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El esquizofrénico adicto al LSD que no conocías y es mejor que Syd Barrett

2 de febrero de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

«Por fin supe quién era: un monstruo, un gremlin, un goblin, un vampiro, un fantasma y un alienígena con el cerebro gigante».



El rock tiene a un místico y esquizofrénico que escribió el mejor cuento de ciencia ficción surrealista de todos los tiempos:


«¡El mundo se acabará antes incluso de empezar! Yo he tenido un montón de encuentros con marcianos. Me gustaron mucho Encuentros en la tercera fase y La guerra de las galaxias, una película sobre marcianos que se dan de hostias unos a otros. Yo era un marciano, ya no lo soy, pero también dije que si tuviera una pistola no la utilizaría contra nadie».



Si no entendiste nada, no te preocupes. Yo tampoco. Pero lo fascinante de ello es el personaje que se encuentra detrás de estas palabras (que no son un cuento sino una declaración hecha a la revista Ruta 66 en marzo de 1995): Roky Erickson, pionero del rock psicodélico y el horror rock, primero con la banda The 13th Floor Elevators, con quien su carrera despegó hasta alcanzar el estatus de banda de culto, y luego como solista.


Entre Roky y Syd Barrett, quien necesita escasa presentación, existen varios paralelismos que los hermanan como seres atormentados por ideas visionarias y comportamientos extravagantes. Ambos fueron las mentes maestras en sus respectivas bandas y adictos al LSD, sustancia con la que perdieron la cordura de manera progresiva hasta el punto de desembocar en una esquizofrenia. Tanto The 13th Floor Elevators como Pink Floyd son grupos fundamentales cuando se habla de rock psicodélico, ya que encarnan el espíritu primigenio de este movimiento musical.


Syd Barrett


Erickson creció en un hogar cuyas cabezas ya estaban tocadas por algo anómalo desde que él era un niño. Su padre fue un alcohólico que prácticamente permanecía en silencio el 90 % del tiempo, sentado en un sillón, ignorando a su esposa y viendo pasar la vida mientras en su mente se agolpaban pensamientos llenos de enigmas. Roky encontró en la radio y la música la compañía y el escape que necesitaba para lidiar con una situación familiar irregular.


Gracias a la radio conoció a sus ídolos Buddy Holly, Keith Richards, Eric Clapton y Little Richard. Entonces tomó una guitarra, se dejó crecer el cabello y comenzó a componer canciones, entre ellas uno de sus grandes éxitos: “You’re Gonna Miss Me”. Durante esta andadura musical conoció al poeta Tommy Hall y a su esposa Clementine, quienes le dieron a leer libros de Nietzsche y Aleister Crowley además de invitarlo a formar parte de su reciente proyecto musical: The 13th Floor Elevators, un grupo que estaba innovando a nivel sonoro y lírico.



The Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators fue el debut en 1966 de la banda y el comienzo de una historia que llegó para revolucionar lo que se estaba haciendo en aquel entonces. Las bandas estaban demasiado centradas en la dulzura y espiritualidad del folk, pero The 13th Floor Elevators estaban volando por el cosmos gracias a los alucinógenos, marihuana y otras linduras que se metieron en el estudio y fuera de él. La técnica del jug empleada por ellos fue decisiva para que el grupo se hiciera único entre los demás; ésta consiste en acercar una botella al micrófono soplando en ella para crear sonidos de toda clase. Tommy Hall era un maestro del jug.  



En 1968, Roky Erickson comenzó a escuchar extrañas voces en su cabeza que le hablaban de manera incesante diciéndole cosas terribles. Para hacerlas callar ya no le bastó con la marihuana y el LSD, sino que se hizo adicto a la heroína. El descenso a los infiernos debido a esta sustancia fue el principio del fin para el músico: su salud comenzó a desmejorar, faltaba de manera constante a los estudios, durante días enteros nadie —ni siquiera su esposa— sabía de él, y llegó el día en que la policía lo detuvo por ir caminando por la calle con marihuana. Para que la justicia no le condenara a prisión, su manager tuvo una "genial" idea: declaró que Roky no estaba bien de sus facultades mentales y en lugar de ir tras las rejas entró a un sanatorio mental.



Roky pasaba los días aislado del resto de pacientes mientras seguía componiendo música, a tal grado que montó una banda de rock con otros que, al igual que él, tenían dotes artísticas. Su médico de cabecera recuerda con cierta gracia lo ocurrido con aquella banda de dementes: «El bajista había matado a dos niños, violó a la madre, la acuchilló con un bolígrafo y le sacó un ojo, el guitarrista había matado a sus padres y otro había violado a un niño y lo había asesinado después».


Así eran los compañeros de Roky, encerrado en un manicomio con decenas de psicópatas sólo por fumar un cigarro de marihuana. Las voces seguían irrumpiendo en su cabeza y los doctores decidieron que tenían que intervenirlo con terapias de electroshock. Al antes cantante de The 13th Floor Elevators le frieron la cabeza y jamás volvió a ser el mismo. Tres años más tarde, después de múltiples trámites y gastos monetarios, Roky por fin pudo salir para intentar recuperar su carrera como músico y pionero del rock psicodélico… Pero ya todo estaba perdido.



Roky tenía la idea de que era un extraterrestre, incluso lo firmó ante notario público en una carta donde destacaba no pertenecer a la raza humana y no violar ninguna ley terrícola al afirmar sobre su origen lejos de este planeta. 


Las resacas del LSD, su esquizofrenia y el trauma de haber estado encerrado en un sanatorio fueron las causas para que su mente volara más allá del piso 13 y se perdiera en la inmensidad del espacio exterior. Él, junto con el ya mencionado Syd Barrett, además de los músicos Brian Wilson y Skip Spence son el ejemplo perfecto de la peligrosa mezcla de genialidad, locura y drogas. En 1980, durante una entrevista concedida a Nick Kent del portal NME, dijo que era amigo del diablo.



También dijo en otra ocasión que su vida podía resumirse en tres fases: «Primero, un cristiano; después, un demonio, le vendí mi alma al diablo y, por último, por fin supe quién era: un monstruo, un gremlin, un goblin, un vampiro, un fantasma y un alienígena con el cerebro gigante».


Dentro de los varios intentos del cantante por retomar su carrera musical destacan el disco The Evil One bajo el nombre de Roky Erickson & The Aliens‎, una obra editada en 1981 por el estudio independiente 415 Records que todo amante del rock y las letras basadas en historias terroríficas deben escuchar en este instante. Se trata de un disco más enfocado al hard rock con letras que dejan ver la obsesión de Roky por los temas sobrenaturales del cine de terror de los 50 y los personajes extraños como vampiros, zombis, perros bicéfalos, demonios o fantasmas. Gente como Rob Zombie y aquellos que han hecho una carrera con parafernalia satánica tras sus espaldas deben mucho a este disco.



Actualmente Erickson continúa haciendo algunas presentaciones en ferias y eventos pequeños en su natal Austin, estado de Texas, al lado de su banda Roky Erickson and The Black Angels, con la cual incluso grabó un DVD en vivo donde se le puede observar en buena forma. Como homenaje a su carrera, en 2006 se rodó el documental You're Gonna Miss Me —el cual puedes ver completo en el enlace de abajo—, en el que se relata de manera pormenorizada la vida de este cantante que no goza de la popularidad de gente como el mismo Syd Barrett, pero que sin duda resulta fundamental para entender no sólo el nacimiento de la psicodelia en el rock n´ roll, sino la capacidad de una mente de valerse de la locura para brillar intensamente.



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Músicos como Roky Erickson nos enseñan que la genialidad muchas veces va de la mano de la tragedia. Su vida nos enseña que el rock va más allá de ser un simple género musical para convertirse en un reflejo social, espiritual y cultural de una época. El rock psicodélico tiene en Roky a uno de los artistas más geniales y desconocidos de toda la historia, cuya carrera será un legado de oro para las siguientes generaciones de músicos que quieran descubrir lo que hay más allá de la razón.


TAGS: Rock en inglés Grandes artistas Rock
REFERENCIAS: Jot Down The Guardian Austin Chronicle

Rodrigo Ayala Cárdenas


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