Slowdive, la banda que debes escuchar si no te gusta que te miren a los ojos

Martes, 7 de noviembre de 2017 14:02

|Cultura Colectiva
slowdive

Slowdive mantiene la mirada clavada en el suelo, donde se encuentran los pedales y distorsiones características del shoegaze.



Mirada abajo, reverberación, oscuridad, estridencia, repetición, delay, flanger. Todos estos conceptos son claves en la composición del subgénero shoegaze, concebido a finales de los años 80 en el Reino Unido. El término es un anglicismo resultado de juntar las palabras shoe, que significa zapato, y la palabra gaze, que significa mirar fijamente. Fue bautizado así debido a que los integrantes de las bandas no hacían contacto visual con el público, sino que mantenía la mirada clavada en el suelo, donde se encuentran los pedales y distorsiones características del género. Así practicaban el shoegazing.



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En un inicio este subgénero solamente se dio a conocer en el Reino Unido —con bandas como Oasis y Blur, por ejemplo—, pero después se expandió a varias partes del mundo como Estados Unidos, Canadá, España y Argentina. Uno de los grupos más influyentes es Slowdive, formado en 1989 en Reading, Inglaterra. El nombre de la agrupación surgió a partir de un sueño de Nick Chaplin —bajista de la agrupación— y de una conversación con Rachel Goswell —encargada de la voz y la guitarra—, que derivó en su nombre actual y una referencia a un sencillo de uno de sus grupos favoritos: Siouxsie and the Banshees.



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Con Slowdive hablamos de una de las bandas pilares de este efímero movimiento musical, el cual fue solapado y rebasado por el grunge de Nirvana, entre otros. Pero no por lo anterior fue menos valioso o tuvo poco impacto. Y como ejemplo de ese valor encontramos a los ingleses de Slowdive, un conjunto que es sinónimo de reflexión e introspección. Y es que después de haber estado 22 años prácticamente desaparecidos de la escena —y tras haber lanzado Souvlaki en 1993, un disco que se convirtió en el cimiento del Shoegaze— han regresado con un álbum homónimo.



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“Slomo” es el tema que abre el disco, nos da la bienvenida con dos minutos y 10 segundos de base instrumental, entre guitarras teñidas de reverb y una batería sutil al fondo. Después comienza una especie de diálogo entre Rachel Goswell y Neil Halstead —también voz y guitarra en el conjunto—, en el cual somos sumergidos en una ensoñación.

Give me your love, it's a curious love
Give me your heart, it's a curious thing
Our lady of the shipwreck is
Running thru the storm
Her skirts blown back, hands to the fore



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El siguiente tema, titulado “Star Roving”, lleva un ritmo más electrizante y dinámico; hasta que en un instante nos dan un respiro que sirve para volver a tomar fuerzas de donde podamos, ya que comienza una serie de coros —otra característica fundamental del súbgenero— que son el preámbulo a la explosión de guitarras discordantes y la voz guía.





En “Don’t Know Why”, una de las favoritas, somos testigos de la perfecta sincronización de lo estruendoso, lo melódico y lo rítmico. Es la ejemplificación ideal de la naturaleza del shoegaze: armonioso, ensordecedor, recargado y energético. Por otro lado, “Sugar for the Pill”, nos posiciona en un estado de relajación melancólico y depresivo; como si tomando una pastilla nos pudiéramos olvidar de todo lo que nos aqueja.


Only lovers alive, running in the dark





“Everyone Knows” es otro emblema de este disco homónimo. Comienza con una guitarra estruendosa, seguida de un coro casi angelical de Gowell; todo se tranquiliza hasta que llega el fragor de nuevo y la atmósfera continúa, digna de diferentes interpretaciones según tu perspectiva y tu ánimo. El ambiente en esta canción roza lo genial, porque te hace cansarte —metafóricamente hablando—, para después revivirte y llenarte de energía a base de chorus.


Continuamos en esta travesía con “No Longer Making Time”, que inicia con unos golpes ligeros de batería y una guitarra melancólica, llena de eco; pero de nuevo, tal como en las melodías anteriores, de repente surge un cambio de ritmo y ahora nos dirigimos a un vacío musical, para que después vuelva a reinar la calma. Son casi seis minutos de un Neil Halstead en una especie de elegía de lamentación de una relación fallida.





Para culminar este trayecto tan energético, y sobretodo sentimental, tenemos “Falling Ashes”, que es, como su nombre podría sugerir, una canción muy deprimente que nos recibe con un piano en loop por más de dos minutos. Después se escucha la voz de Neil con la de Rachel de fondo, simultáneamente el piano no se deja de escuchar. Es un cierre perfecto para un álbum de tan alta categoría y resonante calidad. Nos despiden con “Thinking About Love”, un tema repetitivo que nos dejan desconcertados, desarmados y pensativos.





Slowdive nos presentó un álbum que advierte que el shoegaze no ha muerto; que está en todos lados, en la montaña, en el mar, en las estrellas, en la marea que bajó o en el sintetizador. Estas ocho canciones son la biblia del subgénero; aunque es difícil definir el significado de este disco, algunas cosas no necesitan explicación porque sólo necesitan sentirse y ahí es cuando las palabras y las descripciones sobran. No lo han hecho fácil, lo hacen ver difícil porque crear música de este calibre nunca será asunto sencillo. La sugerencia es escucharlo con audífonos y dejar de buscar la respuesta.


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El texto anterior fue escrito por Adrián Espinosa.


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Se dice que el shoegaze es el género heredero del postrock y el punk. Si quieres conocer más de él, te compartimos esta lista de las 10 mejores bandas de shoegaze.



REFERENCIAS:
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