A partir de la conjunción de sonidos que poco a poco van creando una armonía sólida, seductora y motivadora, las personas entregan su alma y fe a una canción. En ella vierten recuerdos, sensaciones y sueños. Por eso las melodías pasan a formar parte de uno, porque como una extensión de los sentimientos, revelan lo que el corazón oculta. Cada bombo en un latido, cada nota un anhelo. Mi vida es mi música, lo que soy y lo que seré.
Quizá estas palabras no las reflexionan muchas personas, pero sí las sienten. Porque todos guardamos algo de nosotros en los sonidos. Si alguien llegase a insultar, despreciar o rebajar lo que escuchamos, la fiera que llevamos dentro atacaría con un zarpazo mortal para aniquilar a los seres insensibles que no supieron entender la relación que hay entre la música y nosotros.
Por eso cuando alguien nos dice: “Recomiéndame algo”, la primera reacción es la de dudar. ¿Seríamos capas de revelar nuestro tesoro, nuestra esencia, a una persona que apenas conocemos? O reformulando la pregunta: ¿Nos quedaríamos desnudos ante la otra persona? Cada uno debe medir la gracia o desventura de este acto. Si se toma la decisión de hacerlo, hay que rezar para no recibir una puñalada por la espalda de aquella persona que ahora nos tiene en sus manos.
“Aquel odio reafirma nuestra individualidad y amor propio; enaltecemos lo que somos y no cambiaremos hasta la muerte”.
Ya entrados en sintonía sobre la importancia de la música, valdría la pena cuestionarse por qué odiamos otra música. La respuesta va en relación directa con el discurso ya dicho. Amamos la música porque vemos algo de nosotros en ella. Odiamos la música porque nada tiene que ver con nosotros y, lo más importante, va en el sentido opuesto a lo que somos.
Los estudios de musicología dicen que hay una relación directa entre las canciones y lo que somos socialmente. Si amamos el rock es porque tenemos un espíritu contestatario, contracorriente y subversivo. La gente que escucha los géneros de moda representan todo lo que no queremos ser. Esa es la razón del intenso odio. En parte está bien y en parte está mal.
Aquel odio reafirma nuestra individualidad y amor propio; enaltecemos lo que somos y no cambiaremos hasta la muerte. Esta idea puede ser la mejor ideología que podemos tener ante la vida, pero también hay que saber ser tolerantes, respetuosos y ocupar este factor a nuestro favor. ¿Cómo? Haciéndonos más fuerte al conocer los secretos del enemigo. Al igual que nosotros, la respuesta del enigma está en su música.
Al escuchar sus canciones entramos en aquel mundo extraño y conoceremos su alma desnuda. Quiénes son, qué piensan, qué aman o qué les disgusta. Podemos tomar algo valioso de ellos o es mejor apartarnos. Puede que las palabras suenen muy duras, pero escuchar la música que odiamos nos sitúa un paso adelante en la carrera de sobrevivencia.
Quizá nuestra vida no corre peligro, pero sí nuestra ideología, puesto los que escuchamos buena música somos una minoría. Cada día las masas van tomando el control del mundo; los medios de comunicación producen contenido para ellos y, por tanto, la sociedad y cultura se amolda a sus precarios pensamientos que nada saben sobre el arte, la estética y la armonía.
Escucha ‘Fuck da Police’ y otras canciones que quisieron destruir a la policia y al sistema.
“Al escuchar sus canciones, entramos en aquel mundo extraño y conoceremos su alma desnuda. Quiénes son, qué piensan, qué aman o qué les disgusta”.
Su música y todo lo que consumen se asemeja al terrorífico monstruo de Mary Shelley. Un ser sin forma que se sostiene casi por un acto mágico. Lo que representa va en contra de los valores de originalidad y gracia que tanto profesamos. Y cuando menos lo esperemos, nos devorará para convertirnos en su igual, en un objeto vacío; sin brillo, elegancia o sentido.
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Hay que escuchar la música que odiamos para sobrevivir; para mantener la verdad viva, lo bello y lo sublime. De lo contrario, el mundo se ahogaría en la incertidumbre, lo horrible y la mentira. Nosotros somos lo únicos cuerdos en este mundo de locos. O al revés, somos los locos que pueden cambiar la el rumbo de la historia y matar lo absurdo y el sinsentido. Escucha las 10 canciones de protesta que enfrentaron al sistema para saber por dónde hay que empezar el cambio o conoce conoce la historia de la mujer que le canta y le llora a un país herido.