. Violeta ya concebía un mundo donde la justicia y la felicidad fueran posibles a cada minuto, con su hermana Hilda se hacen llamar ‘Las Hermanas Parra’, interpretaron canciones populares y mantuvieron su trayectoria hasta 1953. Al siguiente año viajó por primera vez a Europa , como invitada al V Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Varsovia. Ya allí, se trasladó a París, donde realizó presentaciones y residió por dos años, compartió una cultura distinta haciendo de ello un hito en su carrera y un cambio representativo, pues cuando volvió a su país comenzó a explorar el canto tradicional: las cuecas.


Su incursión a diferentes índoles artísticas como: pintura, escultura y cerámica, sumado a su ya reconocida faceta como cantautora, la colocan como una de las mujeres más representativas del folclor nacional chileno. En Sudamérica tuvo gran reconocimiento por su brillante repertorio musical. Violeta grabó más de 15 álbumes de estudios y dejó un extenso catálogo con canciones inéditas, mismas que con el pasar de los años ha surgido de manera sorprendente. En 1999 se publicó ‘Violeta Parra en Ginebra’ un concierto ofrecido en Suiza por la chilena en 1965, que se mantuvo en la sombra durante mucho tiempo.


Gracias a la Vida




La trayectoria y reconocimiento que hoy se le otorga le han sido del todo justas para la mujer que exploro un mundo pintoresco, chilena de corazón y amante de la cultura latinoamericana. Fue investigadora del folclore chileno y gracias a tan sublime acto, sus conocimientos se vieron reflejados en composiciones como: ‘Yo Canto La Diferencia’, ‘Una Chilena en París’, ‘Qué dirá el Santo Padre’, ‘Rin del angelito’, ‘Maldigo del alto Cielo’, ‘Según El Favor del Viento’, ‘La Carta’, ‘Run run se fue pal Norte’, ‘Volver a los diecisiete’ y ‘Gracias a la vida’. Orgullosamente sus canciones han sido interpretadas por muchos artistas en países como: Argentina, Colombia, Perú, Estados Unidos, Corea del Sur, Israel, México, Inglaterra, Brasil, Francia, Finlandia, Canadá, entre otros. Del mismo modo, diversos artistas le han dedicado canciones, como la peruana Chabuca Granda le dedicó su canción ‘Cardo o Ceniza’, Mercedes Sosa ‘Gracias a la Vida’, Nacho Vegas ‘Maldigo del alto Cielo’, ‘Joaquín Sabina ‘Violetas para Violeta’ y el cubano Silvio Rodríguez le escribió el tema ‘Carta a Violeta Parra’, por mencionar algunos.




En 1965 regresó a Chile, en su país natal creó un centro comunitario para las artes y el activismo político, ahora llamado Centro Cultural La Carpa de La Reina, que tuvo un éxito moderado. Poco después, y tras algunos intentos fallidos, Violeta Parra se suicidó a los 49 años. 


Han sido más de cien años de tradición y festejo armónico, suena fácil y es en cuestión de segundos cuando la palabra muere en la boca, Violeta comparte el culto chileno con personajes tan ilustres como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Manuel Rodríguez, Víctor Jara, San Alberto Hurtado, por mencionar algunos. Recordemos a Violeta como cada quién se recuerda así mismo, única y apasionada por su canto y su folclor.





Referencias: