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Richard Wagner, el último gran compositor romántico que fue opacado por la banalidad contemporánea

1 de febrero de 2018

Leon Felipe

A pesar de ser una gran admirador de Wagner, Richard Strauss se convirtió en uno de sus mayores opositores

Para los cinéfilos tal vez la gran referencia de Richard Wagner está en Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979). En una escena icónica, una avanzada aérea de los marine sobre una costa vietnamita es "amenizada", bajo las órdenes de un desquiciado comandante, con "La cabalgata de las valquirias", pieza que da inicio al tercer acto de La valquiria, la segunda ópera de la trilogía El anillo del nibelungo, y que en la cinta vibra desde el aire a través de unos parlantes instalados en helicópteros. Ciertamente una imagen de la gloria que insuflaba el compositor con su música. En ese sentido, el estereotipo del romántico aún está vigente en películas, novelas, imaginario colectivo, etc. Éstos buscan el ideal de todas las cosas. Es decir, tratan de alcanzar algo que sólo se halla en las ideas disfrutan de la soledad, miran la lluvia, la oscuridad, el sol, las plantas y en todas ellas encuentran el sustento de la vida, alejados de la razón, cruel, fría, “realista”. Con la aparición del despotismo ilustrado, las naciones dejaron atrás las ideas del derecho divino y se preocuparon por expandir su mercantilismo. Asimismo descubrieron una nueva forma de conquista: la económica. Los países con superflotas navales y militares comenzaron un expansionismo hacia el oriente. Los choques culturales fomentaron que el nacionalismo surgiera con mayor fuerza y las sociedades retomaron características propias de sus países en épocas pasadas, parecido a lo que quiso hacer Napoleón con Francia, con el fin de no perder la identidad en la mixología cultural del expansionismo.

El nacionalismo exaltó lo mejor de cada país. Sin embargo, inspiró una intolerancia cultural por todos y contra todos. Una xenofobia parecida a la de los Estados Unidos, pero entre europeos, que se sumergió en las venas culturales. Entre todo el caos surgió uno de los más grandes compositores de todos los tiempos, más allá de Beethoven.


Richard Wagner


Richard Wagner, además de ser un gran compositor, también estuvo envuelto en escándalos políticos, ya que se le conocía una postura antisemita bastante radical. No obstante, su música trascendió en Alemania y Europa central, al grado que muchos críticos satanizaban a aquellos que intentaban reinventar el sonido wagneriano. Los radicalismos nacionalistas sobrellevaron a la música por un tiempo a nuevas ideas estéticas, lo que dirigió al romanticismo. Wagner fue el exponente de la época dorada, con obras como El anillo del nibelungo, Los maestros cantores de Núremberg, El oro del Rin, La valquiria, Parsifal, Sigfrido y Lohengrin, por mencionar algunas.

La hegemonía wagneriana conocería la cúspide del éxito hasta la llegada de Richard Strauss. A pesar de tener una gran admiración hacia Wagner, se convirtió en uno de sus mayores opositores, tal vez no directamente, ya que en su biografía se dice que era sumamente cercano a la familia de Wagner.



Tras algunos éxitos, Strauss se preparó para desafiar al régimen wagneriano, pero no directamente, sino que su postura anarquista, distinta a la de Wagner, quien creía en el régimen monárquico, lo llevó a desarrollar la ópera Guntram, cuyo principal sustento es el abandono de la nación por encontrar la individualidad del sujeto. En su etapa de preproducción, según el libro El ruido eterno: escuchar al siglo XX a través de su música, de Alex Ross, Strauss le envió el libreto a Alexander Ritter (músico importante de la época) y le contestó que la ópera era inmoral e infiel a Wagner, ya que el personaje principal no se apega al nacionalismo romántico que Wagner había dejado. La primera piedra fue lanzada, el día del estreno fue un éxito, por lo que el imperio wagneriano empezaría caer junto con el romanticismo.

Los soles caminaron y Richard Strauss preparó su obra maestra, que el día del estreno juntaría a algunas de las grandes mentes: Mahler, Giacomo Puccini, Arnold Schoenberg. Se rumora que Hitler también estuvo presente. La ópera, conocida como Salomé, se estrenó en 1906, en Graz, Austria. Aunque fue prohibida en Viena durante algunos años, disfrutó de remover muchos de los paradigmas que Wagner había dejado en el entorno cultural.


Richard Strauss en un ensayo para el acto de apertura de los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936


Salomé es la historia de una princesa que se enamora de un prisionero llamado Jochanaan, pero como éste es devoto de Dios no se puede permitir caer en la lujurias de una mujer. No obstante, Salomé le jura que besará su boca. La buena noticia es que su padrastro está enamorado de ella y haría lo que fuera por obtener algo de su parte. La misma noche que conoce a Jochanaan, el rey Herodes le propone a la princesa que baile para él a cambio de cualquier cosa. Tras complacerlo, lo único que pide es la cabeza de Jochanaan en una bandeja de plata, para besarla.



Más que burlarse de la religión, Strauss quería mostrarle al mundo lo que los personajes eran en esencia: humanos con tantos defectos como una tragedia griega permitiese ver. Todo lo opuesto a lo que Wagner hacía con sus obras, por lo que se podría considerar la primera ópera de la modernidad de acuerdo con el libro Opera, de Alan Riding, y con esto el fin del romanticismo.

Aunque muchos estigmas culturales (no musicales) se rompieron con la obra, el romanticismo dejó un vacío que después sería llenado con la banalidad de la época contemporánea, a lo que Lipovetski denominó la era del vacío. Ahora la música está volviendo a lo antiguo, a lo primitivo, lo mágico: los ritmos tribales están teniendo un gran predominio sobre la música, y más que evolucionar parece como un grito desesperado por volver a la época romántica donde las valquirias caminaban por los cielos.

***

Digan lo que digan, escuchar música es un placer que hace de tu vida algo mejor. Como las bebidas alcohólicas, cada quien escoge su veneno. Sea rock, sea rap o sea pop, algo te deja. Lo que no se puede negar es 
el efecto Mozart y las bondades de la musicoterapia
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TAGS: Historia de la musica música classic art
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Leon Felipe


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