El inolvidable día que los Ramones tocaron en el Balneario de Pantitlán

Martes, 28 de noviembre de 2017 17:47

|Alejandro Arroyo Cano
ramones en el balneario de pantitlan

En estas dos fechas, los Ramones tocaron un total de 32 canciones que provocaron un orgasmo simultáneo durante casi tres horas.


En las lejanas y áridas tierras del oriente de la Ciudad de México se encuentra un lugar que durante décadas ha sido el punto de encuentro para personas que, abotagadas por el incandescente sol de verano, desean darse un chapuzón sin importar los alarmantes niveles de pH del agua. No, no es un conglomerado de piletas y flotadores en forma de patito; tampoco se trata del tradicional Acapulco en la azotea. Aquello que se alza entre la Colonia Agricola Oriental y el Aeropuerto Internacional de México es el mítico Ex-Balneario Olímpico de Pantitlán, mejor conocido por sus asistentes como el Balneario de Pantitlán.


Ahí, entre palmeras bañadas con la brisa de alberca y enamorados que llevan de lunch una sopa Maruchan de camarón —para sentirse más en la costa—, se experimentó un acontecimientos histórico; uno que es tan punk que compite con cualquier alocada fiesta del CBGB. ¿Por qué tal aseveración? De entrada, darse un chapuzón en una alberca miada es un acto punk y segundo, porque entre toboganes, piscinas kilométricas y una jaula de frontón, los Ramones dieron un show que marcó la vida de miles de chilangos.


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La euforia comenzó cuando en diferentes bardas de la ciudad de México se colocó el póster del evento. El encabezado decía: «¡En México y totalmente en vivo. Ramones». Los días seleccionados fueron el 26 y 27 de septiembre de 1992. La entrada tenía un costo de 60 mil pesos, un precio exorbitante a primera vista, pero que cobra sentido al tener presente la devaluación del peso mexicano que existía en ese entonces.


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Desde las primeras horas del día, miles de personas comenzaron a llegar al recinto. Los despistados se metían a las albercas y veían sorprendidos a los punks que deambulaban por las instalaciones con sus chamarras de piel y mohawks erectos. El Balneario de Pantitlán se llenó de un olor a pachuli y mota, después llegó la impaciente euforia por ver a los héroes del punk rock, pero antes de soltar el primer "Hey Ho, Let's Go" había que chutarse a los teloneros. Ellos eran Aquelarre, una banda de Tampico, y Los YAPS.


Apenas sonó «One, two, three, four», el típico conteo de Dee Dee Ramone, el slam se desató sin tener piedad por la edad, sexo o estado de ánimo. Si estabas ahí era porque te ibas a rifar y arriesgar el cuerpo, todo para ver a la banda de punk rock más importante de la historia. La velada inició con "Durango 95" y "Teenage Lobotomy", a partir de ahí el ambiente se hizo más sofocante e intenso. Miguel Arias, uno de los asistentes al concierto, recuerda que él y su amigo estaban en medio del mosh pit cuando un morro llegó y les pidió que lo lanzaran al aire para hacer body surfing. Así de intenso estuvo el ambiente.


Esas noches Ramones tocaron un total de 32 canciones que provocaron un orgasmo simultáneo durante casi tres horas. De aquellos míticos días nos queda este documento fílmico que bien podría calificarse como una joya.



Aunque Ramones regresaría al siguiente año, este concierto pasó a la historia como uno de los más caóticos y frenéticos. Ya sea por las monas de a mil baros (un peso para nuestro días) que vendían en la fila para entrar o el portazo que se dio para que entraran cientos de punks, la tocada en el Balneario de Pantitlán es un recuerdo que nunca se borrará de la mente de los asistentes y hoy la compartimos contigo para que descubras que en México también se goza el rock.


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