Música

Un disco en Vinyl es el mejor regalo que existe

Música Un disco en Vinyl es el mejor regalo que existe


Los abuelos tienen Vinyles, nuestros padres Cassettes y CDs; noso
tros  somos la generación del MP3, pero el objeto más representativo de la cultura pop creado en 1888 ha vuelto para coronar a “verdaderos fans” o para darle el título de hispters a quienes preferimos la fidelidad del LP.

Yo nunca fui a campamentos de verano. Si mis padres querían deshacerse de mí en las vacaciones sabían que bastaba con dejarme en casa de los abuelos. Los días allí eran como un sueño, pero indudablemente las tardes eran el mejor momento del día. A las seis en punto, la abuela servía té, leche y galletas, el abuelo sacaba un vinyl y lo ponía en el tocadiscos. Su elección era todo un misterio para mí, las ansias de escuchar algo nuevo cada día era mejor que abrir un regalo en navidad. La cantidad de LPs que tenían me tranquilizaba porque aseguraba mi vista durante muchos veranos. Michael Jackson y su Thriller habitaban ese enorme librero, David Bowie y Let’s Dance, Springsteen con Born to Run, los Stones con Sticky Fingers y otros tantos títulos más.

Regularmente me sentaba en medio de ellos, pero si el disco corría y prefería sentarme junto a la tornamesa era mi forma de decir que lo que escuchábamos era fenomenal. La primera vez que me senté junto al monstruoso reproductor la recuerdo perfecto: fue cuando el abuelo puso la aguja en Abbey Road. Los Beatles me gustaban, sí, pero cuando llegó el turno de “Something” no podía creer la armonía tan perfecta que de ahí se desprendía.

Mi padre era un melómano y él también me hizo descubrir grandes cosas. Estaba bien, aprendí mucho y me impresionaba la cantidad de discos que tenía; aunque para ser sincera, escuchar acetatos era mucho mejor, el sonido se notaba expandido, era más claro, definido, limpio, cada nota era fiel... el crujido que se escuchaba en el fondo me hacía sentir que con sólo cerrar los ojos estaba en el estudio donde el sueño de una banda se materializó y sentirme parte de eso no tenía precio, no importaba que el disco acumulara en edad muchas décadas.

Eran los 90 y tal parecía que el acetato estaba muerto. Técnicamente era así desde 1985, pues la practicidad de llevar un CD de un lado a otro funcionaba bien. Y ni qué decir de quitar el celofán y sacar el booklet para aprender todas las canciones y ver las fotografías consecuentes a la portada. Sí, acepto que era divertido.

Jamás he visto al CD como el malo del cuento, sólo como una solución a la evolución material, es obvio que a todos nos ha gustado que los tamaños se reduzcan para facilitarnos la vida y la movilidad. Pero seamos sinceros, escuchar tu canción favorita en MP3 es como comprimir todos los sonidos en algo que ya no podemos ver ni tocar. Los bajos no suenan igual, ni la batería, ni siquiera la voz; es como si cada elemento estuviera compitiendo por no ser expulsado de un elevador en el que ya no cabe nadie más. Entonces, si estamos en una época en la que la practicidad lo es todo ¿por qué los músicos lanzan sus materiales también en formato de 45 revoluciones como un incentivo para que el fan lo compre?, ¿Qué es lo que hace que ese enorme disco negro haya regresado cubierto por una estela mágica?

disco en Vinyl

El vinyl se ha convertido en una pieza romántica y las tornamesas en objetos que poseen aquellos entes que de verdad gozan de la música y quieren atesorar eso que su banda favorita les ha entregado. Supongo que es un bello acto hacia las futuras generaciones heredar esos objetos como algo invaluable. No creo que alguien esté haciendo una biblioteca virtual con la intención de dejarla a sus hijos, ellos seguramente verán al MP3 como algo obsoleto, tal vez habrá nuevos programas de reproducción y nuevos formatos aunque ahora la respuesta a que el fenómeno de comprar estas ediciones especiales en gran formato se debe a la necesidad estética y física que tiene cualquier ser humano, a la necesidad natural de materializar un recuerdo.

Neil Young ha complementado esta teoría explicando el por qué el LP con el paso del tiempo se ha confirmado como un gran invento musical y dice más o menos así: “Lo más importante reside en la naturaleza del sonido y sólo después, en la calidad del soporte. El sonido de un disco de vinilo es análogo desde la fuente hasta la salida. No experimenta cambios de onda, en cambio al convertirlo a digital para un CD, la información sonora al salir se debe convertir nuevamente en analógica y para ello ha se reducen las curvas originarias a un sistema binario (0,1) con lo que se pierden matices” Es bastante simple.

En pleno siglo XXI, vivimos en una especie de “Yo soy más fan que tú porque…” y vienen miles de razones: porque me sé toda la discografía de X banda, sé en dónde fue grabado el disco y quiénes lo produjeron, sé las historias alrededor de su creación, etc… pero sobre todo, se es “fan” porque se atesora un LP con B sides que pocos han escuchado. Entonces poseer un vinyl le da una estocada perfecta al “Yo sí soy fan de verdad”. En realidad nada de esto importa, el tenerlo o no es algo que no puede asegurar el fanatismo, lo único y más importante que confirma es que eres alguien que aprecia la música y que esa es tu forma de agradecer a la industria que te devuelva el placer de escuchar tu canción favorita e incluso tocarla y saber que en efecto, está ahí, en esos bordes que se sienten a lo largo de las líneas grabadas.

Mi colección personal es pequeña, pero cada que compro un LP la sensación de felicidad al poder tocarlo y olerlo es indescriptible. Cuando tuve Lodger de David Bowie, me volví a sentar junto a la tornamesa como cuando tenía 6 años, sólo que ya no uso vestidos floreados y calcetas con olanes. Ahora las canciones toman un significado más adulto, te dicen cosas diferentes…. cuando cerré los ojos parecía que David cantaba junto a mí, quería abrazar el tocadiscos como si lo abrazara a él, pero Bowie obviamente jamás aparecería.

Un disco en vinyl no es un regalo de millones de pesos (aunque no dudo que haya ediciones que tengan ese precio) pero justo ésos son los mejores que podamos recibir cuando se ama la música. Yo no obtendré como herencia casas, coches o  fortunas de dinero, pero saber que la colección discográfica de los abuelos será completamente mía, me conmueve hasta las lágrimas. El precio de la historia ahí conservada nunca podría ser valuada.

Fans, hispsters, románticos, coleccionistas o como les queremos llamar, nos hacen ver que la realidad sobre el consumo desde el 2005 de el artístico formato del LP ha incrementado su venta de forma exponencial, las tiendas que los venden aprovechan su momento de esplendor y aunque haya mejores tiempos por venir, la nostalgia se hará presente y podemos insertar aquí el lugar común de: Los clásicos nunca pasan de moda.

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